El diputado Argumedo mostró la hilacha
Por Hermann W. Bruch

Soy asiduo lector de El Faro, uno de los poquísimos medios de comunicación que se acercan bastante al ideal del periodismo ético y profesional en nuestro país.

Recién he leído la columna “Transversal” de Paolo Luers, un periodista de nacionalidad alemana, de convicciones firmes, salvadoreño de corazón, y, por qué no decirlo, de izquierda. Ya quisiera yo ser de izquierda como él. No lo soy porque soy de derecha, vilipendiado como “casi comunista” por algún editorialista de derecha, y porque, al final de cuentas, no me interesa ni la izquierda ni la derecha. Me importa la razón, la rectitud, la decencia, la valentía, le gente, la honestidad, El Salvador. Pero eso no está de moda ni le interesa a casi nadie. ¡Qué lástima! Podríamos ser un gran país.

Regresando a la columna de Paolo, él nos cuenta con su habitual gracia, cómo se sintió el día que tuvo la gentil idea de visitar el “set” de la Radio 102.9 montado en Multiplaza con motivo de celebrar su 10° Aniversario para saludar a Pencho, Aída y demás miembros de la radio. Allí se topó con el diputado Argumedo. Ese personaje que ha andado por todos los fangos del país, pero que no tiene la gracia de haber sido guerrillero porque sus fangos fueron de otra índole. No de montaña sino de ciudad. Fangos de política. Fangos de abogacía. Fangos de los que apestan.

Para que se entienda el título de mi columna, mostrar la hilacha en Chile quiere decir que se le salió el hilo del fustán, en referencia a esas muchachas de clase media baja que quieren aparentar en público, pero que no saben cuidar su apariencia en el vestir. Esta definición le cabe de perlas el señor en referencia. Es una vedette de quien mejor le pague. Cree que se expresa bien, pero no pasa de ser un mediocre vulgarcito.

Lo triste de todo esto es que este señor es diputado de El Salvador. La tragedia de todo esto es que es uno de tantos diputados que dicen representarnos a los salvadoreños. Quizá tengan razón. No hay manera de eludir esa lapidaria expresión que dice que los pueblos tenemos los gobiernos que merecemos. Pero desde ya y desde siempre, tengo que gritar a viva voz NO, MIL VECES NO, ESTOS MALOS HIJOS DE LA PATRIA NO ME REPRESENTAN. NI HOY, NI AYER NI NUNCA mientras no cambie el sistema electoral que los pone allí..

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