¿El vaso medio lleno o medio vacío?

Cuando las cosas se miran des de lajos se pierde la visión clara

 

Un a de las cosas buenas de las redes sociales es que uno logra tener una comunicación frecuente, aunque raras veces de calidad, con muchas personas, cosa que antes era imposible. Esto nos permite recibir retro-alimentación que a su vez nos ayude a entender por dónde es que falla la comunicación entre las personas.

 

Esto está sucediendo actualmente entre quienes utilizamos el Internet con algunas de sus herramientas para ejercer nuestro derecho expresar libremente nuestra inconformidad con nuestros gobernantes y funcionarios públicos, pero lastimosamente nos darnos cuenta de que quienes viven afuera nos tildan de apocalípticos, criticones, que no vemos los “avances” y el lado positivo de las cosas, etc. Somos los que vemos el vaso medio vacío en lugar de verlo medio lleno.

 

La crítica nos viene de quienes hace algún tiempo decidieron irse del país por la falta de seguridad, y de oportunidades, la incomprensión, la persecución política, etc. Muchas razones, todas ellas válidas y entendibles. Eso es lo que hace menos aceptable que ahora, en la comodidad que les proporciona su “nuevo entorno”, nuestra lucha sea vista con desprecio, con desdén, con molestia. ¿Será que la explicación es que “la paja en ojo ajeno es inaceptable mientras la viga en el ojo propio pasa inadvertida?

 

Lo diré con la misma convicción, vehemencia y fuerza con la acostumbro a decir lo que pienso: nuestro país solo ha experimentado un cambio de personas en el gobierno, de partido que dice ser de gobierno, y por ende, del estilo en que se sigue engañando al pueblo, robándole al erario público, propiciando el espacio y oportunidad para que entren nuevos corruptos a participar de la “fiesta”, produciendo “nuevos ricos” aunque no necesariamente nuevos emprendedores, en fin, más de o mismo, mientras el país retrocede inexorablemente y peligrosamente hacia niveles de inviabilidad que podrían ser irreversibles.

 

La visita de Obama nos dejó la radiografía bien clara de esto. Todo el mundo, la derecha, la izquierda, los vivos y los tontos, esperaban que el “hombre” viniera cargado de regalos, de dólares, anuncios de prebendas, TPS permanente, etc. Casi nadie leyó ni entendió los mensajes que precedieron y los que se dieron durante su visita:

El Salvador es un país que no logra “despegar” y vamos a experimentar, junto a otros 3 países fallidos en el mundo (uno de ellos africano y dos asiáticos) un nuevo modelo de “partnership”. O sea, nos convertimos en “conejillos de indias” (guinea pigs)

No vamos a regalar sino a sembrar para que ustedes (los salvadoreños) aprendan a cultivar, producir y cosechar

Los EE. UU somos un país de leyes y por lo tanto no esperen que vamos a romper ninguna ley para darle “estatus migratorio” permanente a nadie

El problema del narcotráfico es tanto problema de ustedes como nuestro, por lo tanto, aquí van unos cuantos dólares, pero ustedes carguen con el resto del costo y pongan el trabajo y las vidas humanas en esta lucha, para que nuestros ciudadanos (gringos) puedan seguir gozando del “bienestar aparente” que produce el consumo de las drogas.

Latinoamérica ya dejó de ser el traspatio de los EE. UU. para convertirse en un socio comercial, pero no se les olvide que la balanza debe ser favorable a los EE.UU. de lo contrario tendremos que aplicar sanciones. Y por ningún motivo se les ocurra acercarse a Venezuela o Cuba.

Olvídense de inversión extranjera mientras no pongan en orden la casa – léase, mejorar la institucionalidad en todos los ámbitos, comenzando por el electoral.

 

Por supuesto que estos mensajes no fueron bien recibidos, ni por analistas ni por los empresarios ni por los eternos limosneros aprovechados. Todo el mundo esperaba la canasta llena de dólares y ya se hacían las cuentas alegres.

 

Ahora, tenemos que ponernos a trabajar seriamente y con una mejor “hoja de viaje” para recuperar el terreno que hemos perdido en veintidós años de un modelo sustentado el la corrupción y en el mercantilismo.

 

Llegó la hora de poner en marcha un proyecto que incluya al ciudadano – no en “slogans” sino con acciones reales, que abra los espacios a la libre competencia, que se aleje de las prácticas monopólicas, que proteja al consumidor de los abusos de los malos empresarios, que fomente, proteja y apoye agresivamente a las pequeñas empresas, elimine el proteccionismo del que gozan las medicinas y los insumos agrícolas, en fin, un gobierno para y por el pueblo. Un gobierno que ponga a llenar el vaso para las mayorías y no solo para los grupos de presión.

 

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