Una sugerencia a la empresa privada

Por Hermann W. Bruch

Escrito para Diario La Página, domingo 27 de febrero, 2011

En una democracia, el vaso comunicante entre el pueblo y sus gobernantes son supuestamente los partidos políticos. Esta comunicación se ha roto en la mayor parte del mundo democrático, pues los partidos políticos han sido secuestrados por los políticos. El camino para salir de este predicado es, para algunos, el alejarnos de la democracia, destruir los partidos políticos y confiar los destinos de los pueblos a iluminados caudillos, convertidos en semidioses, al estilo del mundo de la farándula.

Este camino solo puede conducirnos a un sistema peor del que queremos huir. Por lo tanto, la alternativa sería la de hacer lo que esté humanamente dentro de nuestras capacidades, para tratar de mejorar el sistema de partidos políticos y por ende, el vínculo entre éstos, el pueblo y los gobernantes. Esto mejoraría mucho el escenario de convivencia y gobernabilidad.

La gran pregunta es cómo lograrlo. He andado metido en esto desde hace algún tiempo y me he encontrado con detractores, y con simpatizantes, pero en todo caso con mucha apatía y desinterés. Sin embargo, estoy convencido de una cosa: la tecnología, el despertar de los jóvenes y el cansancio de la gente ante tanto abuso de parte de funcionarios corruptos, políticos sin escrúpulos y gobernantes incapaces y ególatras han contribuido a que estemos justo en el momento de poder cambiar el estado de las cosas.

Solo basta con observar lo que está sucediendo en otros lugares para entender esto. Y aquí en nuestro pequeño y empobrecido terruño parece que la gente está llegando al límite del cansancio. Lo que está sucediendo alrededor del tema del subsidio a los buseros, el peligroso desmontaje del subsidio al gas licuado, el despilfarro de los dineros del estado por parte de legisladores y funcionarios públicos, sumado al alto costo de la vida y la falta de empleos, está logrando que la gente pierda el miedo a expresarse y comience a exigir un cambio.

Las redes sociales están activándose de manera vertiginosa y se siente una efervescencia que no habíamos experimentado en mucho tiempo. Hay quienes creen que esto es peligroso, pero yo pienso que no. Creo que es bueno y que hay que estimular la participación ciudadana al máximo hasta lograr que los que tienen la sartén por el mango tomen conciencia y hagan un viraje de timón antes de que sea demasiado tarde.

Hemos sido testigos últimamente de una poco edificante confrontación entre la empresa privada (al menos de sus cúpulas) y el gobierno, alrededor del tema fiscal. Parece que es un tema que saca chispas por todos lados. Claro, toca los bolsillos de los que producen el dinero y de los que quieren caerle encima a ese dinero para emprender sus poco creativos programas de gobierno.

El problema se da en que no existe un acuerdo entre unos y otros. Los que producen riqueza argumentan que no tienen inconveniente en contribuir con una parte de esta riqueza, siempre y cuando sea bien utilizada por quienes gobiernan. Quieren ver austeridad y honradez en el uso de esos dineros o de lo contrario prefieren quedárselo para sí mismos. Suena todo muy lógico.

Creo que es el momento de proponer una idea que pudiera parecer radical, pero que si ponemos en práctica con mesura y con honestidad, tiene buenas perspectivas de éxito. Los empresario podrían declararse en huelga de pago de las imposiciones, específicamente el IVA, hasta que el gobierno y los diputados corrijan el rumbo. Habría un pequeño costo en esto pues eventualmente, habría que pagar una multa, pero esta sería llevadera considerando los beneficio s de llegar a un verdadero pacto fiscal y político, lo que podría ser el inicio del camino hacia un pacto social de mayores alcances.

Siento que vale la pena considerarlo. Ya hemos visto qué tan fácil es doblarle la mano al gobierno. Se la doblan los buseros, se la doblan los sindicatos, se la doblan los políticos. ¿será que falta probar la fuerza de la empresa privada, la productora de bienes y servicios, la verdadera motora de la economía, exigiendo con fuerza y con unidad que pare la fiesta y comencemos a hacer las cosas bien? ¿Por qué no probamos? No tenemos mucho que perder, pero sí mucho que ganar.

AHORA ES EL MOMENTO. Antes de la llegada del Presidente Obama. A lo mejor él toma nota de lo que somos capaces de hacer por nosotros mismos.

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