Pienso, luego estorbo
Por Hermann W. Bruch

Por considerarlo de actualidad, repito la publicación de este artículo.

La frase del título no es de mi invención La he leído en alguna parte y me ha encantado. Resume a cabalidad una verdad que nos aqueja hoy en día, especialmente en nuestro querido y chiquito país. Lo de chiquito lo subrayo pues debo admitir que en esa expresión comienzan a develarse algunas de las razones que explican nuestra situación. Somos un país de territorio chiquito. Nada de malo hay en eso. Holanda tiene un territorio chiquito y es mucho más densamente poblado que el nuestro. Singapur es una fracción de nuestro territorio y es una potencia económica.Lo que nos aqueja realmente es que además de territorio chiquito, tenemos mentes chiquitas. Los salvadoreños pensamos en chiquito y a los problemas les damos soluciones chiquitas. Nos sentimos y actuamos en chiquito. La peor herencia que nos haya podido dejar la Laureada poetisa chilena Gabriela Mistral es el habernos tildado de “pulgarcito”. Ahí nos quedamos.Para nosotros los salvadoreños, el que otro ciudadano piense se convierte en un estorbo. No queremos soluciones sino simplemente salidas. Nos estorba la inteligencia. Eso es territorio de “comelibros” y desocupados intelectuales. En el territorio de los vivos, de los sagaces, de los astutos, el pensamiento es estorbo. Estamos en la era digital, en donde la velocidad pesa más que la reflexión. Pensar toma tiempo y esfuerzo y eso se convierte en lastre para quienes quieren ir rápido.Por eso nos metemos en embrollos como el de los buseros, los vendedores callejeros, las maras, el crimen organizado, el narcotráfico y su aliado el narcolavado. Finanzas sucias, mentes vacías, bolsillos llenos, muertos y más muertos, calles saturadas y colapsadas. La modernidad, dirán algunos.Pienso, luego estorbo. Estoy acostumbrado a ser un estorbo, pero prefiero seguir pensando. Me siento mejor conmigo mismo y de vez en cuando me permite relacionarme con otros pensantes con quienes arreglamos las cosas, mejoramos el mundo, en ese estadio divino de la fantasía. No somos pragmáticos, dicen. No vivimos en la realidad. Y las calles siguen llenas de basura, de ventas callejeras, de buses chatarra y de buseros asesinos, de mareros. El dinero corre por montones, pero no desaparece el hambre ni la pobreza.Las estadísticas ya no sirven para nada. Son sólo recuento numérico de una realidad que a nadie conmueve, a nadie importa. Los gobiernos se dedican a favorecer a sus favoritos, nunca al pueblo. El pueblo es masa y la masa se usa, pero no se le retribuye. El voto se compra barato, con la fantasía de la publicidad, después no importa, hasta que haya nuevas elecciones. Mientras tanto, seguimos siendo chiquitos, con mentes chiquitas. Mentes rápidas, mentes Nintendo.El MOP hace obras y eso es bueno. Pero nadie pone atención a cómo las hace. Se cortan calles, pero no se señaliza. Que se maten los pendejos, total, la gente no vale la pena. La vida no vale nada. El slogan del gobierno es sólo eso, un slogan publicitario. Los constantes cortes de la luz causan daños irreparables a aparatos eléctricos. ¡Qué importa! Son sólo aparatos de la gente. Y la gente no vale la pena. El Salvador sí vale la pena, pero ese es sólo un slogan y El Salvador es sólo un país chiquito. La gente que vive en ese país o que muere en ese país o que se tiene que ir de ese país, esa gente no vale nada. Al menos que pertenezca al grupo privilegiado y esos no se quejan pues es pecado quejarse. Eso es ser antisistema y…quizá hasta ser comunista. La gente que muere, la que se queja por la falta de oportunidades, la que emigra para poder enviar remesas a los que se quedan, esos, son solo eso: gente, gente masa. No son “sociedad”. No valen la pena.Y si se atreven a pensar y peor aún, a expresar opinión, son estorbo. Son molestos. Están aguando la fiesta de los que sí valen la pena. De los que sí son “gente”, gente de sociedad, gente bien. En El Salvador hay gente bien y por deducción lógica (de quienes pensamos y somos estorbo) hay gente mal. Porque si hay un bien tiene que haber un mal. El ángel bueno y el ángel malo. Le gente bien y la gente mal. Los niños bien y los niños mal, niños mareros – ahora terroristas.¿Hasta cuándo?

You can leave a response, or trackback from your own site.