El problema de los fanatismos son los anti ISMOS

Por Hermann W. Bruch

Nuestra historia reciente nos expone ante el problema causado por fanáticos que andan matando gente bajo el supuesto mandato de postulados religiosos fundamentalistas. La historia está llena de recuentos de cruentas expediciones y gestas bélicas motivadas por creencias religiosas e impulsadas por caudillos inescrupulosos que se auto proclamaron los baluartes de alguna religión.

Occidente, como denominamos a la cultura que se desarrolla a partir de la ilustración cristiano-europea, desemboca en un proceso civilizador y civilista que ha permitido el culto a la libertad, el respeto a los derechos de los demás (derechos humanos) y la democracia como sistema político de convivencia, con todo y sus imperfecciones.

Estas conquistas, que nos alejaron del oscurantismo religioso del medioevo, han creado en muchas sociedades desarrolladas del mundo occidental, un desmedido goce de comodidad hedonista y egoísta, acompañado de un culto inmoral a la voracidad. Nos alejamos de ese dios que otrora era despiadado y castigador para acercarnos a un dios benévolo y paternalista para luego cambiarlo, recientemente, por el dios dinero que es el que ha penetrado de manera pervertida, todos los tejidos de nuestra sociedad.

Ahora, las cruzadas no son para rescatar lugares sagrados o símbolos religiosos en nombre de dios, sino para rescatar lugares de producción petrolera que se han convertido en el símbolo sagrado de nuestra cultura del despilfarro. Y como resultado obvio de estas ilegítimas cruzadas obtenemos la reacción de grupos fundamentalistas que confunden el mandato de su profeta y lo convierten en un grito de guerra implacable.

Ni Jesús ni Mahoma ni ningún profeta escribieron de puño y letra ningún documento de guerra. Los evangelios, escritos por hombres mucho tiempo después de muerto el Jesús histórico y adulterados posteriormente por un emperador siniestro que utilizó a su antojo las enseñanzas de amor para salvar su imperio, han sido deformados para acomodar las ambiciones de líderes políticos, religiosos y mercantilistas hasta provocar el descalabro de la fe y desembocar en la frialdad y hedonismo que aquejan a nuestras presentes generaciones.De igual forma, el Corán no fue escrito por Mahoma y las enseñanzas del profeta seguramente no predicaban el odio y la muerte del prójimo.

Mientras tanto en el oriente, sociedades milenarias con historias y culturas diferentes a las nuestras, intentan rescatar a sus congéneres de los embates del materialismo y capitalismo salvajes, deformando y exacerbando escrituras sagradas para lanzar a los jóvenes idealistas e ingenuos a una guerra suicida sin cuartel contra el imperio del mal, o sea occidente.

Pero a nadie escapa el hecho de que detrás de todo esto está presente el ulterior objetivo de conquistar y mantener el monopolio indiscutido del oro negro y otros “oros” como el de las drogas (opio, heroína, etc.)y los tráficos de seres humanos y de sus entrañas y órganos vitales.

La guerra no es por principios religiosos ni morales. Estos son solo los escudos perversos utilizados por mentes diabólicas. Los fanatismos religiosos no logran atraer a las multitudes si no son distorsionados por anti ISMOS. La ausencia de sustento moral obliga a la búsqueda de enemigos. Dios no es atractivo si no creamos al Diablo. El amor no puede experimentarse si no provocamos el odio. Irrespetamos a otros porque no somos capaces de respetarnos a nosotros mismos. Por lo tanto, estamos constantemente promoviendo los anti ISMOS – anti comunismo, anti capitalismo, anti cristianismo, anti islamismo, anti semitismo (judaísmo), anti castrismo, anti chavismo, anti imperialismo, etc., etc.

El ilustrado artículo de Mario Vargas Llosa de este domingo, publicado en El Diario de Hoy, www.elsalvador.com/noticias/2006/10/22/editorial/edi4.asp nos expone magistralmente ante la realidad europea, en un análisis del libro de Ian Buruma, Asesinato en Amsterdam, en el que plantea que no son los egoístas, complacientes y acomodados europeos los que están luchando por salvar su “civilización” sino que los “nuevos ciudadanos”, esos inmigrantes islámicos que luchan por defender esa cultura que ahora han hecho suya, precisamente porque aprecian el valor de la libertad, el respeto de los derechos de hombres y mujeres y la democracia, por haber sufrido los excesos y horrores del “oscurantismo religioso y la barbarie política” de los lugares de donde vinieron sus antepasados.

Nuestro país no sufre, gracias a dios, de esas odiosidades y fanatismos religiosos, pero hemos caído víctimas de algo tan pernicioso y perverso como son los fanatismos ideológicos que nos han conducido a una polarización que nos asfixia y nos consume. Resultado de esas intolerancias es el haber permitido el deterioro social que ha producido brechas injustas e insostenibles en la producción, repartición y tenencia de riqueza y el aparecimiento de las maras que no son otra cosa que una expresión sui generis de voluntad de un grupo marginado que lucha por participar de esas riquezas que ostentan los que las han mal habido. De ahí que no podemos esperar erradicar este flagelo sin antes comenzar por hacer una limpieza ética en las altas esferas del poder.

El combate a la delincuencia debe, por ende, comenzar por combatir la corrupción, el robo descarado y abusivo de las riquezas del Estado por esas alimañas que se nutren del mismo valiéndose de amañadas adjudicaciones de licitaciones y jugosos contratos, malversando de paso nuestro dinero.

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