ES HORA DE ACTUAR

¡Es el acuerdo, estúpido!

Por Hermann W. Bruch

Parafraseando la famosa frase de campaña del ex Presidente Clinton, It’s the economy stupid, me he visto impulsado a expresar mi opinión alrededor del tema de seguridad ciudadana y el nombramiento del David Munguía Payés al cargo de Ministro de Justicia y Seguridad pues el río está tan revuelto de opiniones, interpretaciones de la Constitución y de los Acuerdos de paz, etc., que parece que lo que tenemos es un arroz con tunco de grandes proporciones, al mejor estilo guanaco.

Era de esperar que la gente del FMLN entrara en una especie de crisis institucional en torno al tema pues desde el inicio se enchibolaron y no se pudieron poner de acuerdo en cuanto a qué postura adoptar y cómo manejarlo y al final, el Presidente Funes les ha ganado la mano de manera magistral. En primer lugar les dejó claro quién manda en el país y en segundo, les mostró las telarañas mentales en las que aún se encuentran algunos de sus dirigentes quienes no han entendido que la guerra terminó hace 20 años y que el país necesita transitar a otro estadio.

Quiero antes que nada plantear que todos los salvadoreños somos ciudadanos y gozamos de iguales derechos bajo nuestra Constitución, la que por razones que desconozco puso como requisito que el cargo de Ministro de Estado es exclusivo de los seglares. O sea excluye únicamente a los curas y pastores. En todo caso, la misma Constitución establece que la Seguridad Pública y la Defensa Nacional estarán adscritas a Ministerios separados y que la Policía Nacional Civil será un cuerpo profesional independiente de la fuerza armada. En ningún momento establece que un militar – menos aún si está de baja – pueda o no ser Ministro de Seguridad. Discusión cerrada y por demás, estéril.

Lo que ha sucedido es que los señores que se han adueñado de la dirigencia del FMLN de manera antidemocrática, como es la práctica de casi todos los partidos políticos en nuestro país, se creyeron “dueños” de ese Ministerio como si fuera su coto particular de caza y el Presidente les dijo nones, aquí mando yo. Así de simple. Por lo que el verdadero asunto es un pleito privado entre la cúpula del partido y el Presidente. El país es mucho más importante que ese pleitecito y por lo tanto sus problemas deben de pasar a otro ámbito.

Lo que se requiere para poder pretender buscar y encontrar solución al problema de la seguridad ciudadana es diseñar una Política de Estado en materia de Seguridad, cosa que no tenemos y que el país está pidiendo a gritos. Y para diseñar una Política de Estado se requiere de estadistas y del consenso de la sociedad. Trabajar en este consenso es de prioridad absoluta, único absoluto que se permite en estas instancias, y para lograr resultados se requiere de un mecanismo novedoso, innovador, fuera del paradigma, sin prejuicios ni pre-condiciones excepto que el resultado debe ser integrador, conciliador, enérgico, práctico, viable y ejecutable. Para lograr esta lindura se requiere de un nuevo Acuerdo de Paz, un nuevo Pacto Social.

Ya he planteado antes que un buen punto de partida sería desempolvar el Pan de Nación y recuperar los acuerdos ahí contenidos. El nuevo Ministro de Seguridad, David Munguía Payés tiene las condiciones como para poder convocar el apoyo que requiere para poder avanzar en esta dirección y la sociedad civil debe brindarle este apoyo. No es trabajo de una persona ni de un grupo de personas. El problema es complejo y por ende la solución es compleja y requiere de ir más allá de un grupo de personas ilustradas. Se requiere de mecanismos de búsqueda de acuerdos, manejo de conflictos, diseño de estructuras y formación de leyes, transitorias algunas para controlar los niveles peligrosos de criminalidad que nos acechan. El tinglado legal definitivo debe ser revisado en su totalidad para evitar tener leyes que no se aplican por débil estructura y falta de integralidad.

Hay que comenzar ya. No hay tiempo que perder. No debemos mirar al entorno electoral pues esto está totalmente fuera del mismo y por lo tanto no debemos permitir que ensucie el proceso de diseño de un nuevo Acuerdo de Paz.

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