Un necesario desahogo

El colmo de la estulticia profesional y mental

Por Hermann W. Bruch

(Real Academia: Estulticia: necedad, tontería)

No sé a cuántas personas lea habrá tocado matricular sus carros en estos días y recoger las placas viejas. A mi ya me tocó y estoy asustado de percatarme hasta dónde llega la capacidad de nuestros profesionales, funcionarios públicos para ser imbéciles, tontos e inútiles.

En primer lugar debo recordar que el cambio de placas ha sido cuestionado duramente por innecesario. Mis placas estaban en excelente estado y no requerían cambio. Parece ser que se hizo una encuesta en la que se determinó que a lo más un 10% de las placas ameritaban cambio por su deterioro. Pero eso no justificaba hacernos gastar en placas nuevas especialmente en estos tiempos en que los costos relacionados con vehículos nos están golpeando duramente nuestros bolsillos. ¿será esto indicio de corrupción disfrazada? (Dicho sea de paso, mis placas viejas no me las devolvieron. ¿Quién o quiénes estarán haciendo negocio con ellas? Ese es material reciclable de alto valor).

Pero dejemos el ángulo de la posible corrupción a un lado por un momento. Lo que realmente me tiene impresionado es en manos de qué clase de funcionarios estamos. El sistema que se han ideado es de lo más engorroso y por decirlo suave, estúpido. No es posible negociar la fecha o sea que cuando voy al banco a pagar, automáticamente me sale el recibo con la fecha y la hora exacta para poder llevar a cabo el trámite. Si por casualidad yo tuviese una cita en el Seguro Social para ese día y esa hora, la cual si la pierdo me significa esperar 4 meses para obtener una nueva, estaría metido en un serio problema.

Pero no paran aquí las estupideces. Al llegar al lugar de la cita, le dicen que no puedo entrar acompañado de nadie. Yo no estoy capacitado para manejar y tengo que ir con mi motorista, pero resulta que no puede entrar conmigo. Me percato que hay muchas señoras que han tenido que dejar a sus choferes afuera. Lo peor del caso es que uno mismo tiene que colocar las placas, pero resulta que los agujeros no coinciden y por lo tanto no se puede hacer el trabajo completo. Eso significa que hay que dejar las placas colgadas de un solo tornillo y completar el trabajo al llegar a casa.

 

Claro que siempre hay una salida: si usted prefiere, allí mismo están unos seudo mecánicos que le hacen el trabajo por $2.00. Esto me recuerda a lo que sucede en el aeropuerto. Tengo que pagarle a unos fulanos para que metan el billete en la máquina para poder alquilar una carretilla. Solo en Sivar amigo. Termino aquí mi relato pues ya casi reviento de la indignación. (Como dato comparativo, en otros países las placas son entregadas a domicilio)

 

Postalita final: esto se suma al fisco del subsidio del gas licuado. ¡Vaya país!

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