El PCN y el PDC, reseñas

¿Desaparecerán o simplemente mutarán?: dos historias

Por  Hermann W. Bruch

Los partidos políticos y la clase política nunca han sido santos de mi devoción. De hecho, he sido casi siempre grosero irrespetuoso al referirme a ellos. Por ello no voy a ocultar que la noticia de la resolución de la Sala de lo Constitucional de la CSJ me ha causado una gran felicidad, no por mi sino por mi país. Una cosa es meterse con los partidos políticos y otra, meterse en política. La primera es peligroso pues es territorio minado. La segunda, altamente recomendable para la salud de una sociedad, enferma como está la nuestra.

Habiendo dicho esto, creo necesario, por respeto a los jóvenes que están demostrando cierto interés por lo que pasa en la política de nuestro país, creo un deber contar un poco acerca de estos dos partidos y de dónde vienen.

Estamos frente a dos partidos con gran capacidad de recomponerse frente a la adversidad. Ambos han sufrido mutaciones impredecibles luego de haber casi desaparecido del espectro político nacional. El PCN tiene sus orígenes en los años 50, conocido en aquella época como Partido Revolucionario de Unificación Democrática – PRUD. La mutación se dio luego de un golpe de estado contra un presidente que no se sometió a la voluntad de la casta militar en 1960, José María Lemus. De ahí se convierte en el PCN con fuerte auspicio de la logia masónica criolla, siempre bajo la administración militar.

En 1979, otro golpe de estado deja al PCN casi en las ruinas, pero sus auspiciadores civiles siguen empecinados en mantenerlo con vida para no perder un valioso cuidador de sus intereses en el recinto legislativo. Lo demás es historia reciente y conocida por todos.

El PDC nace en los años 60 altamente inspirado en la Democracia Cristiana europea y bajo los auspicios de la Iglesia católica salvadoreña, parapetada en agrupaciones estudiantiles como la ACUS y con el creciente apoyo de una población cansada de la sempiterna presencia militar en el gobierno. En esos tiempos un presidente demócrata habita la Casa Blanca – John F. Kennedy – y lanza su agresiva y creativa campaña conocida como Alianza para el Progreso, diseñada para una Latinoamérica envuelta en resentimientos anti imperialistas y sometidos a una política económica transformadora basada en la sustitución de las importaciones, esfuerzo que en Centroamérica se convierte en ideario del Mercado Común Centroamericano.

El PDC y sus postulados políticos, económicos y sociales altamente inspirados en las encíclicas revolucionarias del Papa Juan XXIII emanadas del Concilio Vaticano II cautivan a grandes ingentes de la población, no sólo en nuestro país sino en varios del continente americano, y sus seguidores crecen de tal forma que s e convierte en una amenaza al “statu quo”, lo que los convierte en una especie de “personna non grata” con la oligarquía y sus cancerberos, los millares salvadoreños, lo cual es convenientemente aprovechado electoralmente por el PCN, su rival natural. Una amañada elección, en 1972, les arrebata el poder legítimamente ganado en las urnas, en coalición con otros partidos de izquierda, conocida como UNO, y esto provoca el comienzo de los desacuerdos sociales que desembocaron en nuestra guerra fratricida.

Con el paso del tiempo, rompiendo con todos los cánones de la decencia – la política no es decente sino pragmática – el líder del PDC, el Ing. Napoleón Duarte hace un pacto con los militares que lo habían maltratado, golpeado y humillado, y llega a tomar un puesto en una Junta de Gobierno cuestionada. La guerra ya había comenzado. Más tarde, en comicios amañados y con la intervención de los americanos, Duarte “gana” las elecciones y el PDC llega al poder. Y ahí comienza el descalabro, pues no fue una conquista real sino apadrinada, no tenia la venia del capital ni del Diario de Hoy, no estaban preparados para gobernar (más bien se aprovecharon para malversar los artificios del poder) y un periodo más tarde fueron castigados por el pueblo.

El PDC se desmorona y eventualmente es secuestrado por Parker bajo el auspicio y beneplácito del Ingeniero Altamirano, el mayor detractor que jamás haya tenido dicho partido. Cosas veredes amigo Sancho.

El PCN en todos estos años comienza a entender su verdadero rol como “corredor político” (political broker) y se acomoda como fiel de la balanza entre ARENA y el FMLN, usando muy bien el argumento del “petate del muerto” para venderle sus votos a ARENA. Cuando se perfila el debilitamiento y debacle de ARENA, el PCN logra congraciarse con los del Frente, y es el PDC de Parker el que logra la “buena voluntad” de ARENA. Por supuesto que estas son posturas flexibles, que se adaptan a las circunstancias y a las “necesidades” políticas de los grandes partidos.

Ambos fueron castigados en las elecciones del 2004 cuando ninguno alcanza el mínimo que la ley exige para permanecer como partido político y es entonces que las habilidades “jurídicas y negociadoras” de Rodolfo Parker y de Ciro Cruz Cepeda lograron que le Sala de lo Constitucional de ese entonces, presidida por el “honorable” Agustín García Calderón acogió un amparo que fue la tabla de salvación de esos malos partidos. Esta sala, la de los 4 Valientes Magistrados, lo que ha hecho es corregir esa plancha.

30 de abril, 2011

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