Institucionalidad cuestionada
Por Hermann W. Bruch

Los últimos acontecimientos en Guatemala han puesto al descubierto algo que tenemos años de estar advirtiendo, no sin haber sido calificados de agoreros, apocalípticos y otros epítetos que no lograron más que desalentar a muchos, acallar a otros y convertir a algunos de nosotros en personajes aguafiestas y hasta antipatriotas. La institucionalidad de nuestros países (no nos hagamos ilusiones, también en El Salvador la cosa huele muy mal) está en quiebra, en bancarrota, en deuda con la gente, en deuda con el futuro ¡Qué lástima!

Pudimos hacer algo después de los mal llamados acuerdos de paz y no lo hicimos. Sólo fue un Acuerdo y no fue completo. En las buenas intenciones quedaron muchos otros acuerdos que nunca se alcanzaron por la miopía de los políticos y de los ciudadanos en general. Nuestra patria, a la que muchos adoran ideológicamente y otros aman desaforadamente, ha caído víctima de esa idiotez ciudadana que tanto mal causa a los países.

Mientras nuestro nuevo Ministro de Turismo da el banderillazo de salida a una campaña de Marca País, algo bueno y necesario, el país está en entredicho. Por supuesto que El Salvador es IMPRESIONANTE. Nadie lo pone en duda. Pero no se trata de amar o no a nuestro terruño. Se trata de poner en orden la casa y eso pasa por instaurar el Estado de Derecho y la Institucionalidad. Ningún país, por muchas marcas que le inventemos ni por muchas ganas que le pongamos los ciudadanos, tendrá valor de exportación si no aprendemos a someternos al imperio de la ley y si no trabajamos por imponer un verdadero y robusto Estado de Derecho.

En Guatemala, lastimosamente, han perdido la vida cuatro salvadoreños, víctimas de un vil y desalmado atentado contra la vida y la civilidad. El crimen organizado, entronizado en las altas y medianas esferas del poder de nuestro vecino país, nos dado un ejemplo, con lujo de barbarie y de impunidad, de la capacidad que ha logrado de infiltrar la casi totalidad de las instituciones del estado, poniendo en ridículo a su presidente y a sus más altos funcionarios. La situación en aquel país es caótica, anárquica, penosamente corrupta. Pero no debemos señalar hacia allá cuando tenemos tanta fragilidad en casa.

Si no nos ha explotado en la cara en nuestro país es solo porque se ha manipulado la noticia con mucha habilidad, mandando señales equivocadas a una ciudadanía adormecida por tanta publicidad, apática tras años y años de sufrir de los desmanes de malos políticos y seudo dirigentes sociales. La complicidad de la gran mayoría de medios de comunicación es, por decirlo con suavidad, apabullante.

De acuerdo a la propaganda gubernamental, ostentosamente avalada por muchos de estos medios, nuestro país es presentado como un adalid de las oportunidades, en donde un mísero (y cuestionado) crecimiento anual de 3% es presentado como indicador de éxito de una seudo política económica sometida a la voluntad de gobiernos extranjeros. La dolarización se ha planteado como panacea de todos los males. El CAFTA, como piedra filosofal que viene a terminar con la pobreza. Y las voces críticas son desarticuladas, descalificadas como comunistas o en el mejor de los casos, como de personas ingenuas que no entienden de economía ni de altas finanzas. En ese mismo contexto, a los que advierten del problema del calentamiento global los tildan de alharacos, predicadores del fin del mundo, izquierdistas, cualquier cosa que sea entendida como contraria a los intereses de la humanidad.

El dinero ha sido convertido en una deidad a la que sólo los pobretones carentes de ambición no rinden pleitesía. No se trata de satisfacer necesidades. Se trata de tener mucho, no importa cómo se obtiene. Las fortunas “express” se han puesto de moda. Nadie cuestiona nada. Funcionarios públicos se convierten de la noche a la mañana en millonarios y, aparte de causar envidia a muchos, a la mayoría ya no le asombra.

Nuestro sistema de justicia es tan cuestionado como lo puede ser el de Guatemala. Aquí se deja ir libres a contrabandistas, a narcotraficantes, a diputados corruptos y corruptores, sin que eso detone una investigación profunda y exhaustiva de parte de las altas autoridades del sector. Pero no vaya ser que una niña caprichosa, hija de papá magistrado de la corte suprema de justicia, interponga un recurso amañado y retorcido en contra de autoridades del deporte (me refiero al caso del Boliche), para que esa misma corte suprema de marras, rauda y veloz responda en favor de la hija del colega y suspenda las libertades de todo un cuerpo directivo por el solo hecho de haber emitido un fallo sujeto a las reglas del deporte – que no debiera ser jurisdicción del sistema judicial.

Un titular del gabinete es cuestionado seriamente por irregularidades en sugestión ministerial y solamente es sustituido sin mayor consecuencia. No hay investigación. Los medios de comunicación (los grandes que reciben jugosos presupuestos publicitarios del gobierno) no tocan el tema. Mientras tanto, la delincuencia galopa libremente en nuestro país y en lugar de que las causas sean debatidas abierta y públicamente, eses mismos medios van a Casa Presidencial y se someten a un acuerdo para tratar el tema de tal forma que no afecte el gobierno en turno, pues el fantasma del comunismo acecha fuertemente para los próximos comicios y no hay que debilitar el partido que representa los intereses sagrados del país – entiéndase los intereses sagrados de los grupos de poder fáctico.

Miles de salvadoreños han sido víctimas de asaltos en la vecina República de Guatemala sin que esto fuera prioridad en la agenda de nuestro presidente Saca. Más bien, de manera complicitaria con su homólogo del país vecino, se trató de acallar a un movimiento ciudadanos que hace un par de años expuso el problema por medio de vallas publicitarias y los correos electrónicos. Ahora, tres diputados de ARENA y su escolta, fueron asesinados con lujo de barbarie en Guatemala y, de repente, las altas esferas del poder se han despertado. El falso nacionalismo ha vuelto a campear como si se tratara de un crimen ideológico.

Ese mismo movimiento ciudadano ha vuelto a salir a la luz pública, demandando acción en nuestro país en contra de la apatía de jueces, autoridades, diputados y policías en el combate de la delincuencia institucionalizada, pero nuevamente, se ha querido calificar el asunto como cosa de algunos loquitos que no tienen nada que hacer y que están tratando de desestabilizar al gobierno quién sabe si con motivación electoral.

En nuestro país, el crimen organizado controla, desde las cárceles, los secuestros “express”, asesinatos de jóvenes que no aceptan caer en las garras de esas organizaciones del mal, extorsiones a granel, todo manejado por medio de sofisticados sistemas de comunicación y, como respuesta, las autoridades simplemente describen el problema como un problema de “maras” (pandillas juveniles), haciendo caso omiso de la sabiduría popular que sabe que todo esto es parte de complejas y funcionales organizaciones del crimen, que han infiltrado nuestras vitales instituciones del estado. Muy similar a lo que sucede en Guatemala, pero preferimos ensañarnos con el mal ajeno cuando en casa la cosa está bien podrida también.

¿Hasta cuándo vamos a entender que ya es tiempo de que pongamos nuestras barbas a remojar? Es hora de dejar de hablar PAJA y hacer algo por salvar a nuestra patria de las fuerzas del mal que la tienen secuestrada.

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