LAS MALAS DECISIONES

Las malas decisiones: ¿de la Asamblea o de la ciudadanía?

Por Hermann W. Bruch

Escrito para Diario Digital La Página, 3.4.11

Un poco de historia

La historia nos enseña, de manera inexorable que el destino (y desgracia) de los pueblos está íntimamente vinculado a uno o varios de los siguientes ingredientes: tradición, cultura, educación, religión, genética, el clima, todos ellos combinados de manera inexplicable, pero claramente determinada mediante la observación acuciosa.

 

Nuestra propia historia nos podría ilustrar muchas cosas si ésta fuera conocida más ampliamente y sin distorsiones, cosa que es casi imposible, dado que la historia siempre se escribe de manera sesgada. Sin embargo y, a medida de que los medios de intercomunicación social – entiéndase por esto la revolución informática, las redes sociales, el internet – nos están permitiendo mantenernos comunicados de manera libre y espontánea, ahora es posible saber algunas cosas que antes estaban vedadas para los ciudadanos de la llanura. Eran conocimiento exclusivo de los “illuminati” y de esta manera podían ejercer el poder de control sobre las masas.

 

Hoy en día, este control ya no requiere de tener el poder político o el mediático pues éstos, de alguna manera, se han independizado. El poder político porque en el camino ha encontrado la forma de obtener una cierta autonomía que antes no tenían. Y los medios tradicionales porque ya dejaron de tener la incidencia de la que antes gozaban. Ahora los ciudadanos del mundo tienen más autonomía. La revolución se ha dado sin que los seudo poderes fácticos se dieran cuenta o pudieran hacer algo por detenerla. Pero los verdaderos poderes fácticos, los que controlan el dinero, lo que se conoce por el nombre de plutocracia (gobierno de los ricos según la Real Academia) han estado no solo por encima de esta revolución sino que dirigiéndola y manipulándola. Todo esto es a nivel mundial.

 

Lo nefasto de todo esto es que a medida que avanza el mundo en tecnología, en ciencia, en desarrollo, estamos todos cayendo en la trampa de quienes siempre nos han querido controlar. Todo lo cual podría interpretarse como “una cierta alucinación planetaria”.

 

En El Salvador no podemos estar fuera del contexto mundial, excepto porque nuestro sistema es tremendamente desfasado y anacrónico. No encajamos en el entorno mundial. No pertenecemos ni siquiera al último quintil de naciones con cierto grado de desarrollo, excepto por aquellos índices que de alguna manera u otra son manipulados por los organismos multinacionales.

 

¿A qué viene todo este preámbulo?

En El Salvador hemos estado experimentando momentos de cansancio del pueblo que está desencantado de sus instituciones las que a su vez están respondiendo cada vez más descaradamente a intereses espurios y totalmente desfigurados de la conciencia ciudadana. Esto seguramente ha sido tipificado en la historia con algún nombre el cual desconozco, pero a mi mente se me viene uno solo y quizá muy autóctono: DESENCHUFE. En nuestro país El Salvador, situado en el corazón del continente americano, hay un desencuentro total entre ciudadanos y sus instituciones. Esto en el lenguaje tradicional se llamas CAOS y en el político, ANARQUÍA.

Toda mi vida me he considerado un anarquista. Desde que tengo recuerdo mi posición ha sido cuestionadora del sistema, siendo que se me ha hecho difícil aceptar el “statu quo”, o sea el poder en manos de algunos iluminados. Esto me lo he explicado a mí mismo como el resultado de no querer aceptar el poder que la democracia la confiere a un electorado carente de educación y por ende sujeto de manipulación. Pero debo confesar que he sido obediente al sistema que se me ha impuesto y he tratado de contribuir a mejorarlo, de la manera que ha estado a mi alcance. Si vamos a vivir en democracia, que ésta sea verdadera.

 

Mis argumentos han sido siempre conducentes a denunciar el desencuentro entre el pueblo y los gobernantes, pasando por la mala y deformada legislación electoral. Lo más reprochable de todo esto no es el que un sector privilegiado de poder se quiera aprovechar de la ingenuidad e ignorancia (que a veces es lo mismo) ciudadana sin que la gente supuestamente pensante, la “intelligentsia” de nuestro país, los supuestos intelectuales, los que detentan grado académico, se hayan desmarcado de todo este atropello. Esta ha sido una confabulación anunciada y ahora no podemos venir a rasgarnos las vestiduras.

 

Ahora es bien común ver a muchos “analistas” hablar abiertamente y de manera aparentemente “valiente” acerca de lo que anda mal, pero, debo decir, consciente de que me van a caer las mil maldiciones, que la gran mayoría de estas denuncias huelen a podrido, como en su tiempo lo denunciara Shakespeare en su tragedia Hamlet (“Something is rotten in the state of Denmark”).

 

En su momento nunca se oyeron tantas “valientes” denuncias como ahora. ¿sería porque al gobierno de Arena había que tratarlo con guantes de seda para evitar que se empoderara el partido de la izquierda, el FMLN? ¿Será que ahora todas estas “valientes” denuncias tienen una inspiración político-partidaria en lugar de perseguir el bien de las mayorías? Huele todo esto a plutocracia?

 

Los pleitos entre la Asamblea, la Sala de lo Constitucional de la CSJ (los 4 Magníficos), el Veto presidencial del funesto decreto 635, el sisma dentro de la CSJ, la ineficiencia sospechosa de la Fiscalía, los unos contra los otros, en fin LA ANARQUÍA INSTITUCIONAL en le que nos encontramos, no dejan espacio para ser optimistas.

 

Comentando todo esto en un encuentro fugaz con mi amigo Paolo Luers el día de ayer, me expuse a que me dijera que era muy peligroso lo que yo estaba planteando. Le respondí que peligroso en extremo era lo que estaba sucediendo y que yo creía que lo único que hace falta es la acción del pueblo, la participación ciudadana. Y él me respondió que el peligro de todo esto es que lo que puede venir sea peor que lo que hay.

 

Me he quedado reflexionando sobre esto toda la noche y todo el día y, después de consultar la historia, he llegado a la conclusión de que nunca es peor lo que pueda venir cuando le gente despierta y se hace cargo de su destino, que lo que tenemos cuando nuestro destino está en manos de pícaros y corruptos en todos los estratos de nuestra vida institucional: gobierno, partidos políticos, iglesias, empresa privada, instituciones financieras, comercio, industria, universidades, municipalidades, instituciones del estado, en fin todo aquello que constituye nuestro andamiaje social.

 

A lo mejor lo que estoy predicando sea revolucionario y a lo mejor mis detractores (que cada día son más) van a acusarme de antisistema, anarquista, revolucionario, comunista, o a saber qué otros epítetos, todo lo cual me tiene sin cuidado. Insisto que nada de lo que puede resultar de una participación ciudadana puede ser peor que lo que tenemos. A lo mejor no será bueno para quienes lo tienen todo arreglado en la vida. A lo mejor no será bueno para los que ostentan el poder. A lo mejor estoy proponiendo que el poder le sea dado al pueblo como lo manda la Constitución.

 

No me importa lo que quieran pensar Lo que estoy proponiendo es una verdadera “auditoría ciudadana” una verdadera contraloría ejercida por la gente, por el pueblo, abiertamente, sin temor a represalias, con el derecho que le confiere la Constitución. Si eso no es democracia, ¡que alguien se pare y me diga qué lo es!

 

 

 

 

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