¿Me estaré haciendo comunista?
Por Hermann W. Bruch

Haciendo un rápido repaso de nuestra historia reciente, muchos salvadoreños fuimos expuestos a la idea de que la ofensiva guerrillera que nos puso en guerra por más de 10 años tenía una inspiración comunista. Que si stalinistas, leninistas, marxistas, o maoistas, la viñeta común era comunistas.

Dentro de este contexto podemos colocar a varios visibles comandantes de la guerrilla entre los que destacaron prominentemente Schafick Handal y Joaquín Villalobos. El primero, el tiempo, sus férreas convicciones y los años lo han convertido en un jurásico líder de una izquierda nostálgica y totalmente desfasada en el tiempo y en las ideas. Para colmo, esa izquierda se ha ido desmoronando precisamente por la intransigencia y desubicación de su máximo líder.

El segundo comandante, Joaquín Villalobos, posiblemente el más influyente estratega militar y seguramente el más inteligente ideólogo del movimiento insurgente, fue el primero en dar la cara por sus errores, confesar su participación en crímenes de guerra y luego el primero en dar el paso para desmarcarse de las intransigentes posiciones de Schafick y sus trasnochados seguidores. Esto rápidamente le significó a Joaquín su muerte política dentro del FMLN y más tarde dentro del bloque de la izquierda renuente a molestar al patriarca barbudo.

Así las cosas, el primero que nos ofrece un libro en el que podemos atisbar en las interioridades del otrora líder militar de la guerrilla, se convierte en un cuestionable aliado parlamentario de la derecha en el famoso pacto de San Andrés y es considerado un traidor por la casi totalidad de sus ex compañeros, excepto un puñado de colegas leales a su posición socialdemócrata, quienes conforman el extinto Partido Demócrata.

Joaquín acepta la invitación y la oportunidad de ampliar sus conocimientos académicos y se va a estudiar a Inglaterra, a la famosa universidad de Oxford, en donde se destaca como un buen estudiante, inteligente, aplicado, serio y con experiencia político-estratégica de pura cepa. Dirigir, desde su temprana edad de estudiante de colegio, luego universitario y más adelante en la montaña, todo un proceso de cambio estructural en su tierra natal, impactando de manera contundente en las esferas del poder y en la mente de miles de salvadoreños, es una trayectoria en su hoja de vida que lo acredita a participar en las más altas esferas de la influencia ideológica y política del mundo occidental.

Esa acreditación le ha valido ganarse un alto puesto en la academia de la prestigiosa Universidad inglesa, así como a convertirse en un asesor de gobiernos, muy notoriamente el de Colombia. Y recientemente a incorporarse a la plana editorial de nuestro influyente matutino de derecha, El Diario de Hoy. Leer a Joaquín Villalobos, con cierta periodicidad, pero sin convertirse en un empalagoso todólogo, es una delicia que no podemos darnos el lujo de perdernos, si queremos poner a funcionar nuestra capacidad de análisis y de cuestionamiento. Joaquín Villalobos, no nos equivoquemos, es un hombre de izquierda y no es un acomodaticio chupamedias como algunos otros desertores de las filas izquierdistas. El que sus columnas aparezcan en las páginas de El Diario de Hoy, no debe hacernos caer en el simplista pecado de pensar que Joaquín se ha derechizado. De lo único que se le podría acusar es que se ha “deshafickizado”.

Siendo este el caso, podríamos decir, a la usanza salvadoreña, que Joaquín es un comunista y esto me coloca a mi y a muchos en la difícil situación de sospechar que quizá me estaré haciendo comunista, acusación que ya he sufrido con anterioridad. Pues debo confesar que muy raras veces he estado en desacuerdo con los planteamientos de Joaquín, al menos con los que él ha publicado en las columnas que gentilmente nos permite leer El Diario de Hoy. Sus dos últimas entregas debieran ponernos a pensar y reflexionar a quienes queremos a nuestro país y estamos asustados por lo que está pasando. Que lo diga Joaquín, un analista peso pesado de Oxford, asesor de gobiernos amigos de Bush, es mucho más impactante que si lo decimos unos cuantos gatos criticones de nuestro país.

Bienvenido de nuevo, Joaquín Villalobos, a la política de El Salvador. Tus ideas son mucho más influyentes que lo fueron tus balas y bombas, aunque sin aquellas quizá no hubiésemos llegado al punto en que hoy, ya podemos leerlas en el periódico paladín de la derecha de nuestro país. Ese poquito de democracia al menos hemos ganado.
Links a dos últimos artículos de Joaquín Villalobos
http://www.elsalvador.com/noticias/2005/08/17/editorial/edi4.asp
http://www.elsalvador.com/noticias/2005/07/20/editorial/edi4.asp

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