¡Vaya Corte Suprema de J… la que tenemos!
Por Hermann W. Bruch

Las preguntas siguen dando vueltas en mi cabeza. No logro conciliar lo correcto con lo conveniente con lo prudente con lo aceptable con lo ético con lo honesto. Pareciera que en nuestro país todo esto es relativo. Cuando converso con diferentes personas, pensantes todas, me da la impresión que estamos metidos en un tremendo embrollo y, peor aún, en un tremendo callejón sin salida, en un túnel sin luz al fondo, frente a una catástrofe más grande que Katrinas, Tsunamis o terremotos.

Todo es relativo. Todo tiene una arista. Todo tiene una explicación. Todo tiene una justificación. El crimen, el robo, la corrupción, el fraude, la mentira, la trampa, todo tiene una justificación dependiendo del color del lente con que se mire o del tamaño del billete que la respalde. Y, como si todo esto no fuera suficiente como para mantener en desesperanza a todo un pueblo, ahora tenemos una Corte Suprema de J… (me niego a usar la palabra pues la estaría vilipendiando) con 10 magistrados que no pasan de ser un mero trapo para limpiar las ca….s de los funcionarios públicos y sus secuaces corruptos empresarios a quienes les tienen que chupar las medias en una insoportable demostración de sometimiento absoluto.

Pobrecito El Salvador. Pero un momento, ¿pobrecito por qué? Veamos detenidamente el asunto. ¿Quién está protestando por estas cosas? ¿Dos, tres, cuatro, diez personas medianamente serias e interesadas en que cambiemos la forma de manejar nuestros asuntos institucionales? ¿ Es acaso esto representativo de todo un pueblo de más de siete millones de habitantes hacinados dentro de un territorio estrecho más tres millones de habitantes viviendo en el exterior? No me parece así.

Entonces ¿qué es lo que está pasando? Pues sencillamente que estamos jugando un juego que venimos perfeccionando desde hace mucho tiempo. Una sociedad seria y civilizada supone tener una Institución respetable y respetada que vele por los asuntos de la justicia. En nuestro país, nos hemos ocupado de desmantelar todo vestigio de institucionalidad posible, dándonos el lujo de tener un aparato costoso, corrupto, carente de respetabilidad y al que nadie respeta.

Dentro de ese organismo hay algunas personas que se respetan a sí mismas y por ende se ganan el respeto de los ciudadanos. Ellos son los que han dado la voz de alarma y han tenido la valentía de denunciar y desenmascarar a sus colegas mercenarios de la ley que se han prestado a proteger y encubrir una corrupción que apesta y que nos está llevando al filo de la catástrofe. Un reconocimiento al Doctor Fortín Magaña y a los otros tres Magistrados que se negaron a seguir la jugarreta sucia de los 10 encubridores de corrupción.

En estos días el presidente Saca debe pedir perdón, en nombre del gobierno, por el caso de las hermanitas Serrano. Debe hacerlo porque así se lo ha mandada una Corte Internacional. Si no lo hace incumple un tratado internacional y por ende la ley de la república. Si no lo hace, seguramente enfrentará demandas que lo llevarán ante la justicia, pero como no tenemos una Corte independiente, lo más seguro que ningún enjuiciamiento prosperará.
Seguimos luciéndonos como uno de los países más atrasados del mundo en materia de orden, juridicidad, democracia, respeto de los derechos humanos, combate a la corrupción. Sólo a un inversionista imbécil o corrupto (no necesitamos a ninguno de esos pues ya tenemos suficientes) se le ocurriría venir a invertir a un país así. El lenguaje fuerte es el adecuado para las circunstancias. Las cosas se dicen como son y no como las pinta la propaganda del gobierno.

Seguimos gastando una fortuna en propaganda y publicidad mientras se mueren personas cada vez que llueve. Dios no permita que a nuestro país llegue un huracán Katrina pues desaparecemos del mapa. Gracias a funcionarios corruptos, ineficientes, ineptos y a una Corte suprema de j… que está a su servicio – salvo 4 honrosas excepciones.

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