¿QUEREMOS EL CAMBIO?

Exigimos seriedad

Por Hermann W. Bruch

 

Estamos presenciando un momento crucial dentro de nuestro calendario de transición democrática, si es que se le pueda llamar así a esto que estamos viviendo. El concepto de transición implica, a mi entender, que sabemos donde estamos y que tenemos una meridiana idea de adonde queremos ir y yo no estoy seguro de que ninguno de estos postulados se cumplan en nuestro país, pero para no ser tan pesimista ni cínico, voy a aceptar que transitamos.

Dentro de este marco, lo que los ciudadanos estamos presenciando no es nada gratificante. Es cierto que en la naturaleza de los políticos está el querer tener poder, todo el poder posible, al menor costo posible. Es cierto que, en la naturaleza humana está el querer tener dinero, riqueza, toda la que sea posible al menor costo posible. Pero las sociedades así llamadas civilizadas, construyen mecanismos, filtros, normativas, reglas, en fin, acuerdos y contratos que de alguna forma pretenden minimizar el impacto de la naturaleza de los políticos y de los seres humanos para volver el escenario de la interacción social un poco más convivible, más civilizado.

Hoy en día ninguna de estas premisas se cumplen en nuestro país. Tanto la clase política como la clase empresarial, por nombrar al menos dos de los actores sociales, desconocen y corrompen el escenario de las transacciones de tal manera que la cosa pública se ha tornado en un verdadero mercado negro: negro por ilegítimo, por ilegal y por oscuro. Esto nos ha llevado a que, analistas serios, pensantes y filósofos estén planteando pronósticos nada prometedores y en algunos casos apocalípticos para describir nuestro futuro.

En lo personal pienso que estamos muy cerca de convertirnos en un estado fallido, entendiendo esto como un estado en el que las reglas serán impuestas por el ilícito, el crimen organizado, la inmoralidad en todos los campos y una competencia desaforada para enriquecernos a toda costa, tan siquiera para construir alguna seguridad personal y familiar de tipo económico con la esperanza de poder sobrevivir el caos.

Dentro de este análisis está faltando el planteamiento de una posible solución o simplemente salida, que nos permita transitar, aunque precariamente, por el sendero de la construcción de un modelo que nos devuelva la sanidad y la concordia social. Un modelo basado en el ser humano y no en falsos y efímeros valores materiales. Para pretender lograr algún avance en esta dirección hace falta el principal de los actores sociales: el ciudadano, que muy notoriamente ha estado ausente del teatro político nacional. La ausencia del ciudadano ha permitido que la clase política se apodere de manera absolutista del quehacer del estado y esta a su vez ha caído en las garras de las mafias financieras y empresariales que han desconocido principios fundamentales en aras de lograr sus turbios y nefastos propósitos.

Ha llegado el momento de despertar. Ya se pueden detectar algunos indicios de un despertar ciudadano. Los recientes acontecimientos políticos relacionados con las Sentencias de la Sala de lo Constitucional en relación a las normativas electorales non demuestran una cosa: el ciudadano, el que emite el voto, ya no es tan tonto como para dejarse dar atol con el dedo (embaucar) por los charlatanes políticos. Ya podemos sentir con claridad que a la mayoría le causa satisfacción y en el peor de los casos indiferencia, el que esos dos partidos políticos mercaderes – el PDC y el PCN – desaparezcan.

Seguramente habrá mucho jaloneo político para tratar de jugarle la vuelta a las sentencias de la Corte, pero el pueblo, la gente decente de este país, que aún somos la mayoría, no estaremos nada contentos y el castigo se hará sentir en las urnas, si esto llegara a pasar. Falta mucho trabajo por delante, pero creo que con la ayuda de las redes sociales lo vamos a lograr. Tenemos que ser capaces de vencer a las fuerzas del mal que se han organizado para confabular en contra de las leyes y de la decencia, pero con tenacidad y con creatividad podemos lograrlo.

Por último, pongamos mucha atención a esa propuesta de convocar a la juventud en torno a la creación de un partido político liberal, verde y reformista (yo añadiría y decente). Se ha logrado en otras partes. Se puede lograr en El Salvador.

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