Partidos Políticos: ¿un mal necesario ?
Por Hermann W. Bruch

La tradición, la fuerza de la costumbre, la imitación o la simple apatía e ignorancia nos conducen casi siempre a adoptar sistemas que en nada o muy poco nos favorecen. Pienso que, además, existe un alto grado de negligencia y pereza mental. Pereza de pensar. Pereza de hacer bien las cosas.Nos hemos acostumbrado a tener algo sin pensar si ese algo nos causa bienestar o daño o simplemente no sirve para nada.

Nos hemos acostumbrado a buscar expertos que nos vengan a decir cómo hacer las cosas, lo cual en sí no tiene nada de malo. El problema es que, si no ponemos algo de nuestra parte, estamos dejando en manos de otros que nos digan qué hacer y cómo hacerlo y eso sí puede ser dañino o contraproducente.

Nuestro sistema político está haciendo agua desde hace mucho tiempo. Peor aún, está colapsado y es totalmente caduco. Nadie se atreve a meterle mano. Posiblemente nadie tiene la menor idea de qué hacer ni por dónde comenzar. Y esto nos lleva al inmovilismo. En mis años de experiencia en el campo de la dirección de empresas y de administración eficiente de recursos he aprendido que cuando algo no está funcionando lo que hay que hacer es provocar la crisis y comenzar de nuevo.

La crisis de nuestro sistema político está a la vista, pero no nos atrevemos a aceptarla. Tres décadas atrás, esta crisis nos llevó a una guerra, y al final, en lugar de reformar el sistema, lo que hicimos fue incorporar a los disidentes al sistema caduco e ineficiente que teníamos, haciéndolos cómplices del mismo y a usufructuar de la corrupción que éste encierra intrínsicamente. Allí tenemos los frutos: la derecha sigue manejando el país como si fuera una finca y la izquierda carece de ideas y se contenta con sacar raja política de su posición de opositora, frenando cualquier iniciativa del bando contrario.

Los partidos políticos salvadoreños no son nada diferentes de los partidos políticos de la mayoría de países latinoamericanos. Son todos hechos bajo el mismo patrón. Son resultados de una costumbre y una tradición que data desde la conquista. Falta de visión y ausencia total de voluntad de cambio. Como caldo de cultivo tenemos un conglomerado compuesto por personas que renunciamos a nuestro papel de ciudadanos fiscalizadores para convertirnos en una masa de oportunistas a la caza de los despojos que puedan caer de la mesa de los que ostentan el poder y de funcionarios obsequiosos dispuestos a vender su alma al diablo a cambio de prebendas.

No hemos hecho nada por fortalecer nuestras instituciones. Más bien hemos propiciado que las pocas que pudieran haber ejercido un papel facilitador de la función contralora del ciudadano, hayan sucumbido ante la tentación de someterse a la voluntad del poder para obtener las dádivas tan apetecibles que desde allí emanan. Esas instituciones, entre las cuales se encuentran la mayoría de los medios de comunicación y las mismas iglesias, se alejaron de la gente y se acercaron a las esferas del poder. Allí es dónde esta la grasita.

Otras instituciones del estado, cuyos fines han sido prostituidos con el devenir de los tiempos, han caído presa de los partidos políticos, llegando a ser, algunas de ellas, verdaderos cotos de caza como es el caso de la tan desprestigiada Corte de Cuentas en manos del Partido de Conciliación Nacional. Pero no es la única Corte que renunció a su independencia. Nuestro máximo Tribunal ha sucumbido a la vorágine politiquera de nuestro país y sus recientes actuaciones han venido “in crescendo” dando muestras de esa vergonzosa postración.

La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social, FUSADES, ha propiciado recientemente, encuentros para analizar esta situación, la cual ha sido señalada en el marco de extensos y muy serios estudios bajo su auspicio. Algo es algo. Son comienzos alentadores que van en la dirección correcta. Sin embargo, es triste ver el desprecio con el que dicho esfuerzo ha sido recibido de parte de autoridades de las instituciones señaladas, muy ostentosamente de parte del presidente de la Corte de Cuentas, un funcionario que no esconde sus lealtades hacia el partido al cual pertenece.

Poco podemos decir de otra de nuestras instituciones, la Fiscalía General de la República, la cual ha arrastrado los pies ante la posibilidad de demostrar su independencia y reaccionar a la demanda que un Magistrado de la Corte Suprema de Justicia le interpusiera recientemente ante el apabullante y vergonzoso fallo de 10 magistrados quienes quitaron facultades a la sección de Probidad, de investigar la dudosa procedencia de fondos de ex funcionarios del gobierno de Flores depositados en los bancos del sistema.

Por donde quiera que dirijamos la mirada, vemos ineficiencias y actos de obvia corrupción y un poco de análisis nos indica que todo está relacionado al corrupto sistema de partidos políticos que tenemos dentro de un obsoleto sistema político que a todas luces reclama una profunda revisión. ¿Seremos capaces de hacerlo o necesitamos que vengan mandatos del norte, dentro del marco del CAFTA, que nos impongan inútiles reformas cosméticas que solamente incrementarán nuestra dependencia y sumisión?

Próximamente analizaremos, tal como lo prometimos anteriormente, a nuestra institución armada para auscultar posibilidades de convertirla en algo más útil y productivo.

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