¿Cambio de sistema?

Cambio de sistema político, revolución, anarquía, dictadura o democracia de verdad: ¿a qué le apostamos?

Por Hermann W. Bruch

He estado viendo y escuchando a casi todos las analistas políticos y economistas que de una forma u otra han expresado sus opiniones, teorías, hipótesis y en algunos casos, sendas ofrendas filosóficas, todas ellas muy interesantes, aunque ninguna, hasta el momento nos haya ofrecido una solución. Ni siquiera este servidor ha tenido la iluminación suficiente como para hacer propuestas que nos sirvan para salir del atolladero en el que estamos sumidos. ¿Es que se nos han acabado las ideas? Parece que sí, pero vale la pena seguir intentándolo.

 

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que nos hace falta fortalecer la institucionalidad, pero nadie nos dice cómo. He escuchado opiniones de que las instituciones son personas y que lo que falta son personas honestas. Alguien ha dicho que el sistema es malo y arruina a las personas por lo que hay que cambiar el sistema. He escuchado voces que abogan por un autoritarismo, capaz de poner orden. En fin, los análisis son variados y podría decir que en cierta medida, todos son acertados, dependiendo del problema que se esté analizando.

 

Pero ya basta de análisis. El pueblo quiere acción, quiere resultados, quiere cambio. Un cambio en la forma de hacer las cosas. Quiere decencia y respeto. Quiere trabajo o al menos oportunidades. Quiere probidad en el manejo de la cosa pública. El problema de El Salvador no lo va a resolver ni el gobierno, ni la oposición (¿?), ni los analistas, ni los economistas (estos con parte del problema), ni los curas y pastores (otra parte del problema). El problema lo tenemos que enfrentar todos y resolverlo entre todos. Es un problema de nación.

 

Una visión

Para comenzar, es necesario que tengamos una visión compartida, una que todos sintamos que es nuestra, no la visión de algún “iluminado” charlatán, gurú importado. Trabajar en encontrar esa visión es tarea conjunta en la que debemos y podemos participar todos. Algo ya ha sido hecho antes y quizá solo basta con validarlo. Hay que desempolvar el Plan de Nación, pues ese fue trabajo en el que participó el pueblo, aunque esto no le guste a mucha gente.

 

Si tenemos una visión y la hacemos nuestra – y aquí si cabe el trabajo de la publicidad motivacional – tenemos un punto de partida importante.

 

Una estrategia

Como en todo en la vida, estas cosas no se dejan al azar. Hay que trabajarlas, discutirlas, priorizarlas. Hay que encontrar y separar lo urgente de lo importante. Hay que trabajar en ambos, pero sin confundirlos.

 

[Aquí deseo hacer un paréntesis necesario. Tenemos que aceptar que ya no somos país sujetos de calificación crediticia y por lo tanto tenemos que pedir moratoria y condonación. Hay que reestructurar nuestra deuda y reducirla a niveles que no nos significa un lastre para nuestro crecimiento.

Por supuesto que esto debe ir acompañado de un estricto y bien estructurado plan de modernización del estado que incluya probidad, transparencia, buena gestión administrativa, control de la evasión y elusión de impuestos, reducción de la corrupción en las licitaciones, disminución del mercantilismo que nos asfixia, puesta en marcha de una verdadera meritocracia (eliminar los compadrazgos y los amiguismos y por supuesto, el nepotismo), en fin, las recetas son conocidas. Todo esto bajo un estricto sistema de contraloría]. Lo anterior es importante y urgente por igual.

 

Un plan estratégico debe incluir un estudio exhaustivo de nuestra institucionalidad en los principales ámbitos que constituyen el sistema neurálgico que regula las interacciones de una sociedad: justicia, seguridad pública, seguridad jurídica, contraloría (sustituir corte de cuentas), salud, educación siglo XXI, capacitación técnica y tecnológica, seguridad alimentaria, en fin, una institucionalidad centrada en el ser humano y no necesariamente en factores economicistas.

 

Un Plan de Acción, viable y coherente

El presupuesto de la Nación debe contener de manera balanceada, y debidamente auditada, la construcción de infraestructura de conectividad, en todos sus aspectos, hacia adentro y hacia afuera. Las licitaciones deberían ser auditadas por organismos imparciales. Inversión en el área social, con énfasis en capacitación en nuevas competencias, agricultura moderna, hospitales, escuelas con tecnología de punta (y su debida vigilancia, seguridad y mantenimiento), institutos técnicos y tecnológicos en sintonía con las necesidades del mercado, una renovada y moderna Escuela de Magisterio Público, depuración y capacitación de los actuales maestros, desideologización a todos los niveles (despolarización), en fin, la lista es larga y la conocen los “expertos”.

 

Atracción de Inversión extranjera y local

Esto no debe hacerse demagógicamente sino creando las condiciones atractivas para la misma. Si se hace bien lo planteado en los acápites anteriores, se habrá logrado avanzar bastante en este campo y quedaría recomendar una gestión adecuada y efectiva, coordinada por el gobierno y la empresa privada. Pero debo enfatizar algo. Es imprescindible contar con un equipo de alto nivel profesional, de incuestionable solvencia moral y reconocida conducta ejemplar, liderando todo este esfuerzo desde una plataforma de mucha visibilidad y transparencia en donde se destaquen la creatividad, la innovación y la re-ingeniería que estoas cuestiones demandan.

 

Humanización del capital

que esto molesta mucho a las élites empresariales y financieras, pero es perentorio. No es tema local; hoy en día se está hablando de esto mismo en todos los ámbitos y altas esferas de los poderes fácticos transnacionales. No les queda otra pues de lo contrario se les acaba el juego y esto sería catastrófico para sus fines puramente económicos. En alguna forma estoy haciendo eco de una brillante descripción hecha por el famoso economista fundador de la CEPAL, Raúl Prebisch, quien, en el momento álgido de las inapagables deudas externas latinoamericanas, en los años 70, planteó el símil del juego de las canicas de los chicos del barrio: si uno de ellos, haciendo gala de sus habilidades deja sin canicas a sus amiguitos, éstos no tendrán canicas para salir a jugar al día siguiente y al chico “pulsudo” solo le quedarán dos opciones: o les presta canicas a todos para seguir jugando (y este préstamos puede convertirse en una práctica repetitiva hasta que los otros chicos aprendan a jugar) o se queda solito en casa, con sus bolsillo rebalsando de canicas y sin poder jugar.

 

Me quedo aquí pues se me acabaron las ideas

 

Domingo 1 de mayo, 2011, día del Trabajador.

You can leave a response, or trackback from your own site.