¡Habló el IMPERIO!
Ahora le toca al CIUDADANO

Por Hermann W. Bruch

El embajador de los Estados Unidos de Norteamérica habló claro y fuerte. Habló como hablan los procónsules. No dijo nada que no supiéramos, pero lo dijo con la contundencia de quien tiene la autoridad. Nuestros medios de comunicación, las gremiales empresariales, los políticos y politiqueros, los intelectuales, en fin, todo el mundo, se hizo eco de las palabras del señor Barclay. Da la impresión de que nadie se ha atrevido a hablar claro hasta que el gran jefe diera la señal. ¡Qué triste! Un país cuya gente no se siente con la libertad de decir las cosas por miedo a ser mal visto, a ser criticado, a ser castigado con el aislamiento social.

Mientras todo esto pasaba, nuestro presidente pasea por lejanas tierras, dedicándose a asistir a banquetes y recepciones, luciendo lindos y costosos trajes, acompañado de su séquito presidencial. Si somos suspicaces diríamos que el “timing” fue magistralmente escogido por quienes organizaron el evento de FUSADES, para evitarle al presidente Saca la vergüenza de estar presente al momento del tirón de orejas. Como dicen los expertos en protocolos, hasta para eso hay dispensas diplomáticas.

Mientras tanto, parece que algo ha despertado en el país. Yo quisiera pensar que se ha despertado la conciencia de los ciudadanos. Ojalá. Pero más me da la impresión de que lo que está sucediendo es una especie de morbosidad colectiva, de la que somos expertos los salvadoreños. Despedazamos al prójimo cuando no está presente. Nos lo comemos vivo. No estoy tan seguro que se mantendrá el discurso mediático cuando Tony regrese. Más bien creo que llegarán los lambiscones a presentarle sus respetos, a condolecerse con él, a expresarle solidaridad y obediencia.

Es penoso ver cómo los principales diarios se han atrevido a decir lo que debieron decir antes. Lo hace a uno recordar los tiempos de colegio cuando nos parapetábamos detrás de un chico grande para gritarle a otro compañero. Los medios de comunicación ahora tienen permiso de hablar.

Pero veamos un poco más a fondo. No todo parece ser negativo. Por ahí anda moviéndose un grupo cada día más grande y activo de ciudadanos que están haciendo lo que los ciudadanos debemos hacer. Y me consta que este movimiento comenzó a actuar mucho antes que el embajador gringo hablara. Casi me atrevo a decir que las palabras del embajador se soltaron al ver lo que los ciudadanos estábamos haciendo. Nosotros le dijimos a los responsables del gobierno que dejen de hablar tanta PAJA. El embajador dijo lo mismo, pero con lenguaje más diplomático, aunque decirle “gorrones” a los empresarios que no pagan impuestos es una expresión que se sale de los cánones de la diplomacia.

Si este movimiento ciudadano prospera y desemboca en acciones más directas, más concretas, creo que vamos por buen camino. Si al menos lográramos desempolvar el Plan de Nación, resucitarlo, revitalizarlo, actualizarlo y ponerlo en práctica, tendríamos mucho terreno ganado. Las voces deben hacerse oír. Los protagonistas de ese excelente instrumento de análisis y propuesta están en la obligación de salir a la palestra y pronunciarse con firmeza, sin retórica ni eufemismos blandengues. Directo al grano, manos a la obra, con determinación y convocando a grandes ingentes de personas para evitar caer en el dirigismo con que se montaron las mesas de trabajo originales. En aquel momento posiblemente se justificaba este dirigismo, pero ahora estamos en otro momento, otro ánimo y otra capacidad ciudadana de participación.

El embajador Barclay ya ha hecho lo suyo. Ahora es nuestro turno, el turno de los ciudadanos. ¿Vamos a reaccionar y a ponernos a trabajar en resolver nuestros problemas o vamos a quedarnos tranquilos esperando que otros nos lo resuelvan?
De nosotros dependee.

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