Reflexiones acerca de la violencia

Violento o no violento, ¿es esa la cuestión?

Por Hermann W. Bruch

Siempre me han gustado las discusiones, perolas que carecen de propósito me parecen un despropósito y ese parece ser el caso la “violentomanía” que se ha apoderado del temario nacional.

Yo estoy de acuerdo con Salvador Samayoa cuando plantea que la calificación que nos dan los organismos internacionales no dejan de ser irresponsables y poco serias pues no se sostienen apegadas a un análisis 360º del problema (esta es mi interpretación). Sin embargo, a mi no me causa ningún aspaviento ser o no ser el país más violento del mundo sino el triste espectáculo de quienes se entretienen en estas nimiedades en lugar de entrar al análisis serio y profundo de por qué somos violentos, punto.

¿Qué hay detrás de cada acto de violencia? ¿Cuáles son las causales de dichos mecanismos de expresión que tiene el ser “humano/animal” para reaccionar ante situaciones o eventos que lo provocan? ¿Qué provoca una reacción violenta en un animal y qué en un ser humano? ¿Cuál es la diferencia entre el animal y algunos “seres humanos”? ¿Quién está estudiando y analizando estas cosas y muchas otras posiblemente más importantes?

De repente en los correos electrónicos aparecen algunas cosas que nos ponen en qué pensar, al igual que hay mucha basura que circula que no tienen más propósito que el de alterar y distraer el debate social. Uno de esos correos planteaba que en el mundo se estaban dando condiciones similares a las que precedieron la llegada de Hitler al poder en Alemania. No soy creyente de coincidencias y cuando estas suceden, es porque algo más grande y difícil de definir está pasando.

Hace apenas unas tres o cuatro semanas Mario Vargas Llosa publica su Piedra de Toque en El País, España, un artículo titulado “El Carnicero de Praga”. Hacía una excelente reseña de un libro impresionante que luego he leído sin parar hasta terminarlo.

El libro tiene un título un tanto extraño, HHhH exquisitamente escrito por Laurent Binet, trata de las brutalidades cometidas en el régimen Nazi, por un funcionario alemán, inteligente, culto, católico romano, pero que destacó por ser una bestia humana. Peor aún, una máquina de matar. Reinhard Heydrich pasó a los anales de la historia como un monstruo que masificó y organizó la violencia en contra de personas “inferiores” haciendo alarde de una capacidad para hacer el mal, y al mismo tiempo ser un “ser humano” de ejemplares cualidades, dignas de condecoraciones muy similares a las que constantemente vemos en las noticias para distinguir a personas por sus “aparentes” méritos.

Entonces viene la pregunta: ¿Es la violencia producto de la pobreza, como dicen algunos o es causada por la torpeza de funcionarios de seguridad, como decimos otros o, como en el caso de este personaje salido de las entrañas del infierno, educado en los mejores colegios y universidades, amante de la buena música (un excelente violinista), adinerado y bien casado, producto de su mente diabólica, azuzado por otras mentes diabólicas, que a su vez fueron provocados por mentes estúpidas (los aliados en el Tratado de Versailles), en fin, producto de qué es la violencia?

¿Qué impulsó a Hitler a su demoníaca misión? ¿Qué causó que un pueblo tan diligente y disciplinado, civilizado dirían muchos, se transformara en un pueblo ávido de sangre como sucedió en la Alemania de los años 30 del siglo XX? No soy sociólogo ni soy sicólogo ni tampoco antropólogo por lo que no estoy calificado a emitir un juicio al respecto, pero en mi calidad de observador, lector de la historia, interesado en las cosas de la gente, de su comportamiento y de su forma de proceder, me atrevería a decir que la violencia parece ser producto de la estupidez humana, pero no estupidez de los violentos sino que estupidez de los que se creen tener la razón absoluta de todo, se consideran dueños de las acciones de los demás, especie de dizque iluminados, mesiánicos predicadores de la “verdad”, absolutos mediocres con complejos de grandeza, enfermos mentales que se autodenominan líderes (führer se llamaba a sí mismo Hitler antes de obligar a todo el mundo a saludarlo como tal), en fin producto de tanto imbécil a los que les otorgamos el poder de decidir por nosotros.

La violencia que vivimos no es territorio de jóvenes a quienes llamamos “maras” por culpa de la pobreza de donde vienen. La violencia se produce mucho antes cuando los hemos marginado y les hemos negado la oportunidad de integrarse al convivio nacional, que por decisiones tomadas por esos “iluminados” lideres o auto proclamados dirigentes, es un convivio “privado” y reservado para unos cuantos privilegiados, escogidos entre los que están dispuestos a rendirle pleitesía a esos personajes “condecorados” y autoproclamados mentores del mercado en que hemos convertido todo lo relacionado con el quehacer humano de las naciones.

Si queremos colaborar en transformar nuestro país en un lugar en donde viven y conviven personas y no seres deshumanizados y zombies de ese mercado virtual mediático, debemos comenzar por preguntarnos qué país queremos para vivir, para nuestros hijos y nietos, cómo queremos que sea día a día, si nos gustaría caminar por sus calles sin ser molestados y maltratados por buseros, o por automovilistas irrespetuosos, o por pandilleros y pordioseros que se confunden entre sí, o por policías mal encarados y prepotentes, en fin, comencemos por hacer un cuadro mental de ese país en el que nos gustaría vivir y con orgullo llamar PATRIA.

Una vez tengamos bien claro ese cuadro mental, comencemos por ser parte de él, metiéndonos en ese cuadro y convirtiéndonos en artífices del mismo. Veremos cómo poco a poco, nuestro entorno comienza a cambiar, nuestra percepción del contexto mejora y nuestras actitudes cambian y se tornan positivas. Ese es el verdadero cambio. El que comienza con nosotros y a partir de nosotros. Demos ese grito de verdadera independencia en estos días en que estamos sumergidos en una visión totalmente desfigurada de lo que es nuestra historia patria.

5 de noviembre de 2011

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