Transparencia opaca
Por Hermann W. Bruch

Muy interesante la iniciativa de FUSADES y FUNDE de montar foros alrededor del tema de la transparencia y de cómo ésta, o la falta de ésta, afecta el desarrollo de los pueblos. Prefiero hablar de pueblos y no de países pues al final de cuentas, es las sumatoria de actitudes ciudadanas la que contribuye al fenómeno de la corrupción, que es al final del camino el resultado de una cultura de no transparencia.

El título de esta artículo de opinión tiene como propósito traer a nuestra atención el cómo nosotros las personas que conformamos un conglomerado social, tenemos la peregrina esperanza de que podemos demandar que las autoridades actúen con transparencia o que las instituciones sean transparentes, mientras nosotros mismo estamos lejos de serlo. De ahí que la transparencia deja de serlo y se torna opaca puesto que nosotros, los que debiéramos de vigilar porque la cosa pública funcione con transparencia, somos turbios, tramposos, animalitas, tal como lo denuncia muy valientemente Roberto Rubio en un artículo reciente, publicado en la Prensa Gráfica.

Sin embargo y a pesar de que la última responsabilidad de lo que sucede en un Estado es de los ciudadanos, quisiera aportar un detalle que suele mencionarse de manera muy tímida, pues hay mucho temor a represalias. Es el hecho de que nuestros gobiernos han prostituido la institucionalidad del Estado habiéndolo secuestrado al servicio de un grupo de malos empresarios que consideran que la cosa pública es su coto privado de
caza. Y esta es quizá una de las principales causa del mal estado de nuestra economía, la que arroja cifras mentirosas para ser publicadas de forma distorsionada que conducen a engaño, mientras la gente siente y palpa el deterioro de su calidad de vida en todos los aspectos imaginables: económico, seguridad, violencia doméstica, educación, valores, etc.

Las instituciones internacionales juegan un papel importante en este constante engaño pues ingenuamente (si es que son capaces de ser ingenuas) se tragan las estadísticas que les ofrecen las autoridades y siguen patrocinando un juego peligroso de hipocresías que a la larga, sólo puede desembocar en el advenimiento de grotescos personajes populistas que descaradamente ofrecen curas milagrosas que la gente les cree pues sienten que ya nada tienen qué perder. De hecho, se apodera de todo un cuerpo social un sentimiento de desesperación, de resdentimiento, de venganza y se producen los Hugo Chávez que se ofrecen como paladines de los desamparados para desquitarse de los abusos que por años han venido sufriendo de parte de los que ostentan el poder.

Muy bien lo plantea Joaquín Villalobos en su artículo de este día (5 de noviembre 2007) cuando denuncia a quienes manipulan y desinforman a la gente haciendo un mal uso del poder que tienen de manejar la opinión y las noticias. Fue algo de esto lo que propició a don Hugo – el guasón – Chávez a no extender la concesión de uso de la frecuencia a Radio Caracas Televisión – RCTV, quienes teniendo la oportunidad de aprovechar para construir un verdadero estado de derecho abusaron del poder, le apostaron a la polarización y convirtieron el gobierno y sus instituciones como un negocio exclusivo de la falsa derecha.

Ahora hay pánico en las filas del partido de gobierno y con razón. Nos están cercando los ejemplos de gobiernos populistas y revanchistas que precisamente son la respuesta a estos abusos. Sin embargo seguimos sin reaccionar con inteligencia: Nada se hace por detener a es mafia que rodea al presidente y que a todas luces están robándole al estado. Nada se hace por cambiar esas estructuras malévolas que son la causa de que los salvadoreños tengamos que pagar las medicinas más caras del continente, a precios que dan vergüenza. Nada se hace por detener el abuso que de los presupuestos se hace para malgastar en campañas publicitarias mientras en hospitales y en farmacias del estado – incluyendo al ISSS – no hay ni lo más elemental para poder atender las necesidades de la población. Nada se hace por desarmar esas estructuras proteccionistas que son la causa de que tengamos todo mucho más caro que en los países vecinos: carros, casas, electrodomésticos, etc. haciendo de nuestra canasta media un vertedero de artículos de lujo. Sin mencionar nuestra canasta básica que dejó de estar al alcance de grandes segmentos de la población.

¿Cómo piensan detener la marea roja, con Mauricio a la cabeza? Me parece que ya es tiempo de que comencemos a ser más inteligentes y menos ingenuos. Todos sabemos por dónde están las piedras que nos joden dentro de nuestros zapatos y entendemos bien que no es cuestión de comunistas sino que el enemigo lo tenemos dentro de ese mal diseñado y manoseado modelo que de liberal no tiene más que el tufo. Dejemos de tener ese maldito temor de decir las cosas como son y comencemos a llamarlas por su nombre. ¿O vamos a esperar que sea demasiado tarde?

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