La verdad aunque apeste

¿Se nos quemó el pan en la puerta del horno?

Por Hermann W. Bruch

No hemos terminado de saborear la idea de tener una Sala independiente en nuestro organismo de Justicia cuando las fuerzas del mal se han confabulado para negarnos la paz y la tranquilidad a los salvadoreños. Lo digo con la certeza de que todo lo que está sucediendo en el campo de la política – más bien politiquería – en donde pareciera que solo impera la componenda, el cinismo y la inmundicia, nos está conduciendo hacia un resquebrajamiento de nuestro endeble andamiaje social y por lo tanto pone en peligro nuestra paz social.

Ya la delincuencia parece tener más poder que nuestras instituciones o ¿será que nuestras instituciones ya son parte del entramado delincuencial?. Da susto leer que hay propuestas de darle subsidio a las maras. Ya de sí era bastante cuestionable el subsidio que se le daba a los delincuentes buseros (¿o será que alguien aún duda de que esta calaña de gente fueron en su momento la antesala de las pandillas organizadas?). Si alguien cree que de esta forma caminamos hacia un derrotero de valores me parece que está fumando de la buena sin darse cuenta.

A ratos se siente como si un ser maligno y tenebroso se ha apoderado del colectivo salvadoreño. Ya no hay sensatez, la razón de la sinrazón parece haberse apoderado de quienes dicen tener las riendas de nuestro destino. Nosotros caminamos como “zombies” idiotizados sin saber cómo interpretar lo que está pasando. Todo parece ser una trama de esas películas de vampiros que están de moda.

Lo triste de todo es que no sólo es algo que está pasando en nuestro país. Es todo un movimiento mundial. La Kirchner se roba descaradamente la mayor empresa de Argentina y argumenta estupideces que nadie entiende, excepto ella y sus secuaces ladrones que seguramente buscan chuparle las sangre, enriquecerse descomunalmente y luego entregársela a los españoles como despojo.

En Europa los políticos y la pandilla de tecnócratas y seudo intelectuales se la pasan deliberando acerca de la forma de rescatar el Euro y por ende la integración de esa veintena de naciones mientras dentro de sus fronteras en cada uno de esos países se está cocinando de nuevo una virulenta versión de nacionalismos que, esta vez, serán más explosivos que lo que la historia nos ha contado, pues ahora juegan un papel importante “otros” nacionalismos infiltrados en sus sociedades, formados por fanáticos y fundamentalistas de culturas y religiones muy distintas a las que conformaron el tejido social europeo histórico, por si esto no habría bastado para darle al mundo las peores guerras de la humanidad.

Por nuestra América ha andado el papa Benedicto XVI, tratando de balancearse cual equilibrista circense entre la cínica diplomacia, la religión adormecedora y las perversidades ideológicas que nos mantienen idiotizados como grupo social, tratando desesperadamente de decir cosas sin decir nada para no levantar suspicacias ni herir susceptibilidades entre sus anfitriones (cubanos) y lo que ha logrado es alejar aún más a los que en algún momento pensaron que la religión y los evangelios que ésta predica tenían algún componente medianamente moral. Ya nada parece ser moral. Ya nada parece ser ético.

En los Estados Unidos los políticos y los banqueros están haciendo todo lo posible por destruir el valor del dinero que está en manos de inversionistas de otras naciones, para no tener que honrar esa descomunal e impagable deuda externa. Y así podría hablar de cada uno de lo países y regiones del mundo, pero todos leemos y vemos las mismas noticias así es que no los aburro más.

¿Qué es lo que ha fallado? No voy a intentar dar una explicación científica, ni académica ni técnica, pues no soy experto en ninguna de esas cosas. Voy a dar mi propia versión e interpretación de lo que veo, observo y entiendo de todo este descalabro como ciudadano común y corriente.

Los convencionalismos que por años mantuvieron medianamente tranquilo al mundo y, digo medianamente con verdadera intención y morbo, esos convencionalismo hechos a la medida de ciertas naciones, de ciertas élites sociales y de ciertos grupos enquistados en el juego del poder económico y político de los países, dejaron de tener vigencia con la llegada del internet y de las redes sociales. Nunca se prepararon para enfrentar una verdadera arremetida “democratizadora” de estas nuevas tecnologías y, sumado al hecho de que se desató al mismo tiempo una vorágine de hedonismo y de un laicismo sin valores éticos en donde el nuevo “dios” es el dinero, rompió las compuertas que mantenían un cierto control sobre las masas a base del discurso mentiroso y de la prédica engañosa, provocando una revolución “pacífica” de las juventudes que demandan un nuevo orden y una mayor transparencia en el manejo de la cosa pública.

Por supuesto que el descalabro afecta mucho más, por el momento, a los países menos preparados, a los más corruptos, a los más pobres de mente y de recursos, a los tercer y cuartomundistas como el nuestro. Pero eso será por muy corto tiempo pues también los grandes caerán y lo harán de manera estrepitosa. No lo dice el experto que no soy sino gente conocedora como el archimillonario húngaro-americano George Soros, o el archimillonario norteamericano Warren Buffett, y muchos otros “expertos” conocedores de qué es el dinero, cómo funciona (y otros similares como el oro negro, el oro dorado, la especulación, los derechos especiales de giro, etc.) y cómo todo eso está al servicio de los de “arriba” en detrimento de los de “abajo”. Solo que los de abajo están muy cerca de hastiarse, comunicarse, ponerse de acuerdo y provocar el mayor estallido jamás experimentado por la humanidad.

Y entonces vendrá la guerra – o mejor dicho las guerras, pues serán muchas y con frentes muy variados y objetivos distintos – como último recurso y con resultados impredecibles. A lo mejor de eso es de lo que hablan los que predicen el fin del mundo, solo que el cataclismo no sólo será ecológico sino que económico, político y social. Apocalíptico, ¿verdad?

Después vendrá un renacer, pero no nos hagamos ilusiones, que no será nada que nos pueda gustar a nosotros mientras sigamos aplicando la lógica y el paradigmadel placer y de la constante búsqueda de bienestar y de una falsa felicidad. Esta renacer será para nuevas generaciones que tendrán otro nivel de entendimiento y otro nivel de expectativas.

Hasta la próxima, si llego.

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