Poniéndole el Cascabel el Gato

 

Ecuador y Rafael Correa

Por Hermann W. Bruch

No me he caído del caballo ni me cegado una luz celestial. Tampoco me llamo Saulo ni soy de Tarso. Pero he entendido mejor cómo funciona la trama mediática para someter a los países que no “siguen el guión” de los países del G4 y de las multinacionales que lo escriben para sus gobiernos pusilánimes. 

Parece que poco a poco se está dibujando un diferente mapa geopolítico en contraposición a la intereses de los poderosos. Esta vez sin ayuda de un supra poder hegemónico como el de la extinta USSR. Se trata de países del “tras patio” de los EEUU (Latinoamérica) que al fin han aprendido cómo pelear y defenderse basados en la unión y la integración.

Yo siempre me he definido como liberal y hasta cierto punto de derecha, aunque he denunciado la falsa derecha y los malos empresarios mercantilistas que tanto daño le han causado a nuestros países. También he denunciado a los caudillos mesiánicos. Pero no debo negar que algo de razón tienen estos personajes que han recurrido a estos esquemas cuasi populistas para montar un frente común en la lucha por emancipar a sus pueblos del oprobioso y abusivo comportamiento de las naciones poderosas y de sus esbirros enquistados en instituciones y bancos mundiales hechos a la medida de sus intereses. Basta conocer de las esclarecedoras confesiones y declaraciones de algunos conversos “sicarios económicos”, como uno de ellos se auto define (recomiendo leer libro de John Perkins, Hoowinked o visitar su sitio: http://www.johnperkins.org/)

Para denostarme, muchos me definen como obsesionado teorista de la conspiración. Tal vez sea cierto, pues tengo una obsesión en contra de los usurpadores del poder de las mayorías desprotegidas y conspiran en contra de la democracia. De la misma forma descalifican a los grandes luchadores que han logrado poner en jaque a esos grandes poderes. Uno de esos luchadores es el presidente Correa de Ecuador, Rafael Correa. Un hombre educado en sendas universidades de “occidente” (Harvard?) con un doctorado en Economía, quien otrora sería aclamado como baluarte de las libertades (¿?) y que ahora es vilipendiado por no alinearse con las naciones de “occidente”, defensoras de las ideas judeo-cristianas (¿?) y seguir sometiendo a sus pueblos a la pobreza que esto conlleva.

Como ya mencioné arriba, por mi trayectoria liberal y de derecha,he sido reacio a aceptar a muchos de estos luchadores entre los que puedo mencionar a Hugo Chávez, Rafael Correa, Lula de Silva y Evo Morales (dejo fuera a la Kirschner porque la considero una vieja loca aprovechada y exenta de ninguna ética) y con cada uno de ellos tengo diferentes niveles de rechazo, pues aún tengo el condicionamiento síquico que me impide sumarme a la lista de seguidores o simpatizantes.

Sin embargo, mi nivel de hastío, desencanto y repudio a lo que veo que está sucediendo en el mundo occidental, dentro de las instituciones políticas, financieras y religiosas, poco a poco he ido entendiendo el camino escogido por estos personajes que de alguna firma u otra tratan de ponerle contrapesos a los abusos de los países que se agrupan en sendos cárteles financieros para chupar la sangre de los países más débiles a quienes doblegan a base de sofisticados esquemas que propician la corrupción de sus gobiernos que se endeudan más allá de sus capacidades y terminan poniendo en precariedad a sus pueblos. Lo peor y más asqueroso de todo esto es la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación del mundo entero que se suman a esta comfabulación a cambio de los jugosos presupuestos que les mandan desde arriba como mendrugos al hambriento.

En esta nefasta situación nos encontramos actualmente los salvadoreños y, secuestrados como estamos por una clase política sin escrúpulos, pareciera que no tenemos otro camino que la sublevación – y sus consabidos peligros – o terminar eligiendo a uno de estos caudillos que nos ofrecen salir de la dependencia de la órbita del “imperium”, esté en donde esté (EE.UU. y países miembros de esos clubes financieros explotadores tales como el G4, G5, G7 y otros que se suman).

Ahora que me he “confesado” y que he sacado mis chinches y pulgas al aire, seguramente que pasaré a formar parte de los desterrados, de los excomulgados y que me veré, nuevamente, castigado al ostracismo social. Digo nuevamente pues ya antes he pasado por este camino, por diferentes motivos. Y no me importa como me hubiera importado hace algunos años. No vivo para agradar a nadie. Mi única compañera de viaje es mi conciencia y creo que me siento muy bien habiendo aliviado mi mente de estas cargas de conciencia. No pienso lanzarme a la política ni pienso convertirme en luchador callejero. Solamente seguiré haciendo lo que siempre he hecho: denunciar los comportamientos reñidos con la ética, la razón y las buenas costumbres mientras me preparo para estar en paz conmigo mismo cuando la “calaca” me venga a visitar.

 

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