Vamos a sufrir
Una contribución de mi hijo Carlos H. Bruch

El TLC va a a hacer sucumbir a varias empresas e industrias salvadoreñas. Y lo más seguro que a otras del istmo también.No es una afirmación. Aunque asi suene. Es una premisa. Fuerte y algo fatalista si se quiere. Pero creo que asi va a ser.¿Por qué el augurio? Simple observación. Algo de sentido común y de revisión a nuestro falto de profesionalismo entorno comercial. No creo que alguien en su mediano estado de objetividad pueda imaginarse a nuestra insimpiente industria, por mencionar una, televisiva (sí, esa con tendencias monopólicas desde su nacimiento, la que arrebata en vez de competir, la que complota, en lugar de trascender) hechándose el pulso con su contraparte del imperio del norte. Un mounstruo en las comunicaciones!Basta con ver la producción de programas locales, dicho al paso, un programa para jóvenes que se llama algo asi de burdo como Qué Chivísimo! Que aparte de tener un nombre de inspiración volátil, apenas y logra darle a la juventud algo que le sirva o valga la pena para su desarrollo en un país democrático, en progreso y de oportunidades -¿algo asi es el estribillo arenero que le oimos a su director de juventudes, verdad?- Nada que amueble el cerebro, como dijo una periodista colombiana. O para seguir. Veamos los noticieros. Además de la chorreadera de sangre y el sensacionalismo mercantil y desbordado, con suerte tendremos y solo en algunos canales supervisados por profesionales extranjeros (y no me refiero a Castillo, director del canal 33 y asesor a sueldo de la CSJ) algo que nos haga querer informarnos por ratitos, en comparación con lo que las opciones de cable, vastas y extensas y bien realizadas, nos ofrecen. Y que son horas al hilo de información en todos los ámbitos del ser humano. Veamos un ratito los programas disque de debates. Más allá de un conversatorio de pensamiento auténtico y de libre expresión que produce Alfredo Mena Lagos y transmite el canal 21, el resto, o son por compadre hablado y hasta vendido (aquí el chileno del 33 se disputa el puesto con jorge Hernández, el aspirante a político, funcionario con antifaz del seudo organismo de inteligencia estatal y “amigo” de conveniencia de Saca y su séquito), o dependen directa y genuflexamente de la pauta que paga el anunciante más grande del espectro publicitario: el pueblo con sus impuestos cedidos involuntariamente al gobierno de turno.No creo que, por seguir con ejemplos así del día a día, la banca prepotente y con mentalidad de capatáz de finca, pueda ponerse a la par de aquellos de allá del norte que no descansan hasta tener claro, comprobado y verificado que el cliente está satisfecho. 100% satisfecho. Porque sino, y lo saben muy bien y le temen, el cliente se cambia al banco de la esquina. O al de la otra. O al que está a tres cuadras, porque hay uno de diferente marca en cada una. Hagan la prueba. Si viajan fuera de El Sangrador (perdón por lo literal, pero las cosas por su nombre) y van a un cajero automático, seguro lograrán lo que quieren: sacar efectivo. En cinco minutos. Y seguramente lo consigan cada vez que asi lo deseen. No importando que el banco emisor de la tarjetita sea de aquí o de otro país. En cuestión de segundos el desarrollo de las telecomunicaciones permite que el cajero automático de Bangladesh se conecte con la empresa emisora en Hawaii y asi me entregue mis $20. Ahora regresemos al país de la sonrisa (bueno, solo según el logotipo de un banco) vayan al cajero del Banco Credomátic que está, por poner un ejemplo real, en la gasolinera frente a Galerías, traten de sacar dinero y, luego de cuatro intentos ahi, tres en la siguiente gasolinera y cinco más en el cajero de alguno de los centro comerciales a la redonda y verán, en reiteradas ocasiones, que la sonrisita más pareciera burlarse del desesperado y sudado tarjetahabiente y además insinuarle un “te jodiste, no vas a sacar ni un peso por hoy”. Y luego –por seguir de insistente, o golillero, como me dice más de algún advenedizo del poder- tras la queja con cualquiera de los sonrientes empleados que en la mayoría de las veces tienen su pensamiento más puesto en el cevichito del Mercadito de Merliot, que en el molestoso cliente que solo son ganas de joder, no tiene más y mejor frase cliché a flor de labio que la típica “fijese que es el sistema el que está fallando”. Y hasta ahí llegó el reclamo. Claro, qué tarado soy, si los sistemas mandan. Tal parece que hasta gobiernan, porque asi llevamos ya cuatro sistemitas de esos que usurpan dineros estatales, compran funcionarios sin empacho, crean caos en la economía y producen más muertes violentas que la guerra…. Y no hay técnico capáz de arreglarlos. Nuestro mercado libre funciona a medias. Los clientes son más vistos como un objetivo a doblegar que una meta a alcanzar. Al menos, eso deduje cuando el señor director de servicio al cliente del mismo banco sonriente, ante mi reclamo, me dijera que “a fin de cuentas, ellos tienen más de ochocientas mil cuentas”. Es decir, una más, una menos por un cliente que fue mal atendido –la costumbre- les viene molestando menos que la mota del ombligo. Bueno, no se espera más de instituciones que se sienten más poderosas que los mismo poderes estatles…con mujchos de funcionarios bajo su mando. Podría seguir mencionando ejemplos. En el de TACA, predomina el dicho: ”si le gusta bueno y si no también”, ya que las torcidas leyes juegan a favor de la empresa y no del consumidor. Otra vez, la democracia manoseada por quien paga más.Como vemos y por quedarnos en simples cotidianidades, el TLC más debería llevar por nombre el TVS…Todos vamos a sufrir.

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