El poder, el contrapoder y el antipoder
Por Hermann W. Bruch

El poder tiene muchas formas de expresión siendo los más frecuentemente citados el político y el económico. Se habla de los tres poderes del estado y del cuarto poder que reside en los medios de comunicación. Un posible quinto poder estaría en manos de quienes también tienen capacidad de mover a las masas, disputándose el lugar las iglesias con los partidos políticos.

Lo anterior en nade debe sorprendernos pues ha sido y será siempre la manera en que las sociedades se expresan y mueven sus intereses. Pero lo que está sucediendo en muchas partes del mundo y en especial en nuestro país podría constituirse en un peligro inminente de desestabilización social y, esto en sí mismo debiera convertirse en prioridad de la ciudadanía además de las instituciones del Estado.

Las bandas delincuenciales, el crimen organizado y las asociaciones de buseros, actúan al margen de la ley poniendo en peligro la estabilidad institucional de nuestro país. Los dos primeros grupos actúan por naturaleza propia al margen del imperio de la ley. Pero los buseros, agremiados en algunas asociaciones que desafían la institucionalidad, es algo que merece toda nuestra atención.

No es concebible ni aceptable que, de manera sistemática, estas agrupaciones de individuos que dicen llamarse empresarios del transporte hagan caso omiso de la ley, de la normativa, del interés público al cual se deben y se conviertan factor de constante rompimiento del orden público. El que lo hagan no es lo que preocupa. El que el Estado y sus instituciones no tenga la capacidad de controlarlos sí es de suma preocupación.

El poder organizado en sus formas tradicionales no está siendo ejercido de manera adecuada y esto en sí mismo pudiera ser parte del problema. El poder económico simbióticamente asociado con el poder político, no están atendiendo las necesidades básicas de la sociedad. El uno trabaja para el otro ignorando cuanto pase alrededor. El primero se ha mimetizado con el Ejecutivo y el segundo en su formato Legislativo ha sido seducido por el primero. El poder judicial, se ha convertido en la vedette de intereses espurios y ha dejado de ejercer su función tradicional de velar por el mantenimiento de un estado de derecho. De hecho, se ha convertido en un poder sumiso, corrupto, entregado intereses oscuros. El poder económico de esa forma se convierte en un poder fáctico sin contraparte. Ese es el poder.

El contrapoder lo ejercen algunos organismos del estado que han venido manejando la cosa pública a su antojo. Tal es el caso del MOP, FOVIAL, ANDA y otros. Nadie puede negar que se estén haciendo obras. Nadie pone en duda la necesidad de dichas obras. Lo que sí se contrapone con la voluntad y necesidad de todo un pueblo es la forma como se ejecutan esas obras, pues no hemos podido dejar atrás la atávica herencia de los tiempos de gobiernos dictatoriales en que se hacían las cosas en total desprecio de la gente.

Veamos un par de casos. La carretera al puerto. Los trabajos que se están ejecutando son algo que venía haciendo falta desde hace mucho tiempo. Enhorabuena por ello, pero ¿sería mucho pedir que los ingenieros que dirigen las obras tengan un poquito de respeto por la vida de los demás? Los trabajos se hacen sin la debida señalización y, en un obvio desprecio por la seguridad de los automovilistas, un aparato moderno indicador de trabajos se usa para mostrar las siglas del MOP, en lugar de indicar que hay peligro en la vía.

Otro ejemplo, en la misma vía, se ha ampliado el tramo que va del empalme de la prolongación del Blvd. Orden de Malta hacia Merliot, pero de pronto, la vía se estrecha justo donde está la propiedad de una empresa de boquitas. Esperamos que no sea porque esta empresa pertenece a un alto funcionario de gobierno y directivo del partido oficial. Este tipo de cosas ya no debieran estar sucediendo en nuestro país.

El antipoder lo ejercen los buseros, como lo he descrito arriba. Estos individuos, agrupados en asociaciones o de manera individual, literalmente atropellan a la gente, abusan de su impunidad avalada por políticosbuseros atrincherados en la Asamblea Legislativa, desafían a la autoridad y al gobierno. Son una casta peor que la del crimen organizado pues estos últimos operan al margen de la ley, pero no son tan obvios en sus actividades delictivas.

Los delincuentes al volante de máquinas chatarra son matones que van por la calle causando dolor y pena a los salvadoreños y ahora se abrogan el derecho de cobrar lo que les viene en gana sin que el gobierno pueda hacer nada. Peor aún, lo que ha hecho el gobierno es caer presa del chantaje y meter la mano en el bolsillo de todos los salvadoreños para subsidiar a estos malhechores.

Ahora que tenemos CAFTA y que se nos viene encima una dura competencia comercial, estamos con las manos atadas, sometidos al abuso de poder de los que tienen el poder, los que ejercen el contrapoder y los delincuentes del antipoder. Bonito nos va a ir si las cosas no cambian pronto. La buena noticia es que nosotros los ciudadanos tenemos la fórmula para que las cosas cambien. Pero sólo si entendemos cómo ejercer el verdadero poder de todos los poderes: el poder del pueblo, el que manda la Constitución, el poder de hacer las cosas, de ejercer contraloría ciudadana y presión, de participar activamente en el ejercicio de la democracia. Si no lo hacemos, el CAFTA no habrá servido para nada.

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