Después de Castro: ¿qué?
Por Hermann W. Bruch

La muerte de Fidel Castro es quizá la noticia más ansiada de muchos y la más temida de muchos más. Seguramente que el Departamento de Estado (EEUU) tiene varios planes de contingencia elaborados para enfrentar las múltiples variables que se pueden desatar cuando llegue el momento. En otros países latinoamericanos los grados de preparación serán más o menos complejos de acuerdo a la importancia geopolítica que le atribuyen a la Cuba de Fidel.

En nuestro país, seguramente que ni existe un documento de contingencia, pues ni tenemos la preparación intelectual para prepararlo ni tenemos necesidad de hacerlo. ¿? De nada nos serviría tener uno si somos órbita de los EE.UU. y es allá en dónde se decide nuestra agenda. Esto es lo que algunos llaman “real politik”.

De una cosa sí estoy seguro y es que dentro del partido FMLN (y quizá algunos aledaños) sí existe al menos un intento de elucubración encaminado a tener planificadas algunas actividades en el caso de la muerte de Fidel Castro: marchas callejeras, tomas de iglesias, quema de llantas, bloqueo de calles y carreteras, arengas revolucionarias trilladas, muchas banderas rojas y una interminable retahíla de acciones que son parte del anticuario de la izquierda salvadoreña.

¿Por qué tendría que haber tanto alboroto a la muerte del líder cubano? Nada cambiará realmente. Otro Castro estará dando continuidad a una revolución bien cimentada. Hugo Chávez se ha encargado de colocar otra pieza de contención al imperialismo yanqui en la zona del Caribe. López Obrador tiene a México – y a sus vecinos – en ascuas. Evo Morales se quedó sin ideas y Bolivia seguirá siendo inmensamente rica e igualmente pobre. Lula tiene sus propios problemas con sus vecinos. La Bachelet se quedó bailando la “cueca” y Alan García se prepara para cosechar los frutos de sus predecesores. Daniel Ortega está preocupado pues se queda sin aliento en el momento más crítico de su carrera electoral. Es quizá por ello que ha salido volando hacia la Habana a tratar de asegurar sus sustento.

¿Y Tony Saca? Ahh, el “wunder kind” de las comunicaciones del pulgarcito de América seguramente que saldrá con alguna de sus impulsividades para ganarse el aprecio de Bush y el desprecio de más de la mitad de los salvadoreños que carecen de presidente. Mientras, su Ministro de Gobernación estará tan ocupado diseñando algún tipo de plan con algún tipo de manos y quién sabe qué cantidad de dureza para contener el incremento desbocado de homicidios en nuestro país.

Nuestro plan de contingencia debiera sugerirnos una agenda que incluya a las principales fuerzas del país, tanto en el campo político como en el económico, académico y cultural, para intentar desarrollar un proyecto nuevo de nación, a partir del anterior intento de plan de nación que con tanto esfuerzo trata de mantener vivo la Comisión Nacional de Desarrollo. El interés nacional demanda que nos olvidemos un rato de los padrinazgos externos y nos pongamos a buscar soluciones propias para enfrentar nuestros propios problemas.

Alguna enseñanza debiéramos de tomar de la Cuba de Fidel Castro y es que con voluntad y tenacidad se pueden lograr muchas cosas. No todo lo que pasa en la isla puede estar tan podrido como algunos analistas aseveran. Tampoco debemos creernos el cuento de que todo en esa isla es propio del paraíso terrenal como quisieran hacernos creer algunos fanáticos de la izquierda. Ya es tiempo de dejar atrás esa maldita tendencia de pretender que las ideologías y las doctrinas son la solución mágica a todos los problemas humanos. Quizá con un poco de inteligencia, una buena dosis de voluntad y mucha perseverancia, podamos encontrar el camino que nos lleve a una decente convivencia entre salvadoreños y salvadoreñas.

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