¿Instituciones ingenuas o ingenuidad institucional?

Por Hermann W. Bruch

Impresionantes las declaraciones de dos de los magistrados propietarios de la Cámara Primera de lo Penal al aceptar que “cometieron un error al emitir 18 horas tarde la orden de captura en contra del diputado Roberto Silva Pereira. Sin embargo, aseguran que actuaron de buena fe y acusan directamente a la Fiscalía de la fuga del legislador acusado de cohecho y lavado de dinero y activos”.

Realmente, estamos frente a una crisis institucional de grandes y graves proporciones. Razón tiene la cúpula empresarial – ANEP – al exigir de manera enfática, cambios en la seguridad. El hecho de que el arzobispo de San Salvador, las asociaciones empresariales y la ciudadanía en general estemos diciendo que el manejo del caso Silva por parte de las instituciones involucradas ha sido una burla, debiera ponernos a pensar en lo siguiente: son nuestras instituciones serias o simplemente son guaridas de bufones que se ríen de nosotros los ciudadanos a sabiendas de que somos tan babosos que nos tragamos todo cuando sucede en nuestro país sin ni siquiera pestañear.

Qué mal me siento al saber que formo parte de este conglomerado. No tengo ningun estímulo para sentirme orgulloso. Dirán que soy fatalista, que soy alarmista o que soy alharaco y quizá tengan razón. Motivo adicional para no sentirme bien siendo salvadoreño. Nací y me crié sintiéndome racional, inteligente, comprometido con mi gente, con mi país, con la ética, la moral y la decencia. Me eduqué en colegios con profesores que me enseñaron no solo conocimientos sino las bases de la convivencia sana y respetuosa entre personas. A diferencia de estos magistrados que se criaron con códigos “el otro código, con el de 1973” según el juez Arévalo, dando a entender que ese código les enseñó a ser ingenuos, a no pensar, a no ser listos, a no ser éticos. En fin, sus declaraciones dan mucho que pensar.

No me cansaré de insistir de que ha llegado la hora de reaccionar y poner en orden la casa. Por supuesto que me dirán que estoy metiéndome en el tema electoral y lo acepto enfáticamente. Si no entendemos que estas cosas nos están llevando día a día y vertiginosamente hacia un estado de podredumbre y de insatisfacción ciudadana difícil de revertir, no nos quejemos el 2009 si de repente elegimos un gobierno antisistema que nos llevará a un enfrentamiento social con repercusiones catastróficas.

Y no es que me refiera a un gobierno de izquierda antisistema sino que a un gobierno de cualquier signo ideológico incapaz de mantener la estabilidad y la gobernabilidad necesarias para transitar por la vía del desarrollo y el progreso. Un gobernante populista, dispuesto dar al traste con nuestras instituciones (debilitadas por la corrupción o ingenuidad, como quieran llamarle) será muy probablemente el perfil que los ciudadanos estaremos eligiendo, de cualquier bandera, pues así como estamos manejando las cosas, es lo único que podemos esperar. Pero como nos encantan los dichos, seguramente nos estaremos sometiendo al que dice “No es lo mismo verla venir que tenerla encima”. ¿Es eso lo que queremos salvadoreños?

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