Dando el primer paso
Por Hermann W. Bruch

No puede uno vivir en un país como el nuestro sin sentirse constantemente compelido a lamentar la incidencia de actos, acciones y eventos que van en detrimento de la calidad de vida de los ciudadanos. La crítica sale espontánea y sea que la expresemos pública o privadamente, es una catarsis casi indispensable para poder continuar con nuestras vidas.

Revisando mi pasado como expositor incansable de opiniones relacionadas con el quehacer nacional, no dejo de sentirme un poco molesto conmigo mismo, pues me deja el mal sabor de compararme con esa clase de personas que andan siempre quejándose de todo con actitud negativa y poco tolerante.

Retirarme de la palestra no es algo que vaya a dejarme satisfecho. Ya lo he intentado y no sirve de nada. Es cierto que la crítica en sí misma no contribuye a encontrar soluciones, pero tampoco el silencio es la mejor posición de quienes nos consideramos capaces de darle algo diferente al país.

Por lo tanto, me he hecho el propósito de acompañar a mi crítica con propuestas concretas que pudieran ayudar a encontrar soluciones a algunos de los males que azotan a nuestro querido país.

Esta vez me quiero concretar a dos problemas que considero son un mal nacional que nos están impidiendo movernos hacia el progreso como quisiéramos. Uno de ellos pareciera intrascendente. El otro es mucho mas obvio y demoledor. Pero ambos tienen solución si se tiene la voluntad, el criterio y la capacidad técnica. Se tratan ambos de robos descarados que la policía parece ignorar y que gobierno y medios de comunicación en general tratan de pasar por alto como si no existieran, con el inexplicable contubernio de empresarios y gente pensante.

El primero y aparentemente menos importante., es el robo de tapaderas de hidrantes. Inconcebible que personeros de ANDA y MOP digan que no les compete. Risible diría cualquiera. Claro que no les compete la persecución del delito. Pero la gente les reclama que no hacen nada por reponer esas tapaderas, causando graves daños a la propiedad privada y hasta accidentes fatales. Perseguir el delito es algo que compete a la policía, pero no hacen nada. Lo digo enfáticamente pues de lo contrario ya hubieran podido acabar con esta lacra. Es tan sencillo que uno se pregunta por qué no lo hacen .

Las tapaderas no tienen ninguna utilidad para quien las roba excepto entregarlas como chatarra a las empresas de fundición para convertirlas en hierro. ¿Cuántas empresas de estas funcionan en nuestro país? Colocar agentes encubiertos en las cercanías de estas empresas sería relativamente fácil y una vez halladas en flagrancia, podría cerrárselas indefinidamente y/o cobrarles multas onerosas que les haga poco rentable continuar comprándolas. ¿Que no hay una ley que permita una acción punitiva? Si fuera de interés político tenerla seguramente la tendrían en un abrir y cerrar de ojos como lo han hecho en otros casos.

Imaginemos por un momento que se dieran un par de golpes fuertes y contundentes a estos “topeteros”. La ciudadanía entera aplaudiría y se mandaría un mensaje positivo en la dirección correcta. ¿Que son “gente importante” y no conviene una acción como esta? ESE ES EL PROBLEMA. Volvemos a lo mismo. Es parte de la gran corrupción y del crimen organizado.

El otro caso es similar, pero mucho más grave. Se trata del robo de furgones en nuestro territorio. Toda una “industria” bien organizada, eficiente, bien protegida y floreciente. Todo un ejemplo de economía emergente, como dirían los economistas. Sorprende el virtual silencio de los empresarios. Sorprende aún más el virtual silencio de las compañías aseguradoras. ¿Será que este sindicato del crimen está tan bien organizado, es tan poderoso y temible que nadie se atreve a hacer un escándalo? ¿O será otra cosa? Siendo suspicaces podríamos especular que tal vez lo del “robo” sea una cortina de humo para encubrir algo más repugnante como sería el auto robo para evadir impuestos (¿?)

Cualquiera que sea la explicación, lo que no tiene explicación es que haya tanto desdén por este problema que alcanza proporciones espeluznantes. Según las noticias que uno alcanza a leer de vez en cuando, perdidas dentro de los anuncios en los periódicos, son más de 120 furgones mensuales los robados (datos de ASETCA).

El daño a la economía del país no es solo por el robo, ni por los impuestos que se pierden, sino también por la mala imagen que termina ahuyentando la inversión extranjera. De nuevo, si se comenzara por dar un duro golpe a estas bandas, y se intentara llegar más cerca a donde están las cabezas de esta bien organizada “industria” del delito, se estaría ejemplarizando, caiga quien caiga. Mientras más gordo los peces más efectivo es el combate y más positivo el impacto en la población. No sé por qué no se le hace caso a las recomendaciones de expertos internacionales en este sentido ya que tanto nos gusta tener asesores extranjeros para todo. Me consta que lo de los peces gordos es algo que se viene recomendando a las autoridades desde hace más de una década, por organismos y expertos internacionales en el combate a la corrupción.

Si tan sólo se diera un primer paso.

You can leave a response, or trackback from your own site.