PONGAMOS ATENCIÓN

¿Jesuitas o Mano Peluda?

Por Hermann W. Bruch

La pregunta que nos hacemos muchos es ¿a quién le interesa desestabilizar al país? Porque una cosa es clara: el tema de los jesuitas, aunque despierte sensibilidades en mucha gente, no es lo que todos piensan. No es por amor, eso es seguro. No es por ética, eso es más seguro aún. No es por patriotismo ni por responsabilidad social, ni por obediencia a tratados internacionales de justicia. Pocos en este país entienden qué es eso y seguramente no andarían metidos en estos tenebrosos senderos.

Lo que estamos presenciando no es otra cosa que una trama de conspiración de tipo político, con fines aún no claros, enmarcados en una campaña electoral que ha dado comienzo de manera descarada, a todas luces ilícita, típica del sistema corrupto que predomina en nuestro país.

Me dirán algunos, ¿y por qué se prestaría la Audiencia Española a semejante despropósito? Mi respuesta es que la Audiencia Española nada tiene que ver con esto. Ellos comenzaron este proceso hace mucho tiempo y nosotros no habíamos tenido ningún efecto en nuestro país. El asunto se torna sospechoso porque, precisamente ahora, se arma el escándalo aquí. Dígame usted estimado lector si había escuchado o leído algo acerca de este proceso con anterioridad al “destape” mediático de unas cuantas semanas atrás. No lo creo.

Pero como he dicho antes, estas cosas tienen que ver con nuestro proceso electoral, tienen que ver con nuestra Sala de lo Constitucional, tiene que ver con la Corte Suprema de Justicia, tiene que ver con el IDHUCA, tiene que ver con los partidos políticos, al menos algunos de ellos, en fin, tiene que ver con todo este berenjenal que tenemos dentro de lo que algunos analistas han dado por llamar “transición” hacia la democracia. Y no lo digo con sarcasmo pues estoy totalmente de acuerdo que estamos transitando hacia la democracia. El problema es que caminamos chuecamente. Jugamos sucio (la política es así, me dicen), corrompiendo el sistema mientras avanzamos.

Pero debo advertir que, a diferencia de años atrás, esta vez tenemos una ciudadanía un poco más despierta, una juventud interesada en hacer algo, un conglomerado pensante y no sumiso. Estas son algunas de las características que me hacen tener esperanza (pero no de la verde chuco) en que podemos lograr algunos cambios trascendentales en nuestro sistema político. Seguramente no será fácil pues las fuerzas del mal van a dar la batalla como ranas en agua caliente, pero al final, habremos avanzado en la dirección correcta.

Falta aún por ver y escuchar más voces valientes denunciando la perversión del sistema. Y lo más importante de todo esto, es contarle a los jóvenes y al pueblo en general, la verdad de lo que ha sucedido en nuestro territorio en los últimos 40 años. Mejor aún, en los últimos 60 años. Y si nos atrevemos, en los últimos 80 años, desde que comienza la dictadura militar encabezada por Maximiliano Hernández Martínez.

Conocer los hechos, conocer la versión desde todos los ángulos, hablar de ello con apertura y transparencia es algo que aún no hemos hecho en nuestro país. Nuestra historia debe ser contada por quienes la han vivido y debe ser debatida, desmenuzada, analizada y comprendida por toda persona que tenga algún interés por el futuro de El Salvador. Pero debemos cuidar de que este proceso sea conducido y desarrollado con madurez y con civilidad. No debe, por ningún motivo ser la causa de una mayor polarización y confrontación.

Quienes abogan por derogar la Ley de Amnistía y de someter a juicio a los actores de la odiosa guerra que nos desangró por más de una década, son personas perversas, que buscan otros objetivos que los que esgrimen, que obedecen a mentes enfermas que lucran de la desestabilización de los pueblos. No debemos caer en es trampa.

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