¿Habrá comenzado ya una nueva guerra civil en El Salvador?
Por Hermann W. Bruch

Por supuesto que muchos piensan que estoy sufriendo otro ataque de de exaltación y delirio. Otros seguramente dirán que estoy loco. Ya me han dicho loco los diputados en la asamblea. Pueda que tengan razón, pero yo solo quiero compartir con quienes se tomen el tiempo y la molestia de leer mis columnas de opinión, algunas reflexiones acerca de lo que está sucediendo en nuestro país.

En primer lugar, creo que ya hemos rebasado el límite de la razón y la cordura. Creo que el problema se ha salido del control de las autoridades. Ni el gobierno central ni los diferentes organismos del estado ni la ciudadanía tiene en este momento ningún control de la situación de caos que predomina en el país. Los únicos que parecen tener control de las cosas son las bandas de crimen organizado y las pandillas delincuenciales (“maras” les llaman) que hacen lo que les viene en gana y nos tienen a los ciudadanos atemorizados y sin ideas de cómo ni donde buscar soluciones al problema.

No es solo un problema de seguridad física. Es un problema de seguridad jurídica. Es un problema de autoridad o mejor dicho de falta de autoridad. Es un problema de falta de sensatez, de falta de inteligencia, de falta de conocimiento de la dimensión y profundidad del problema. Es un problema de ausencia de civilidad en general. La sociedad está paralizada, secuestrada, entretenida en lo superfluo, ignorante de la esencia, carente de valores, apática, inválida, desintegrada.

¿Ejemplos? Asesinan a cinco policías y el problema se politiza. Cierran calles y carreteras y la PNC no puede o no quiere actuar para imponer el orden (en países civilizados y democráticos los levantan y se los llevan presos de inmediato y si se resisten los apalean). La PNC captura a los ladrones y los jueces los sueltan. Los contrabandistas salen libres aunque fueron capturados en flagrancia. Los jueces mandan a matar a los testigos. Sí señores, los mandan a matar cuando los obligan a destapar sus caras enfrente de los maleantes asesinos. Al penal de Cojutepeque, en donde hay reos de alta peligrosidad, llegó un nuevo director y a los 4 días se da una misteriosa fuga masiva de reos. Al director solo lo suspendieron de sus funciones. Ni siquiera un reprimenda.

Se llevan a cabo requisas en los centros penales y siempre, siempre encuentran celulares (los usan para dirigir extorsiones y secuestros), y armas de todo tipo. ¿Qué raro verdad? Se siguen vendiendo armas a todo vapor. Los maleantes llevan armas de alto calibre. La sociedad civil se está armando. Las autoridades ya no pueden hacer nada. Los diputados discuten babosadas en la asamblea. La procuradora de los derechos humanos no quiere que se toque a los angelitos delincuentes. Colonias enteras (Soyapango por ejemplo) están totalmente sometidas a la voluntad de las maras. En esos lugares la autoridad la ejercen los delincuentes.

El CNR sigue siendo un desastre. Alguien compra una propiedad, se solicita una “extractada” y en camino a escriturar llega alguien y pone un embargo. El comprador ha sido estafado. Los abogados no hacen nada por corregir estas anomalías pues el negocio está en los juicios de estafa. Algunos son cómplices.
Al país llega un estafador internacional y tuerce todos los hilos legales para quedarse con las dos concesiones para la revisión técnica de automóviles. Bonita competencia. Nadie está en la cárcel. Ni la ex ministra ni el español estafador ni los asesores del ministerio. ¡Nadie!

Los que pensamos un poquito nos preguntamos ¿y por qué es necesario montar todo un elefante blanco (RTV) para hacer las benditas revisiones? En países civilizados las revisiones las hacen talleres certificados a lo largo de todo el país. No es un negocio centralizado sujeto a licitaciones millonarias y corruptas. Y si los cachan haciendo trampa, van a la cárcel y sus talleres son cerrados de inmediato.

El Salvador no tiene dinero para nada. Ni para salud, ni para seguridad, ni para educación, pero le sobra la plata al gobierno para hacer campañas super millonarias de publicidad. ¿Quienes se benefician con estos jugosos presupuestos publicitarios? ¿Alguien se atreve a especular cuánto dinero corre en publicidad del gobierno? ¿Serán más de cien millones de dólares? ¿Serán más de doscientos millones? Cuando hay campaña electoral, subirán estos presupuestos arriba de los cuatrocientos millones de dólares? ¿Quién se atreve a averiguar?

Nuestras instituciones de justicia dan pena. Dan vergüenza. Dan cólera. Nuestros patronos, los norteamericanos, denuncian año con año esta situación, pero nada se hace. ¿Por qué? A nadie le interesa pues se terminaría la pachanga. Los dineros del estado son muy apetecidos y se requiere de tener instituciones débiles, genuflexas, corruptas, para poder hacer con ellas lo que a los capos se les antoje. Los capos del dinero, del negocio, los que mandan, los dueños del país.

Ya perdimos la capacidad de reaccionar. Las autoridades confiesan en privado (PNC, Fiscalía, Hacienda, etc.) que están asustados pues las cosas se les han salido de las manos. Así es que, si no hay nada que hacer, lo que queda es seguir robando, chupando la sangre al estado. Que se mueran los pobres. Total, son pobres por designio divino, de la misma manera que son ricos los ricos por designio de Dios. Así se manejan las cosas en El Salvador.

Que no nos extrañe que la guerra civil pudiera haber comenzado ya. Solo los que no quieren ver no lo ven. Los demás nada podemos hacer. ¿O sí?

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