¿Legalizar la droga?

¿De qué estamos hablando?

Por Hermann W. Bruch

Recientemente tuvimos la visita de la señora Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad de los EE.UU. quien vino a definir las líneas estratégicas para el combate al Narcotráfico en nuestro país y demás países del triángulo del norte de C.A., Honduras y Guatemala. Esta visita viene a coronar los pre acuerdos tomados durante la visita del Presidente Obama, hace casi un año, quien, entre otras cosas, firmó una “Alianza para la Seguridad Ciudadana en América Central”, oscuro acuerdo que despertó muchas suspicacias entre analistas de todo tinte, por la falta de definición y el exiguo financiamiento ($200 millones para toda la región en cinco años).

Napolitano viene con mayores definiciones y se encontró con una estructura que responde de mejor forma a las exigencias de Washington, una estructura de “seguridad” que, de manera precipitada, se armó, despertando nuevamente la suspicacia de muchas personas, muy ostentosamente la del partido de gobierno y los simpatizantes de la izquierda salvadoreña. Militares en las cúpulas de Seguridad y la PNC.

Estamos ante la presencia de una clara injerencia norteamericana en las cuestiones de seguridad de nuestros países ante el inminente peligro que representa el tráfico de drogas por la región con destino a los EE.UU., pero quizá lo más delicado sea lo que está detrás de lo aparente y es el peligro que representa para la seguridad del norte esas amistades entre Irán, Venezuela, Nicaragua y de manera indirecta, Cuba. Esas cuestiones los norteamericanos no las dejan al azar, aunque parezca a veces que se demoran mucho tiempo en reaccionar.

El tema de seguridad de esa gran nación, (para algunos analistas el Imperio), es algo que debemos tomar con seriedad y con mucha madurez, pues nos afecta a todos, no solo por el hecho de que millones de salvadoreños viven allá, sino porque, como región, somos tremendamente vulnerables debido a nuestra incapacidad de manejar temas de geopolítica.

Pero el tema del tráfico de drogas por lo que muchos han dado en llamar “el corredor de oro” es algo mucho más delicado y de tal importancia para nosotros, que no podemos ni debemos dejarlo en manos de los estrategas de esa poderosa nación. Debemos entender que el problema no es únicamente un problema de tráfico, sino uno de comercialización en donde el gran mercado lo constituyen los habitantes de ese país y por ende, la solución del problema radica en gran medida en ese territorio. Lo que pasa en el camino no debiera ser el centro de la atención, pero tal como se dan las cosas, es ahí (o sea aquí) donde se concentra la atención de los estrategas y en donde se establece el teatro de operaciones, muy preocupantemente de carácter militar.

Y ese es precisamente el meollo del problema. No se ataca el problema donde verdaderamente está (consumo de drogas dentro de los EE.UU.) sino que se distrae la atención para convertirla en un problema de índole militar y geopolítico que tiene otros orígenes y otros objetivos. Y para colmo de males, se nos exige que pongamos nuestros recursos, no solo monetarios sino humanos. Los muertos los ponemos nosotros mientras ellos se enriquecen con un mercado que deja de ser de drogas y se convierte en un mercado de dineros.

La pregunta que nos debemos hacer es, si realmente estamos ante una situación en donde se “mueve mucha droga” o en una situación en donde se “mueven descomunales cantidades de dinero”. Alguien de manera muy suspicaz ha llegado a describir el fenómeno como “narcocapitalismo”. Muy atinado, debemos admitir, pues de eso es precisamente de lo que se trata.

El analista Dagoberto Gutiérrez, en un programa de TV, muy atinadamente insiste en que esto es un problema de mercado y sus contrapartes le contestan que no, pero es obvio que no entienden lo que Gutiérrez quiere decir (o que éste maliciosamente no explica con claridad). Es que se juega con interpretaciones semánticas alrededor de la palabra mercado y se distorsiona el enfoque. El problema es de mercado pues estamos hablando del mercado de las drogas en los Estados Unidos de Norteamérica, que significa millones de millones de dólares y obviamente esto toca, trastoca y trastroca la esencia del problema. De ser un tema de adicción, por ende de salud pública, pasa a ser un asunto de mercado, de intereses capitalistas, de movimientos financieros de grandes proporciones, con efectos colaterales que tocan la industria de armamentos y el gran negocio militar de la guerra.

Menudo problema el que nos envuelve. Y si somos medianamente realistas, debemos entender que no es un problema que está en nuestras manos resolver, por lo que nuestro enfoque debe ser diferente, radicalmente diferente. Es aquí en donde cobra importancia lo que el Presidente de Guatemala, Otto Pérez ha planteado recientemente al proponer la despenalización de las drogas. Lo que Pérez ha planteado, que obviamente no es más que un sondeo de opiniones, es lo siguiente: si el problema es de los gringos, que lo resuelvan ellos. Nosotros sencillamente dejemos que fluya la mercancía, de manera expedita y blindada, permitiendo que vaya desde su origen (Sur América) hasta su destino (frontera de los EE.UU. con México) y que de ahí para adentro, se preocupen los norteamericanos de qué hacer con esa mercancía.

Costa Rica ha hecho algo muy inteligente, pero no del todo eficiente. Incautan la droga y se la venden a los Norteamericanos al precio de mercado, de esa forma se cobran por el trabajito sucio. El problema con este enfoque es que contribuye a mantener el precio alto lo mantiene el atractivo del tráfico. Por el contrario, el enfoque de permitir que el tráfico fluya por el corredor centroamericano sin derramar el contenido en nuestros países, tiene el atractivo de que al desaparecer la persecución y el delito, cae el precio y la criminalidad que acompaña a esta cadena comercial, por lo que, nuestros países se verían beneficiados de una disminución de la violencia relacionada.

Si además, los EE.UU. prestan atención y asumen su responsabilidad en todo este asunto legalizando y regulando las drogas en su país, entonces definitivamente se acabaría el atractivo comercial y se desbaratarían los “ejércitos” de maleantes y criminales que ahora hacen usufructo de este flagelo que nos deja con millares de muertos.

Es un debate en el que deben participar muchos sectores y muchos actores. No estoy proponiendo absolutos ni mucho menos resultados milagrosos, pero una cosa es clara y evidente: así como van las cosas, todo lo que se ha intentado hasta ahora, tanto aquí como en otros países, muy notoriamente en México, ha fracasado y ha llegado el momento de buscar más creatividad, audacia y voluntad en la búsqueda de ideas que pudieran ofrecer mejores resultados, al menos para nuestros países.

Se trata de poner el problema dónde está, definirlo tal cual es y dejar que los “dueños” de esa “basura” se hagan cargo de la misma y no nos la tiren en nuestro traspatio como lo han venido haciendo por décadas.

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