Pesimismo, escepticismo o realidad
Por Hermann W. Bruch

Este día domingo 18 de septiembre se llevan a cabo elecciones en Alemania. El Parlamento fue disuelto en julio para convocar a elecciones anticipadas a raíz de la crisis política que sufre esa nación europea. Pero más que una crisis política, el país está sufriendo una crisis existencial de grandes proporciones que pocos saben entender y muchos tratan de justificar. El choque de la estadística contra la realidad se demuestra en este caso al igual que en muchos otros casos alrededor del mundo.

Los alemanes sufren de depresión y miedos. La búsqueda de explicaciones mantiene entretenidos a sociólogos, antropólogos y políticos, así como a observadores y curiosos. Los alemanes han estado sometidos a las manipulaciones publicitarias y propagandísticas de políticos cínicos y hábiles comunicadores desde hace mucho tiempo. La máxima expresión de esta manipulación se dio en tiempos de Hitler habiendo sido su principal asesor el nefastamente famoso publicista Goebels.

El pueblo alemán sufrió la desilusión de manera brutal. Luego de haber sido manipulados a creer que eran una raza superior y que su destino era el de dominar al mundo replicando una versión actualizada del imperio romano, fueron derrotados por segunda vez en la segunda guerra mundial en la que habían participado como protagonistas principales, debido a estas delirios de grandeza, producto de hábiles manipulaciones de masas perpetradas por expertos propagandistas y manejadores del discurso político.

Un pueblo grande, que ha legado grandes logros a la humanidad en casi todos los campos del conocimiento humano, cayó presa de los más burdos engaños. Esa es quizá la más grande lección que pudimos haber aprendido los pueblos del mundo. Sin embargo, los que le han sacado provecho no han sido los pueblos sino los oportunistas que perfeccionan las herramientas del engaño y la superchería. Los pueblos caen presa de estas mentes diabólicas por dos razones principales y paradójicas: la ignorancia de las mayorías y la arrogancia intelectual de la elite pensante y académica. Ignorancia, arrogancia y apatía son causa de la pobreza, el sufrimiento y hasta la muerte de millones de personas en el mundo.

Hoy en día los alemanes se contorsionan entre el pesimismo y la frustración. Su país es una potencia económica, al menos estadísticamente, pero ellos sufren de desesperanza. En contraste, los ingleses, igualmente atrapados en la encrucijada de un capitalismo que no responde a las expectativas del mundo occidental, están enfrentando su futuro con realismo y con determinación. Quieren arreglar sus cosas arremangándose la camisa y poniéndose a trabajar con austeridad evitando pasarle la factura a las futuras generaciones.

Al otro lado del Atlántico, el imperio más grande y fuerte de la historia de la humanidad está sufriendo también los estragos de líderes manipuladores, mentirosos y cínicos. Argumentan seguridad nacional y persiguen a terroristas por todo el mundo, mientras a sus costas llegan cada vez con más frecuencia, otro tipo de terroristas disfrazados de huracanes capaces de sembrar la destrucción y la muerte de manera mucho más demoledora que la que pudieran causar los denominados radicales y fanáticos fundamentalistas religiosos, enviñetados como terroristas.

Detrás de estos huracanes y catástrofes naturales está siempre la ineficiencia, la charlatanería y la soberbia de políticos inescrupulosos al servicio de una casta de perversos empresarios que buscan únicamente un desmedido y obsceno lucro personal, disfrazado de un falso emprendedorismo que opera como base estructural de un capitalismo que está dando muestras de caducidad y obsolescencia.

El fracaso de Bush es una muestra de ello. Fracaso en su moderna “cruzada” anti islámica, con un escondido objetivo económico de expropiación de recursos petroleros y la defensa del dólar. Fracaso en su capacidad de proteger vidas americanas ante los embates de la naturaleza. Fracaso en su gestión administrativa. Fracaso en su geopolítica americana. Fracaso en lograr una aprobación limpia y legitimadora del Tratado de Libre Comercio conocido como CAFTA (aún no se desata el oleaje político en torno a esa votación oscura y cuestionada que se llevó a cabo en el Congreso para su aprobación).

En nuestro país pareciera que hay aprendices de brujos. La manipulación descarada mediante el uso ilimitado de una campaña mediática ya está produciendo frutos devastadores. Por un lado el “führer” de la comunicación, Tony Saca, sale bien parado en las encuestas – al menos en las que hacen los grandes medios que están a su servicio – mientras la misma gente que dice estar encantada con sus dotes de comunicador, se quejan de la inseguridad física, de una economía estancada y de la falta de juridicidad. El capital productivo no llega nunca. Ni el de afuera ni el de adentro. ¿Quién va a invertir en un país con tanta inseguridad e inestabilidad?

Las gremiales empresariales serias están denunciando, aunque sea con lenguaje tibio, las debilidades estructurales de un sistema que no ha logrado dar los frutos que viene pregonando desde hace15 años. Mientras tanto, la complicidad de la izquierda se torna cada vez más odiosa y peligrosa pues se podría estar creando un ominoso caldo de cultivo a la violencia social desembocada. El control del orden se ha salido de las manos de las autoridades, sino veamos los casos de buseros mafiosos, vendedores de la calle anárquicos, alcaldías corruptas que están empeñando el futuro para saquear las arcas de sus pobres comunas, un sistema carcelario totalmente descalabrado, una corte suprema de justicia que no tiene ni autoridad moral ni jurídica, un sistema judicial en manos de jueces con títulos falsos, abogados corruptos y para colmo de males, un sistema religioso en manos de líderes acomodaticios o de pastores que engañan a sus feligreses y a las autoridades…

¿Tendremos posibilidades de salir de todo este embrollo? Haga cada quien su propio análisis y saque sus propias conclusiones. Mientras tanto, no nos queda otra que seguir intentando empujar la carreta sin caer en la trampa de la depresión, el pesimismo y la frustración de los alemanes. Dejemos las campañas de publicidad altisonantes en el cajón de lo inservible y pongamos a funcionar la institucionalidad en aras del progreso y el desarrollo.

Termino esta entrega poniendo en la agenda nacional y en el imaginario colectivo dos temas para análisis y discusión: 1.) ¿Podemos prescindir de la Fuerza Armada y reconvertirla en algo más útil y productivo? y 2.) ¿Podemos prescindir de los partidos políticos o reestructurar el sistema político para que funcione en beneficio de las mayorías? Son temas para próximos artículos de opinión.

You can leave a response, or trackback from your own site.