¿Qué estamos esperando?

¿Hasta dónde vamos a soportar?

Por Hermann W. Bruch

Cada día que pasa conocemos de sinvergüenzadas al por mayor que se cometen en todos los niveles de la Administración del Estado y esto nos hace llegar a tres conclusiones: que los salvadoreños estamos perdiendo el miedo a denunciar estas anomalías; que la corrupción está subiendo a niveles escandalosos y, la más preocupante, que el descaro de las autoridades e instituciones que debieran prestar atención y tomar cartas en el asunto judicialmente, miran para otro lado o simplemente son parte de la corrupción misma.

La sociedad civil, los ciudadanos todos, debemos estar preocupados por esto pues, queda claro que solo con nuestro interés y aporte, podemos esperar avanzar en la tarea de adecentar el quehacer de nuestros funcionarios públicos. Se dice que, peor que la corrupción estatal es una sociedad que no hace nada al respecto y esto parece ser cierto. Se cumple el axioma de que el sistema es un espejo de la sociedad.

Los Medios de Comunicación deben comenzar a mejorar su actuación independizándose de las instancias del poder político y del económico. En otras palabras, comenzar a desarrollar su labor periodística con ética y con honradez. El marcar distancia con los centros de poder y con sectores de intereses es crucial para el cumplimiento prístino del periodismo. De otra forma no se justifica la existencia de medios y terminan siendo publicitarios exclusivamente. De hecho, sorprende que en nuestro medio hablamos y nos referimos a ellos de esa forma y ellos mismos se auto denominan medios publicitarios en lugar de ser medios de comunicación social, lo que implicaría adherirse a principios y normas éticas que hoy por hoy no se observan.

Estamos metidos en un proceso electoral sin precedentes en nuestro país. Se han abierto oportunidades que nunca antes hemos tenido y sería un pecado si con nuestra apatía las dejamos pasar sin aprovecharlas. Los diferentes movimientos sociales, muy especialmente los de jóvenes semi organizados en redes sociales, haciendo uso de las nuevas tecnologías, representan quizá el principal componente de esta trascendencia que se nos presenta. Todos tenemos la obligación y la responsabilidad de aportar y coadyuvar a catapultar estos movimientos hasta convertirlos en resultados positivos para nuestra democracia. Es ahora o nunca.

Ya es tiempo de dejar de hablar y comenzar a actuar. Ya nadie puede escudarse en la tradicional excusa de que no sabemos qué hacer ni donde participar. Movimientos abundan. Lo que hay que hacer es acercarse al que nos quede más cerca y más se acerque a nuestro gusto. Hay que trabajar las ideas, tamizar las buenas, las fuertes, las que tienen capacidad de encantar a la gente y esas divulgarlas y propagarlas hasta convertirlas en un clamor general.

Es hora de comprender que otro país es posible y quizá en esta línea de pensamiento, prestar atención a ese movimiento que está saliendo a la luz en la capital, llamado San Salvador: otra ciudad es posible. Es posible, en tanto nosotros los ciudadanos y no los políticos de siempre, tengamos la voluntad de lograrlo.

 

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