Para meditarlo un poco

¡ Qué bien, qué mal !

PorHermann W. Bruch

El mundo está poniéndose patas arriba. Qué bien que la gente, especialmente los jóvenes, están saliendo a las calles a protestar en casi todos los países del mundo. Que protesten todo lo que quieran pues ese es su derecho. Pero qué mal que las autoridades y los funcionarios públicos no prestan atención.

Veamos los que está pasando con los estudiantes en Chile. Sus protestas vienen ya desde hace varios meses y, ahora han vuelto a resurgir con la misma intensidad y virulencia, a raíz del quiebre en el diálogo con el Presidente. ¿Qué hay detrás de todo esto?

En parte, el origen de este estado de inconformidad tiene su fundamento en una exigencia por elevar el nivel de la enseñanza – que ya es quizá el más alto de Latinoamérica – pero los chilenos quieren estar al nivel de las naciones más prósperas del mundo. Además la quieren gratuita.

Los estudiantes tienen razón, pero no toda la razón. Seguramente el Gobierno tiene un poco de razón, pero tampoco tiene toda la razón. El diálogo deberá acercarlos a un punto de encuentro que el país y sus finanzas puedan sostener. Pero la suspicacia nos hace preguntarnos si no hay otras motivaciones detrás de todo esto y vaya usted a saber quiénes están fustigando a estos jóvenes a arremeter con tanta furia y tanta rabia. Por lo general, siempre hay alguien detrás de estas manifestaciones multitudinarias y mientras no lo tengamos claro, la situación seguirá atormentando a la ciudadanía en general.

Lo mismo está sucediendo en los países europeos. Los jóvenes protestan y están en su derecho de protestar porque están cansados de tanta porquería que viene de la clase política. No importa si estamos hablando de Grecia o de España, de Irlanda o de Francia. No importa. Siempre hay porquería en la clase política y cansancio e indignación en los jóvenes y en la ciudadanía en general.

¡Qué bien! Qué bien que al fin se le está perdiendo el miedo a las autoridades que no hacen buen uso de su autoridad. Qué mal que éstas todavía no logran comunicarse, prestar atención y entender el clamor y las quejas de la gente, cansados de ver el despilfarro, la indiferencia y la total desconexión de funcionarios que están más preocupados en su propio enriquecimiento que en satisfacer las necesidades más sentidas de la población.

Lo mismo podemos esperar pronto en los Estados Unidos. Eso es indetenible. El levantamiento de la gente no se hará esperar por mucho tiempo. ¿Por qué? Porque la gente se está cansando de tanta politiquería y, mientras cada vez más y más personas quedan sin empleo y la gran mayoría tiene un empleo de baja calidad y de bajo nivel de remuneración, los políticos, desde el gobierno, están prestando atención al bienestar de las clase adineradas, de las clases pudientes, de la clase económicamente fuerte como los bancos, las élites financieras, Wall Street y las grandes corporaciones allegadas al estamento militar y guerrerista y no le prestan atención al clamor de la gente pobre y de la maltratada clase media, otrora sostén del sueño americano.

En fin, el mundo va hacia un cataclismo. Cataclismo que eventualmente significará surgir de nuevo, como todo en la vida. Después del incendio y de las cenizas se levanta algo diferente. Vamos a pasas momentos muy duros, aquí en El Salvador, en los países vecinos de Centro América, en el mundo entero. Vamos a ver días muy negros, pero ojalá que sirvan para rectificar el rumbo equivocado que hasta ahora se ha seguido.

El nuevo rumbo deberá buscarse en unión, en conjunto, en armonía, dejando atrás las odiosas y estúpidas polarizaciones, las teorías perversas, las doctrinas sacrosantas de cada lado. Si no somos capaces de encontrar un consenso básico, despejado de ideologías obsoletas y caducas, no vamos a lograr avanzar hacia un horizonte prometedor, y el peligro de caer en un estado caótico y fallido será cada vez más inminente.

You can leave a response, or trackback from your own site.