CALAMIDAD NACIONAL

Estado de calamidad nacional
Por Hermann W. Bruch

La semana que recién ha terminado nos ha dejado varias lecciones y más de alguna experiencia. Entre las lecciones más destacadas está el haber entendido que nosotros los ciudadanos le valemos madre a los políticos, a TODOS. Partidos políticos, el Presidente y la mayoría de magistrados de la CSJ – con la notoria excepción de los 4 Fantásticos – nos han dejado saber que nosotros, el pueblo, la gente que vota y los elige (?), los ciudadanos que les pagamos sus impuestos, no somos más que una manada de pobres pendejos que solo servimos para eso, para legitimarlos en sus puestos de suntuosa prepotencia y supina desobediencia. Ellos no entienden que son servidores públicos. Más bien, nosotros los de la planicie no entendemos que ellos están por encima de la ley y que, aunque queramos, nada podemos hacer para encarrilarlos.

La experiencia más notoria es que cuando queremos, podemos organizarnos y demostrar nuestra indignación y nuestro asco. Lástima que esto aún no se traduzca en resultados de carácter democrático. Aún no. Pero ellos, esos que creen surfear por encima de las olas de la ley, podrían estar llevándonos a un punto de inflexión que podría salirles caro, a ellos y a sus amos. Los pueblos tienen su límite de paciencia y cuando esta se agota la cosa se puede poner fea. Eso es lo que muchos de ellos aún no han querido aceptar.

La otra lección que hemos aprendido es que es posible cambiar las cosas por la vía de la presión legal. Hay en el país muchos profesionales del derecho y de otras disciplinas que tienen la suficiente capacidad de reflexión y de análisis para guiarnos en esta lucha que ya no debe parar hasta no lograr nuestro cometido. Ahora es cuando puede ponerse en práctica la desobediencia civil. No hablo de insurrección pues quizá no sea el camino que deseamos recorrer. Hablo de desobediencia pues equivale a anteponer simetría a lo que ellos, los malos funcinarios están haciendo. Se trata de decirles que si ellos no cumplen nosotros no estamos obligados a cumplirles a ellos, esto es, a pagarles sus sueldos y prebendas. El derecho a la huelga es un derecho no solo de sindicatos sino del pueblo: la huelga fiscal. NO PAGAR IMPUESTOS. Hay quienes me dicen que esto es peligroso, pero yo respondo ¿qué más peligroso que lo que estamos viviendo ya?

Pensemos bien y reflexionemos ante lo que estamos viviendo. Caminamos sobre campo minado y quizá lo que tenemos que hacer es dinamitar el campo entero para eliminar el peligro. No nos queda mucho tiempo. Tenemos que hacer algo ya.

Y antes de terminar, quiero enviar un llamado a quienes aún tienen un poco de pudor y de decencia. A esos funcionarios y políticos que aún recuerdan a su madre y las buenas enseñanzas que seguramente recibieron de ella: recapaciten y hagan algo por salvar a nuestra Patria. A lo mejor esto les trae paz y sosiego a sus espíritus.

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