Espejitos verdes
Por Hermann W. Bruch

Los que medio hemos leído y recordamos las clases de historia latinoamericana, posiblemente estamos familiarizados con ese ingenioso concepto de intercambio comercial inventado por los conquistadores españoles, quienes embobaron a nuestros antepasados obsequiándoles espejitos a cambio del preciado oro americano. Estas son cuestiones que pertenecen al género de la fantasía histórica, o sea todo aquello que se ha escrito en torno a anécdotas y relatos que pudieron haber sido originados en hechos reales, pero también en inventos de cantina.

De lo que sí podemos estar seguros es de que en estos días, una nueva versión de este tipo de trueque ingenioso y extremadamente favorable para los conquistadores contemporáneos nos están queriendo imponer a través de una millonaria campaña publicitaria, diseñada en los talleres creativos de algún genio de la comunicación extranjero – en este caso canadiense – a quien seguramente le han entregado un extenso “brief” acerca de nuestra ingenuidad, ignorancia y propensidad a la corrupción. Le habrán dicho a este “creativo publicitario” que los salvadoreños nada o muy poco entendemos de minería. Que nuestros diputados rojos, siguen a ciegas el ejemplo de Hugo Chávez, Evo Morales, Alan García, Fidel Castro y del gobernante de Irán, cuyo nombre jamás podré memorizar. Además, en el “brief” estará implícito el hecho de que las autoridades de gobierno estarán dispuestas a autorizar cualquier inversión extranjera que tenga al menos un par de estos ingredientes: que sea millonaria, que no tenga escrúpulos para facilitar el camino mediante el pago de comisiones a diferentes niveles y personajes y que mantenga atolondrados a los ciudadanos siguiendo las enseñanzas del famoso publicista Goebels, quien ocupa importante lugar a los anales de la historia y en los libros de la publicidad política, con su famosa máxima “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Y es así como en lugar de escuchar canciones de Ricky Martin, Shakira o de Pavarotti (sí señores, hasta la radio Clásica ha sido inundada), las radios ahora nos saturan con la cancioncita esa de la minería verde. MINERÍA VERDE, señores. No dorada, ni plateada ni negra. VERDE y, para que entendamos los tontitos salvadoreños, nos explican que minería verde es porque están preocupados por entregarnos agua más pura, hacer que broten bellos bosques, que la gente de la zona viva cien o más años, en fin, milagrosa la tan bendita minería.

¿Y qué estamos esperando los salvadoreños para comenzar a vivir en este paraíso? ¿Cómo es posible que nos hemos esperado tanto tiempo siendo así que estas bondades han estado ahí esperando a que las aprovechemos? Ya sé, ya sé. Los trogloditas del Frente se oponen y por eso es que hay que atormentar a todo el país con la propaganda para que esos señores trasnochados entiendan que, si Hugo Chávez permite la minería, ellos tienen que permitirla también. Y si es verde es mejor.

Ah, olvidaba mencionar que a las comunidades de la zona en donde va a llegar esta maravilla debieran, además de la embriagante publicidad, llevarles espejitos verdes. Ellos se lo agradecerán mucho pues hoy por hoy es quizá lo único que les quedará de todo esto. El oro se irá para Canadá, los sueldos, quizá no alcancen para comprar espejos, ni peinetas. Los impuestos que quedarán en el país seguramente se los robarán los expertos en finanzas públicas. Mientras tanto, la esperanza que nos queda a los pacientes ciudadanos es que, con la llegada tempranera de la campana política presidencial, municipal y legislativa, tendremos diferentes canciones para escuchar y descansaremos de la “campaña esmeralda”.

You can leave a response, or trackback from your own site.