PARTICIPACIÓN

Me importa El Salvador

Por Hermann W. Bruch

 

Pareciera que no tiene sentido participar en estas columnas de opinión, pues lo único que incita es el alboroto de algunas mentes desquiciadas, el asentimiento de muchos lectores serios y más de alguna excelente crítica, con algún contenido valioso y meritorio de reflexión. Siempre he creído que me encanta recibir la crítica inteligente y conceptual de personas que piensan y analizan, aunque no estén de acuerdo conmigo.

 

Pero el meollo de estas columnas, la denuncia de funcionarios ineficientes, corruptos la mayoría con algunas honrosas excepciones, parece no tener ningún efecto. De lo que se trata cuando exponemos nuestra opinión y desenmascaramos a aquellos personajes que le hacen tanto daño a la patria es de que rectifiquen o que renuncien a su cargo o que rindan cuentas o que sean enjuiciados, etc. Y eso desgraciadamente nunca sucede. Pareciera que todo cae en sacos rotos, o que nuestras ideas son tomadas como necedades o simplemente hay sordera institucional.

 

La participación ciudadana puede darse de varias formas, entre ellas la expresión de opinión compartida en los medios de comunicación y/o en las redes sociales. Los que hacemos esto no lo hacemos por no tener nada que hacer, o por buscar notoriedad. Lo hacemos porque nos importa nuestro país. Nos importa El Salvador y queremos contribuir a mejorarlo.

 

Nuestro país ha caído presa de una suerte de atracadores y asaltantes si escrúpulos cuya sola intención es la de hacerse ricos a costa del sufrimiento de las mayorías. Esta calaña de personas existe en todas partes, pero la ciudadanía organizada y las instituciones medianamente eficientes cumplen con la labor de desenmascararlos y de enviarlos a la cárcel.

 

Los países que logran esto en niveles por encima de la media, son los que generalmente alcanzan niveles de desarrollo y de bienestar para su gente. Los que sucumben a las garras de los depredadores, esos se quedan en el retraso y en la pobreza. El Salvador no es la excepción Hemos ido retrocediendo sistemáticamente en los índices de desarrollo y esto se debe principalmente a la corrupción y a la apatía ciudadana. Hemos interpretado equivocadamente la filosofía del “laissez faire, laissez passer”.

 

Si bien es cierto que ese es el espíritu del liberalismo, al cual me siento altamente atraído, aquí lo utilizamos de manera diferente y perversa. El gobierno y el estado se meten excesivamente donde no les incumbe y desatienden las áreas en dónde debieran intervenir. Es una interpretación perversa de una filosofía que nunca ha tenido oportunidad de probarse a sí misma, aunque en algunos países se experimentó con ella habiendo dejado frutos muy notables.

 

Un ejemplo son los Estado Unidos de América en dónde desde su fundación hasta comienzos del siglo XX, el pensamiento liberal permitió que una nación joven se convirtiera en un imperio a nivel mundial. Hasta que llegaron los políticos y metieron sus manos sucias en la economía. Hasta que inventaron ese banco central mal llamado Federal Reserve. Hasta que la burocracia se apoderó de la vida nacional.

 

En El Salvador, nosotros los ciudadanos, cometemos el error de dejar pasar cosas que debieran indignarnos y motivarnos a tomar acción. Estúpidamente nos fuimos a la guerra por motivaciones ideológicas y después del Acuerdo de Paz, le entregamos a ciegas el control de nuestro futuro a los políticos, una raza de gente sin escrúpulos, sin formación política, sin formación de ninguna índole, cuya única habilidad es la de torcer los hilos del estado en función de su propio enriquecimiento y sin ningún empacho por el daño que le causan a la gente.

 

Y la gente, muy bien muchas gracias, dedicada a trabajar estoicamente en ambientes, la mayoría de las veces, deplorables y reñidos con la decencia mínima. El pueblo se ha acostumbrado de manera suicida a vivir el día a día en condiciones que no son propias ni siquiera para animales. Ejemplo de esto es el transporte público, pero también los hospitales, las escuelas, las oficinas de gobierno y en muchos casos, hasta las mismas iglesias.

 

El argumento es, por supuesto, que somos un país pobre. No entendemos que la pobreza es una condición mental perniciosa no solo para el que la sufre sino para todo el conglomerado. Pero por supuesto, la pobreza es un buen negocio para muchos. De ella se nutren los charlatanes burócratas internacionales y sus aliados nacionales. De ella se nutren los “manejadores” de presupuestos “sociales”. De ella se nutren los traficantes de todo, especialmente de drogas, de personas, los contrabandistas, los traficantes de armas, de órganos, en fin, el crimen organizado.

 

A mi sí me importa mi país. Me importa El Salvador. Lo que escribo y lo que hago son prueba de ello. Mis detractores seguramente son aquellos a quienes les estorban mis opiniones pues estás de alguna u otra forma dedicados a algún ilícito. Son aquellos que tienen la cola pateada, que no se atreven o no pueden quejarse en voz alta por temor a que les saquen sus trapos al sol.

 

Quiero invitar a todos los buenos salvadoreños a quienes El Salvador sí les importa, a que se unan a esta campaña de Me importa El Salvador . He pedido a los expertos que me colaboren en la apertura de espacios con el nombre MeImportaSV en las redes sociales: Facebook, Twitter, etc. En ellas estaremos invitando a los buenos ciudadanos a denunciar, proponer ideas, convocar movimientos de resistencia pacífica, de indignación, y ¿por qué no?, movimientos político-electorales para llevar incidencia a la Asamblea Legislativa, hoy por hoy, en manos de una clase política deleznable.

 

A ver si somos capaces los salvadoreños de iniciar acciones que pongan a pensar a los políticos y a rectificar el rumbo No queremos anarquía; no queremos revolución; solo queremos caminar en la dirección correcta para hacer de nuestro país un lugar en el que todos nos sintamos orgullosos de vivir. Por el momento, no creo que ese sea el sentimiento de la mayoría. Las encuestas nos lo dicen cuando la mayoría de los jóvenes quisieran poder irse del país en busca de un mejor futuro.

 

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