El pueblo espera

¿Y la democracia, qué?

Por Hermann W. Bruch

El Presidente de EE.UU., Barak Obama de visita en nuestro país, por unas cuantas horas, está provocando cambios de apariencia muy interesantes, aunque dudo que éstos tengan mayor relevancia y trascendencia que la que exige el protocolo. Lástima, pues podría ser un excelente oportunidad para romper el círculo vicioso que nos tiene hundidos en la más horrenda crisis de nuestra historia: crimen, corrupción, ausencia de institucionalidad, pobreza (tanto económica como de espíritu), apatía ciudadana, total irrespeto a la ley desde arriba hasta abajo, desesperanza, pesimismo, falta de confianza, inseguridad tanto física como jurídica, en fin, caos social.

 

Mr. Obama y su séquito vienen representando al país que aún ostenta el título de “mayor potencia económica, tecnológica, militar y comercial del mundo”, pero en un estado de decadencia indetenible. Al mismo tiempo, ese país y el resto de países ricos, están enfrentados a una de las crisis más serias de los últimos tiempos de la historia del mundo. Hay inestabilidad en el medio oriente y esto pone en peligro la estabilidad del mundo occidental, como lo entendemos geopolíticamente. Hay inestabilidad en el mundo árabe. La amenaza islámica está creciendo a pasos agigantados. El gran tigre asiático, China, se despierta y crece desaforadamente poniendo en jaque los abastecimientos estratégicos mundiales: alimenticios, petroleros y metalúrgicos. Y como si todo esto fuera poco, Japón sufre los efectos de una catástrofe inédita en su historia, con repercusiones imprevistas y dejando evidencia de sus vulnerabilidades.

 

Mientras tanto, los partidos políticos han dejado en claro que defenderán la “partidocracia” a toda costa. El presidente Funes, aun cuando en su discurso aparenta tender puentes hacia la empresa privada, no está dispuesto a poner su pellejo en peligro desafiando a la partidocracia. La gente está poniéndose inquieta, al menos eso parece observarse en las redes sociales, aunque no sabemos qué tanta fuerza tengan éstas o qué tan harta esté le gente como para movilizarse. Los políticos la apuestan a que aún tienen la sartén por el mango y son dueños del mango también. No sabemos por cuánto tiempo, pero mientras tanto, el circo será lo que mantenga en suspenso la respuesta a estas interrogantes. El circo de la llegada del presidente Obama y todo lo que esto trae consigo: un centro capitalino ordenado a la carrera y a la fuerza. Asueto para que no haya evidencia del caos vehicular que este “ordenamiento” ha causado. Las calles estarán bien pintaditas en la ruta por donde circulará Obama y su séquito. La farsa está bien montada. Y los empresarios esperan bien portaditos a que les incluyan en el programa para poder presentar sus lamentaciones ante el gran jefe del norte.

 

Mientras tanto, la democracia salvadoreña espera a que llegue su turno, si es que alguna vez llegará. Lo que tenemos después del gran engaño del acuerdo de paz es un remedo asqueroso que tiene el cascarón bien pintado y el interior podrido.

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