Falta de seriedad

¿Por qué el doble estándar?

¿Y la ética dónde queda?

Por Hermann W. Bruch

Seguramente que esto no le va a gustar a mucha gente. Seguramente que a otros les encantará, pero por razones un poco cuestionables. De lo que estoy bastante seguro es que la mayoría le aplicará un filtro ideológico “izquierda-derecha”. Qué triste, pues la idea es otra. La de llevar claridad, consistencia y congruencia al discurso social. La de educar y formar en valores y dejar atrás la trampa, la animalada, la picardía, el chanchullo.

Recientemente se armó un gran alboroto porque una diputada sacó a relucir datos relacionados con la situación fiscal a algunas empresas, con el único propósito de llevar agua a su molino legislativo para pasar una ley que enfrentaba mucha oposición de la cúpula empresarial. Estoy hablando de la diputada Lorena Peña, estoy hablando de la ley de reforma al sistema tributario, estoy hablando de que estos datos fueron publicados en El Faro y en Colatino (ahora ya sabemos que eran falsos o al menos distorsionados). Estoy hablando de izquierdas enfrentadas a empresarios de derecha que supuestamente le hacen trampa al fisco y de medios comparsas de ambos lados.

Mientras tanto, la gente que trabaja, produce, sufre por el alto costo de la vida, la gente que no trabaja porque está sin empleo y sufre dos veces, por la falta de ingresos y el alto costo de la vida, los pobres y la clase media, todos, menos los económicamente holgados, los que tienen grandes ingresos, los que tienen el control de los aparatos productivos, financieros y comerciales, todos los demás estamos siendo engañados por discursos falsos, medias verdades, datos fabricados, colados ilegalmente de instituciones que debieran ser serias.

Y el engaño no es sólo de cifras sino de principios y premisas. Se argumenta según la conveniencia. Se manipulan conceptos como si fueran de plastilina para adaptarlos a lo que conviene de un lado y del otro. Es simplemente una payasada que no tiene más explicación que la de que estamos siendo tratados como simples ignorantes y nosotros nos quedamos tan tranquilos porque hemos perdido la capacidad de pensar, reflexionar y reaccionar.

No vemos seriedad en ninguna parte. Todo parece girar alrededor de un intercambio de opiniones carentes de sustento. Los argumentos del gobierno son superficiales y, como ya he dicho, carentes de credibilidad pues constantemente encontramos contradicciones y errores que nunca son aclarados. Lo mismo sucede con el lado de las gremiales empresariales. Unos hablan y exigen transparencia al gobierno y a las instituciones, pero de igual forma ponen el grito en el cielo cuando se les acusa de no manejar sus declaraciones de manera veraz y transparente. De hecho, se defiende a capa y espada el derecho al secretismo en el manejo de los datos contenidos en las declaraciones tributarias aún cuando existen evidencias de que hay evasión y elusión en cuantías muy considerables, que pudieran incluso resolver gran parte del déficit fiscal si esto se corrigiera.

Entendemos y compartimos el argumento de mantener la privacidad de estos datos, pero al mismo tiempo debemos aceptar que si las autoridades encuentran faltas y evidencias de intención de defraudar al fisco, esto debiera ventilarse públicamente, pues el delincuente pierde automáticamente el derecho a la privacidad al momento de ser encontrado culpable. La ciudadanía tiene derecho a conocer quiénes son los infractores y cuál es la cuantía de su defraudación.

Pero como he mencionado anteriormente, el juego es perverso entre unos y otros acusándose sin seriedad y los ciudadanos dejamos de confiar. Los medios de comunicación, unos más que otros, pero como ya hemos visto, nadie se salva, participan de este juego perverso para sacar provecho propio, dejando de lado la ética y el rigor profesional, añadiendo a la confusión general en lugar de cumplir con el objetivo de informar y aclarar. Hoy por hoy, ni acusados ni acusadores dicen nunca las cosas apegados a la veracidad. Cada quien esconde algo y deja entrever a medias como dejando puertas abiertas para la negociación truculenta.

Así no se vale. No se está trabajando en pro de fortalecer la democracia en nuestro país y al observar el rumbo que toman estas cosas, todo parece apuntar a que nuestra incipiente democracia está siendo debilitada augurando nefastas consecuencias. Y mientras tanto, nosotros los ciudadanos, seguimos indolentes, aceptando pacientemente ser manipulados sin ejercer nuestro derecho a disentir, protestar y rechazar. Nuestra capacidad de expresión es imperceptible y pon ende carente de incidencia.

No son realidades para sentirnos contentos.

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