Pongamos nuestra inteligencia, no los muertos

Una idea audaz y provocativa

Por Hermann W. Bruch

El Presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina ha anunciado que intenta despenalizar las drogas para buscar una disminución a la criminalidad provocada por el tráfico de drogas por su país. El Presidente Funes ha dicho que es un tema que amerita ser debatido regionalmente. Otros países de Latinoamérica se dividen en torno a este tema. Es obvio que algo tan delicado y controversial como lo es el tema de las drogas, provoque reacciones diversas y contradictorias.

Recientemente he podido leer un artículo de Rafael Castellanos en el cual plantea una idea que, aunque de apariencia descabellada, pudiera entrar al plano de las ideas a considerar, en torno al tema del combate a las drogas, el crimen organizado que se lucra de ellas y la violencia desenfrenada que todo esto conlleva. La idea plantea la posibilidad de convocar un acuerdo regional para permitir el paso de la droga por el territorio para que llegue a su destino, Los EE.UU. y que sean ellos los que resuelvan su problema internamente, sin obligar a otros países, los nuestros, a poner los muertos relacionados con ese mercado.

Son temas delicados. Pero son temas importantes porque afectan las vidas de millones de personas en un territorio que poco a poco está cayendo en las garras de un monstruo despiadado que no respeta ni familias ni jóvenes ni a los niños de esos países que lentamente se convierten en estados fallidos víctimas del flagelo de los mercaderes de lo ilícito, primordialmente las drogas. Como temas importantes, las sociedades involucradas están en la obligación de analizar, debatir y de decidir qué es lo que más les conviene.

No voy a ocultar aquí que, en los personal, he sido siempre partidario de despenalizar las drogas, pues no creo en los estados metidos en todo el quehacer de los ciudadanos. Los Estados, cuando se comportan como tal, esos que merecen ser descritos con E mayúscula, son Estados en los que la institucionalidad funciona, en donde se respeta a los ciudadanos, en donde prevalece la Libertad, si, con L mayúscula, esa Libertad que permite que seamos los ciudadanos los que definimos el curso de nuestras vidas, decidimos lo que hacemos – respetando a los demás, por supuesto esto incluye el medio ambiente – decidimos la actividad a la que queremos dedicarnos sin que el estado se meta a regular para favorecer a los sectores de poder económico, decidimos sobre nuestra salud, nuestros cuerpos, nuestras creencias, en fin, decidimos ser LIBRES. De hecho, no creo que sistemas manejados por el estado en los que se meten a sacarnos nuestro dinero para velar supuestamente por nuestro bienestar, nuestra salud, nuestro futuro, incluso nuestra educación, terminando por corromperlo todo hasta el punto de convertirlo en una farsa.

Es un tema controversial y así lo entiendo, pues nos hemos acostumbrado a aceptar sin cuestionamiento premisas que atentan contra nuestra independencia. Aceptamos injerencia estatal bajo el supuesto que allá en algún lado existen personas que lo saben todo y en el proceso abandonamos nuestro libre albedrío, ese que ni nuestro Creador se ha atrevido a quitarnos. Nosotros dejamos que otros decidan por nosotros y al final terminamos siendo sus siervos, sus esclavos y víctimas de los descalabros ambientales, económicos y financieros provocados intencional y perversamente por esas mentes iluminadas que controlan al mundo. Esas mentes que contratan y mantienen a la clase política que ha ido cayendo presa de sus intereses en lugar de defender los intereses de la colectividad.

Afortunadamente, el descalabro ha adquirido proporciones tan abrumadoramente desastrosas que ha permitido que la gente despierte y comience a tomar conciencia, viéndose motivada a actuar y a rebelarse. Eso a provocado movimientos en todo el mundo que día a día cobran fuerza y le desbaratan el juego a los tiranos y a los ladrones parapetados en instituciones supranacionales que nos desangran lentamente. Gracias a la Internet, que ahora está siendo amenazada porque esos poderes ven que las cosas se les salen de las manos, gracias a las redes sociales que funcionan en el ciber espacio, ese lugar donde sí somos libres, ahora es posible darnos cuenta de esas conspiraciones que atentan contra nuestras vidas y contra nuestro bienestar.

Basta con ver documentales como Inside Job y otros para darnos cuenta de la inmensidad de la trama en contra de la humanidad. El descalabro del mercado financiero en los EE.UU, en 2008 que a su vez se pasó llevando de encuentro a la Unión Europea la que ahora se balancea al filo de la navaja, amenazando al mundo entero, son solo una muestra de lo que nos acontece. Los cambios climáticos y las tremendas consecuencias no necesitan documentales. Basta con ver las noticias día a día y nuestra propia exposición a catástrofes inéditas, para concluir que no andamos nada bien.

Y por supuesto que los grandes mercados de consumo de la droga, muy ostentosamente los EE.UU, en dónde se juegan fortunas inimaginables provenientes de ese lucrativo negocio, quieren que nuestros empobrecidos países pongan los muertos combatiendo a los traficantes, mientras todo esto vuelve más y más lucrativo el negocio en sus propios países. Nada de lo que se haga para combatir el tráfico detiene el consumo, solo aumenta los precios y de paso engorda los bolsillos de políticos y empresarios sin escrúpulos que se confabulan para mantener vivo el negocio.

Es por ellos que una propuesta como la de facilitar el paso de las drogas por nuestros países siempre y cuando no se quede en el camino causando daño a nuestros jóvenes, podría ser una idea interesante. Si Centroamérica y México se unieran para delinear un canal de paso debidamente blindado, podría provocar que las autoridades del país del norte tomen en serio su responsabilidad en esta asunto y cambien sus estrategias comprobadamente ineficientes e ineficaces.

Pongamos a funcionar nuestra inteligencia y nuestra voluntad, al mismo tiempo que ponemos por delante nuestra seguridad y tal vez logremos cambios sustanciales en esta odiosa guerra. Pongamos a funcionar la riqueza intelectualde las personas, promoviendo debates abiertos y transparentes y seguramente tendremos resultados mejores que los que hasta ahora nos han dado los “programas” que vienen empaquetados desde otros lugares.

Es una tarea titánica, pero vale la pena ponerla en marcha.

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