EL GRAN ACUERDO

La Seguridad es un problema de nación

(no de políticos, los menos indicados a resolverlo)

Por Hermann W. Bruch

Lo que El Salvador necesita es una Política de Seguridad y esto requiere de un acuerdo social de nación para poder diseñarla

 

De acuerdo a la opinión de muchos analistas, el principal problema que aqueja a nuestra sociedad es el problema de la seguridad ciudadana. Yo concuerdo en que es uno de los principales y más apremiantes problemas, pero no estoy seguro de estar de acuerdo en que este sea el principal. Sustento esta opinión diciendo que no siempre lo que parece ser es lo que es y casi siempre lo que la gente quiere no es lo que la gente necesita.

Habiendo planteado lo anterior y aceptando la opinión de la mayoría como punto de partida, quiero dejar establecidas algunas ideas para la reflexión.

La primera es que el problema es muy complejo y por lo tanto requiere de cambio de paradigma para buscar su solución. Es el momento de pensar y actuar “fuera de la caja”.

La segunda es que el debate nacional debe darse sin hipocresías: todo debe mencionarse y todo debe debatirse. No debe permitirse que hayan temas tabús.

La tercera idea es que debemos adoptar una actitud positiva y enmarcada en la humildad, abandonando absolutismos, dogmatismos, y todas esas posturas que entrampan el diálogo entre personas. El diálogo debe ser fluido y debe comenzar por los temas fáciles para ir avanzando en la complejidad.

La sociedad, las instituciones, el país, el entorno regional y mundial, la ecología – TODOS – están en crisis. Esta es “La Tormenta Perfecta” y de ella sólo podremos salir avante con creatividad, con humildad y con honestidad. No hay cabida para desacuerdos.

Las soluciones solo pueden alcanzarse cuando todos aprendamos a escuchar antes de plantear fórmulas mágicas. Demás está decir que éstas ya no existen, o carecen de credibilidad. Es la hora de los pragmatismos y de lo viable. Aquí es donde la política verdaderamente se convierte en el arte de lo posible.

Sugiero rescatar el trabajo del Plan de Nación y tomarlo como punto de partida para continuar el gran diálogo nacional. Ahí hay un excelente bagaje de ideas provenientes de consensos multidisciplinarios abordados y logrados regionalmente por las partes involucradas y eso es una mina de oro.

Ahora que se han derrumbado todos los “ismos sagrados” – socialismo, comunismo, neoliberalismo – parece ser el momento oportuno para lograr un entendimiento colectivo que nos permita convivir en paz. Cuando se entiende que el unilateralismo tiene límite es el momento para trabajar juntos en un mejor entendimiento y podemos hablar del Segundo Gran Acuerdo de Paz, esta vez con los temas importantes ya que los fusiles están callados y guardados en su funda.

Que pasen al frente las ideas frescas, las ideas jóvenes, las ideas libres de rencor y odio. Debemos convocar de nuevo la confianza entre las partes, recuperar el amor. Pero la confianza no basta. Debe ir acompañada de la posibilidad de lograr acuerdos, actuar y obtener resultados.

Uno de los más reconocidos predicadores del cambio social no violento, Martin Luther King, hablaba de ir más allá de la guerra agresiva y de la paz sumisa, proponiendo que “el poder sin amor es irresponsable y abusivo y el amor sin poder es sentimental y anémico. Esta colisión entre el poder inmoral y la moralidad sin poder constituye la mayor crisis de nuestro tiempo”.

Nosotros en El Salvador y como lideres de la región, podríamos comenzar a trabajar bajo estos conceptos, desarrollando una plataforma de encuentro intersectorial, convocando a los más destacados líderes de cada sector, quienes demuestren comprensión y compromiso por lograr el gran encuentro de nuestra sociedad. La Patria los necesita y la Patria se los premiará.

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