El manoseo y la falta de libertad

El peligro del gasto público excesivo y deficitario

Por Hermann W. Bruch

Es preocupante cuando una persona o una familia o una empresa incurren en un tren de gastos muy por encima de sus capacidades. Más preocupante es cuando este gasto desmedido va por encima de la capacidad de endeudamiento, pues a veces el gastar más de lo que se gana puede ser financiado temporalmente por endeudamiento, pero este debe estar dentro de la capacidad de poder pagar la deuda y eventualmente quedar solvente.

Lo mismo sucede con la administración de un país. El enfoque debe ser el mismo, evitando la contaminación política y la tentación de saltarse estas normas. Cuando el populismo se entroniza en la administración de los países, vale decir en los gobiernos sobrecargados de politiquería barata y demagógica, entonces hay que estar alertas pues el descalabro se viene encima y las consecuencias pueden ser catastróficas. Esto es lo que está sucediendo en Europa y ya los expertos se han encargado de discutir el tema, aunque sospecho que no llegan a entenderlo a profundidad.

En nuestro país estamos jugando con fuego con el tema del gasto y del endeudamiento. Ambos corren desaforadamente en la dirección equivocada y, de no ser por las presiones externas ejercidas por organismos como el Fondo Monetario Internacional, estaríamos ya intervenidos y metidos en una debacle sin precedentes. ¡Pero, cuidado, no estamos lejos!

Hasta aquí no he dicho nada que los entendidos no hayan dicho de una u otra forma, pero quiero meterme en otro nivel y destapar el debate en torno a las posibles intenciones detrás de todo esto. Recordemos que los “economistas” de izquierda, principalmente los más radicales, han estado predicando desde antes del inicio de este gobierno la necesidad de “desdolarizar” y volver al uso del colón como moneda. Y dadas las circunstancias todo parece apuntar a que llegará el momento en que no nos quedará más remedio que hacerlo, sin entender que las consecuencias pueden ser mucho más desastrosas que la situación que se quiere corregir.

Esto sucede siempre cuando los gobiernos imponen su voluntad de manera dictatorial por sobre la voluntad de los mercados, como si la moneda fuera un bien que se debe de sacar del espacio de la libertad de elección. ¿Cómo se puede hablar de libertad si el bien transable por excelencia está siendo secuestrado por voluntades extra mercado? Esta simple acción es la que da a los enemigos del mercado y de la libertad el principal argumento en contra y concluyen que el mercado no funciona, que es perverso, que la “mano invisible” solo sirve para favorecer a los sectores poderosos, y cualquier cosa para probar su punto. Lo que nunca logramos entender es que, mientras los gobiernos metan la mano en las cosas del mercado siempre tendremos este tipo de distorsiones y resultados adversos. Claro que ese tipo de mercado manoseado es perverso y termina favoreciendo a sectores de poder. Claro que sí. El problema entonces no es la palabra mercado sino la palabra manoseo. El problema no es la libertad sino todo lo contrario, la falsa libertad, la libertad a favor de unos y la falta de libertad para las mayorías.

Hasta que los ciudadanos no comprendamos bien esto y hagamos algo al respecto, vamos a seguir siendo víctimas de esos falsos gobiernos y esos falsos economistas y esos falsos vendedores de paraísos inexistentes. Sólo nosotros podemos poner fin a este tipo de manipulación perversa del mandato que les damos a los políticos. Pongámosle límite a su campo de acción. Exijamos libertades de verdad.

Exijamos libertad en la importación y venta de medicinas, bajo reglas transparentes y sanas. Lo mismo para la importación y venta de insumos agrícolas, de granos básicos, en fin, libertad de acción para la gente y desmantelar el proteccionismo a sectores que gozan de verdaderos privilegios monopólicos. Traslademos el poder a nosotros los ciudadanos y exijamos que nuestros funcionarios cumplan con su mandato, con honestidad y transparencia.

Si logramos dejar de depender de otros para encontrar solución a nuestrosproblemas las cosas van a cambiar de verdad en nuestro país. Y si queremos comenzar por algún lado, comencemos exigiendo libertad en el uso de la moneda que más nos guste, quitándole el monopolio de la misma al gobierno y sus secuaces, los bancos.

No le tengamos miedo a la libertat.

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