El Problema es…

 

El problema cuando una empresa, un país, una sociedad ha sido manejada por hampones por mucho tiempo, aunque “respetando ciertas reglas del juego” (las propias reglas de su club privado), al cambiar de estilo de conducción, inexorablemente caerá en desorden y anarquía, pues la gente, acostumbrada a las anteriorres reglas del juego (si se les puede llamar así), a la malandrinada, a la indiferencia e irrespeto a las leyes esenciales, repetándose únicamente aquellas reglas que facilitan el juego de los mandamases, de los que ostentan el poder, de los malandrines de cuello blanco, bajo el nuevo esquema y, en respuesta a promesas populistas y demagógicas, no tendrá ningún empacho en comportarse de manera salvaje, sin coherencia con ningún sistema.
Eso ha ocurrido en Venezuela, en Nicaragua y AQUÍ EN EL SALVADOR. Por ello es que ahora ya no valen las lamentaciones, ni los llamados al “orden”. Ya nadie tiene autoridad moral para hacerlo. La desbandada ya se produjo y lo poco que aún funciona se deteriora a pasos agigatados. Una sociedad que no tiene anclajes éticos ni morales, ni apego por la legalidad (LA LEY NO IMPERA), es una sociedad sin reservas de ninguna índole. Los pocos individuos que mantienen cierto grado de conciencia se esconden al sentirse incapaces de hacer nada. Sus llamados no son escuchados, nunca lo han sido.
Sólo parece haber una salida a este embrollo y es que rápidamente y desatendiendo a inclinaciones oportunistas, estos individuos logren agruparse para tratar de diseñar una estrategia que pueda detener la caída e iniciar un proceso de concientización y de aprendizaje cívico-político (NO POTIQUERO) que permita el surgimiento de nuevas reglas que rijan el proceso político (nueva ley de partidos, nuevas reglas de básicas de organización social, etc.) y caminar lentamente, pero con paso firme y seguro hacia un reordenamiento del Estado. A estas alturas suena un tanto utópico, pero quizá valga la pena intentarlo

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