¡Se van los inversionistas!

Por Hermann W. Bruch

Ya se veía venir. Tarde o temprano se tenía que destapar la olla. El Salvador es un país “bluff”, mucho ruido pocas nueces. Además es un país mentiroso. Le miente a los potenciales inversionistas para atraerlos y cuando están aquí les clava el puñal. Así somos los salvadoreños. Tramposos. Es un problema atávico. Nos lo enseñan desde el colegio, también nuestros honorables(?) padres de la patria, nuestros funcionarios, nuestros magistrados y hasta nuestros presidentes.

El caso de la atunera Calvo es sólo la punta del iceberg. Detrás de esa puntita está un témpano que da miedo. Nuestro presidente le mintió a los europeos cuando les prometió que pediría reformas a la Constitución para permitir el tratado con la OIT. El no tenía intenciones de cumplir o sus jefes no se lo permitieron, pues si hubiese querido o si hubiese podido, su partido le hubiera obedecido cuando tenía la mayoría asegurada, o sea en la asamblea anterior. Pero ni sus patroncitos (sus jefes, los que se oponen rabiosamente al tratado de la OIT) ni su partido, tuvieron nunca intenciones de cumplirle a los europeos.

Anda por ahí una anécdota de que cuando llegó al país el representante de la UE para Latinoamérica ( o sea el mero mero de los europeos) le reclamó al presidente por su falta de palabra y éste se ofendió y se desató una pequeña tempestad diplomática, de la que nunca nos cuentan los medios de comunicación entregados a la voluntad del gobierno por su obsequiosa dependencia de los jugosos presupuestos publicitarios. Así son las cosas en la guanacia (El Salvador).

Y seguimos recibiendo noticias de lo maravilloso que es nuestro país como destino de inversionistas. Mentiras como siempre. La estrategia de comunicación del Tercer Reich de Hitler manejada hábilmente por el genio de las comunicaciones el señor Goebels, sigue dando resultados en el pequeño “reich” de ARENA y de Tony Saca el genio de las comunicaciones guanaco (salvadoreño). Miente, miente, miente mil veces y la mentira se convertirá en verdad.

¿Es rescatable nuestra situación? Dicen los expertos que por un tiempo largo e indefinido no es rescatable. Dejamos pasar el momento de las oportunidades cuando, después de los acuerdos de paz, debimos transitar hacia la instauración de un verdadero estado de derecho, fortaleciendo las instituciones, continuando con la reforma política que quedó inconclusa, etc., etc. Los famosos etcéteras que nunca se llevan a cabo y que al final de cuentas son los que cuentan.

Mientras tanto, las maras (pandillas organizadas) se toman el país entrelazadas en diferentes ámbitos del quehacer nacional. Se han adueñado del transporte, con sus tentáculos en la Asamblea. Están metidas en el narcotráfico, en el tráfico de jóvenes, en el robo organizado de furgones, de celulares, en el contrabando, EN TODO! Tienen sus tentáculos en la justicia (en la policía, en la fiscalía, en los tribunales, en la corte)

¿Es este el país en donde todos queremos vivir? No creo que haya ninguna persona decente, con un poco de inteligencia, que sinceramente defienda este sistema, régimen, modelo o como lo quieran llamar los seudo intelectuales. Los que estamos aquí es porque ya no tenemos para donde irnos. Quedamos atrapados por un falso sentido de amor patrio. Otros esperan el momento de salir. Los poderosos solo están aquí de mentira. Sus capitales están protegidos afuera (“off shore” es el término de moda). Tienen sus apartamentos en Miami, New York, Paris, Londres, y hay quienes ya piensan en comprar “real estate” en China, porque es un negocio redondo en todo sentido.

¡Vaya país el nuestro!

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