Comisiones y elecciones

Por Hermann W. Bruch

La mayoría de los salvadoreños (¿?) aplaude la decisión presidencial de constituir una nueva comisión, con la esperanza de que de esta manera desaparecerá la violencia y la delincuencia en nuestro país. ¡Qué ilusos somos! ¿O será que somos ingenuos? Sea cual sea la definición de lo que somos, lo que sí es cierto es que los salvadoreños guardamos algo de fe, algo de esperanza y, quizá lo más importante de admitir, mucho de insatisfacción con la actual situación del país.

El IMPERIO habló hace un par de semanas y de repente, despertamos todos. Despertaron la mayoría de medios de comunicación normalmente sumisos y obsequiosos. Mientras no reciben señales de arriba, normalmente no se atreven a tocar temas de profundidad. No se arriesgan a perder esos jugosos presupuestos de publicidad que emanan del gobierno y sus instituciones. Pero con permiso del gran jefe del norte, la cosa cambia.

El presidente viajero, no tarda en aterrizar cuando ya tiene lista la solución: una comisión. Acompañada del tirón de orejas del Embajador Barclay seguramente venía la propuesta irrefutable de “hacer algo” (¡Háganlo! For Christ sake, do it! Traducido al léxico guanaco, ¡déjense de PAJA y hagan algo!) Y este inequívoco comando se traduce ipso facto en una comisión. No quiero ser aguafiestas. El país no está para que le bajen, aún más, los ánimos. Sólo quiero recordar que hace unos quince años también se conformó una comisión presidencial, en aquella ocasión contra la “corruptela”.

El informe de dicha comisión le fue entregado el entonces presidente Cristiani y ¿qué pasó? Como por arte de magia, desapareció. NUNCA EXISTIÓ. La corrupción siguió cada vez más rampante, pero a partir de entonces con la venia presidencial (no podemos interpretar de otra manera el gesto del señor presidente de la paz) y al cabo de catorce años, más o menos, nuestra situación es tan, pero tan caótica, que el señor Embajador de la Estados Unidos de Norteamérica se sale del protocolo y nos regaña y nos dice BASTA YA, HAGAN ALGO. ¡HÁGANLO! (Y el señor Joaquín Villalobos, desde Oxford, nos dice que ya es demasiado tarde)

¿Por qué estoy relacionando aquellos lodos con estos polvos? Amigo lector, si usted ha sido tan paciente como para leer hasta aquí mi columna, seguramente es usted un ente pensante y por lo tanto, lo invito a responder usted mismo la pregunta. No vaya a ser que alguien se le ocurra pensar que yo tengo información privilegiada y que por eso estoy sacando estas conclusiones.

Ahora permítame explicar, si es que requiere explicación, el por qué del titulo de esta columna de reflexión. No es más que una consabida costumbre que tengo de ser suspicaz. Tenemos elecciones en EE UU dentro de una semana. El problema de las “maras”, mundialmente conocidas luego de esa multifrecuente exhibición de National Geographic Television, merecedoras de un sorpresivo gesto en el Camp Neu de Barcelona, previo al encuentro de dos titanes del fútbol europeo, el Barça y el Shelsea, repito, el problema de estas maras es un problema de seguridad nacional en los Estados Unidos, no sólo en El Salvador. Reconocido este dato por la mismísima FBI.

Siempre hemos querido ser famosos y reconocidos mundialmente. Lo hemos logrado. Sí señor Embajador Barclay. No somos tan babosos ni tan incapaces de hacer algo, los salvadoreños. Nuestra Mara Salvatrucha es una clara evidencia de laboriosidad, organización y eficiencia. Que alguien me diga lo contrario y verán ustedes a un despistado. Nuestra marca de manos salvadoreñas se ha convertido ahora en “marca de maras salvadoreñas”. Nada para sentirnos orgullosos, por supuesto, pero al menos debiera hacernos reflexionar ante la necesidad de abandonar nuestra consabida postura de incondicionales amigos de Bush y convertirnos en defensores de nuestra seguridad, nuestra integridad y nuestra salvadoreñidad.

Unos cuantos consejos para nuestra flamante y multi sectorial Comisión Nacional para la Seguridad Ciudadana y la Paz Social (con ese rimbombante nombre debiera augurársele el más rotundo éxito). Espero que el hecho de que no haya sido nombrado ningún representante de la ciudadanía, no sea un mal augurio. Por supuesto, me dirán algunos, ciudadanos son todos los que están ahí. Y yo les respondo ¿entonces porqué tanto esfuerzo para demostrar su conformación variopinta? Los ciudadanos fuimos los primeros en mandarle a decir a los gobernantes que se dejaran de PAJA. Pero nadie nos puso atención, al menos ningún medio de comunicación. Fue sólo hasta que el EMBAJADOR habló, que resucitaron de su aletargada y repugnante posición de caja de resonancia del gobierno.

El consejo que quiero darle a la Comisión es que busquen llegar al los verdaderos meollos del problema (los problemas de El Salvador tienen varios meollos). El primero es la perversa legislación que regula todo el sistema electoral de nuestro país: partidos políticos, financiamiento de los mismos, el TSE, la representatividad, los distritos electorales, las candidaturas independientes, etc.

Otro meollo es el del mercantilismo o mejor planteado, la deformación del liberalismo. ¿Puede alguien explicarse cómo es posible que muchos altos dirigentes del partido ARENA )liberal de fundación) se llenen la boca diciendo que no son liberales? ¿Y entonces qué diablos son? No hay peor aplicación de un modelo que el que se tuerce y corrompe desde su raíz y, ese señores, es el triste caso nuestro.

Tercer meollo, es el problema de la desigualdad ante la ley. Cuando ésta se aplica (muy raras veces y casi siempre de manera retorcida) la ley es diferente para los de arriba que para los de abajo. De Perogrullo dirán los intelectuales. Eso es así desde siempre y en todas partes. Cierto, pero igualmente deleznable.

Cuarto meollo (y muy relacionado al anterior) es el del pago de impuestos. Ya es tiempo de que TODOS seamos tratados de igual forma. ¿Cómo es posible que se permita tanta evasión y elusión al grado de que los estimados oficiales son de que deja de recaudarse el 60 % por esos motivos? (de paso que pague impuestos los medios impresos).

No quiero atosigar a los señores de la Comisión. Ellos ya saben lo que tienen que hacer y no es de buen gusto que un simple ciudadano les venga a decir qué y cómo hacerlo. Después de todo, no somos más que simples y vulgares ciudadanos que andamos diciendo las cosas usando un lenguaje de la calle. “Déjense de PAJA y hagan algo” no es manera de hablarles a los gobernantes, mucho menos a los honorables jueces y, por supuesto, jamás se les habla así a los dignos representantes del pueblo en el primer órgano del Estado. Es apenas un insignificante detalle el que el embajador norteamericano nos haya dado la razón y nos respaldara de manera contundente.

Lo interesante hubiese sido que la ciudadanía estuviera representada en la Comisión, pero no ha sido así. Ahí está la empresa privada, para defender sus intereses, como siempre. Ahí están las iglesias para rasgar sus vestiduras, como siempre. Ahí están los partidos políticos para hablar paja, como siempre. La academia está muy visible y es quizá lo que más se acerca a la ciudadanía, pero moralmente no se han ganado esa representación pues han estado dándonos la espalda, desde siempre.

Y por último, como una forma de cerrar esta reflexión con una idea provocativa, tal vez los señores de la Comisión demuestran su independencia y su autonomía y deciden invitar a un par de miembros de las maras para que participen en la búsqueda de una solución verdadera y sostenible al problema de la delincuencia en nuestro país y en la región. Después de todo ya han demostrado que no son ningunos tontos.

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