El año de los ciudadanos

La Superintendencia de Competencia: un gran paso hacia delante

Por Hermann W. Bruch

El año ha comenzado bien, al menos en el ámbito de las libertades de los individuos. Primero, la Revista TIME nos ha deleitado con su decisión de nombrar Personaje del Año al “Protester”, “una validación brutal e inequívoca de un fenómeno que ha recorrido las plazas de todo el mundo”. No es a una persona sino a millares de personas , como usted y como yo, que en alguna medida, grande o pequeña, importante o insignificante, hemos demostrado nuestra validez como ciudadanos, como individuos, que no estamos contentos con la forma como nos están gobernando quienes dicen tener el poder de hacer y deshacer todo en el mundo, privilegiando a unos pocos en detrimento del bienestar de las mayorías.

Luego, el día 6 de enero, la Superintendencia de Competencia, a través de su Consejo Directivo, ha reiterado su posición con respecto al tema de los medicamentos, confirmando la existencia de “barreras de entrada y problemas de de regulación” que contribuyen directamente al incremento (desmedido) de los precios de las medicinas en nuestro país (el paréntesis es mío).

Este servidor ha venido sosteniendo de manera reiterativa por muchos años (demasiados diría yo) sobre esta situación que, a mi juicio, es inaceptable e insostenible, pero que, por una perversa ineptitud de nuestros políticos, especialmente nuestros supuestos representantes en la Asamblea Legislativa, han hecho casi imposible corregir.

Muchos estudios han demostrado de manera inequívoca que las medicinas en El Salvador son mucho, pero mucho, más caras que en cualquier otro país del mundo, sin ninguna otra explicación que la maligna intervención de nefastos intereses que han hecho que, leyes, organismos estatales y legisladores (malos) que han logrado establecer prácticas monopólicas en este sector.

He sostenido siempre que esto es resultado de una falta total de competencia en la comercialización de los medicamentos. No soy especialista en materia de medicinas, pero de una cosa sí estoy seguro y es que, si fuéramos libres de comprar, importar y vender, cumpliendo con regulaciones sanas y diseñadas para proteger el bien común, nuestras medicinas serían muchísimo más baratas y accesibles a todos los habitantes de nuestro país. (¿le parecería poco si una medicina de $20.oo le costara menos de 2.oo?)

Como profesional dedicado al “marketing” estoy convencido que, a la larga, esto contribuiría a hacer mucho más grande y rentable el mercado y por ende el negocio para todos los participantes en el mismo. Es una cuestión que no requiere de ninguna experticia económica ni comercial: es algo que está comprobado hasta la saciedad en otros países, mucho más serios que el nuestro, más prósperos que el nuestro y más dignos, socialmente hablando, que el nuestro.

Pero desgraciadamente, y esto también lo hemos repetido hasta la saciedad, muchas personas que de alguna forma hemos tratado el tema públicamente, el mercantilismo a ultranza que aún prevalece en nuestro país, eso que permite contubernios de todo tipo entre mercaderes del dolor humano y una clase política totalmente desfigurada e ilegítima (aunque tristemente e inexplicablemente legal) es el responsable de que este y otros temas similares, sean ignorados por nuestras autoridades.

Ahora se explica que haya mencionado lo de la Revista TIME, y el Personaje del Año, el ”Protester”, al inicio de mi artículo. En El Salvador aún estamos muy lejos de lograr una cohesión y coordinación suficientemente articulada de ciudadanos que logre incidencia en el quehacer de los políticos. Y no vayan a decir por ahí que ando predicando protestas de índole violento para desestabilizar el “sistema”. En primer lugar, porque no creo en la violencia, pero sí creo en desbaratar un “sistema” perverso que no está hecho para beneficiar a la población sino para proteger el negocio de unos pocos privilegiados que lucran de manera desproporcionada a expensas de las grandes mayorías.

Es cierto que esto sucede en otras latitudes, pero también es cierto que en otros lugares esto ha sido motivo de indignación popular y de acciones de toda índole que han puesto en jaque a ese “sistema” maligno, denunciado por personalidades a lo largo de nuestra reciente historia, entre ellos el Papa Juan Pablo II, quién se atrevió a describirlo como “capitalismo salvaje”.

Como soy amante de mi país y de la estabilidad, me he sentido siempre compelido a denunciar estas cosas, advirtiendo que si no corregimos el rumbo, terminaremos en situaciones similares de descontento popular las cuales propician la desestabilización social. Al final de cuentas, ¿qué diablos le importa a la gente marginada que el sistema se descalabre si para ellos las cosas no pueden ir peor? ¿Es que no tenemos capacidad intelectual para comprender esto? Vemos los noticieros que nos muestran crudamente lo que puede pasar cuando el pueblo se cansa, pero pareciera que, adormecidos y embrutecidos por la frecuencia de “filmes” violentos en la Televisión, interpretamos estas noticias como algo normal que no nos puede suceder a nosotros. Y esto a pesar de que venimos de una guerra.

Estamos apunto de “celebrar” el vigésimo aniversario del Acuerdo de Paz y ni siquiera tenemos claro que la PAZ jamás se ha entronizado en nuestro país, al menos no para la mayor parte de la población. Por lo tanto, estas celebraciones no son nada más que otro de los grandes fraudes políticos que nos agobian día a día.

Lo sorprendente de todo esto es ver que este tema no es tratado con ninguna seriedad por la gente pensante del país. Por supuesto que esto suena a una generalización odiosa y petulante, pero insisto en que, si bien es cierto que hay voces que señalan estas cosas, el lenguaje utilizado peca de intrascendente en aras de una equivocada interpretación del rigor académico en algunos casos y de un falso apego a reglas de urbanidad en la mayoría. Al final, se señalan estos hechos, pero no se hace mella. No pasa nada y la gente no se da por enterada ni aludida. Y la cosa sigue igual.

Por ello es que me ha sorprendido positivamente la seriedad y la valentía con que la Superintendencia de Competencia se ha “atrevido” a dar publicidad a su posición técnica, sustentada en varios estudios nacionales e internacionales y en la legislación salvadoreña.

Quienes estén interesados en conocer el comunicado completo, hacer “click” en Comunicado

Feliz Año Nuevo.

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