La exacerbación de la idiotez

La exacerbación de la idiotez

Por Hermann W. Bruch

 

Cada vez que nuestro país entra en período de elecciones (cosa que sucede casi todo el tiempo) observamos un comportamiento irracional en la gente. Personas que en momentos de vida “normal” se comportan de manera “civilizada”, al entrar en la vorágine de la campaña electoral se transforman y se comportan de formas variadas y definitivamente cuestionables.

 

Es como una especia de “llamado de la selva” que experimentan algunas especies de animales domésticos cuando se enfrentan a un espacio de libertad similar a lo que podría ser su hábitat natural. La “fiera” asoma y su comportamiento cambia.

 

Pero que esto suceda en animales es comprensible pues ellos se comportan siguiendo sus instintos. Cuando nos enfrentamos a seres humanos podríamos esperar algo diferente y, así sucede en aquellos países que han alcanzado un nivel de desarrollo alto. Pero en nuestro país observamos la presencia de cierto grado de irracionalidad y, el fanatismo ideológico parece despertar el animal que llevamos adentro y nos comportamos como perfectos idiotas.

 

De repente nuestras conversaciones se ven empañadas ante la presencia de prejuicios de toda índole, haciendo nuestro intercambio menos profesional, menos familiar, menos humano y muy, pero muy empañado de irracionalidad. Los fanatismo afloran y nos roban el encanto natural que cada quien posee en tiempos normales.

 

Este fenómeno, como ya dije, es más notorio en nuestros países de manera directamente proporcional a nuestro índice bajo de desarrollo, pero las manifestaciones varían de acuerdo a las diferencias culturales. Lo que parece no tener una explicación es que en el caso de nuestro país, la intolerancia se manifiesta más marcada en las clases sociales “altas”, incluso en grupos de mayor nivel de educación formal, siendo aparentemente un factor determinante el ideológico.

 

Los sociólogos y los antropólogos debieran interesarse por ahondar en este tema como un requisito indispensable en la búsqueda de mecanismos que procuren un cambio actitudinal en favor de un mayor entendimiento y un mejor comportamiento social. Es hora de buscar nuestro desarrollo y para lograrlo, debemos erradicar esta tendencia a comportarnos como idiotas cuando de lo que se trata es de fortalecer nuestra democracia.

 

 

 

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