Falta de respeto
Por Hermann W. Bruch

No soy mejicano y tampoco tengo nada en contra de los mejicanos. Nací, fui bautizado y me eduqué dentro de la religión Católica aunque no puedo decir que sea un practicante, mucho menos un fanático. No tengo nada en contra de quienes tienen sus costumbres arraigadas, sea en patriotismos o en tradiciones religiosas. Pero en estos días ando muy molesto, al igual que todos los años, porque soy víctima, junto a muchos otros residentes de la zona, del abuso y falta de respeto de parte de quienes son los responsables de las celebraciones de la Virgen de Guadalupe en la Basílica que lleva su nombre.

Resulta que desde los primeros días del mes, hasta más o menos el día 20, la Calle Mediterráneo en Antiguo Cuscatlán, es cerrada para colocar ventas de golosinas y a saber qué otras cosas debido a la celebrción del día de la virgen mejicana. Además, acercándonos al día de la propia celebración, 12 de octubre, ya no podemos dormir en las noches debido a que las personas que manejan los equipos de sonido de la iglesia, se encargan de hacernos saber a todos los vecinos de su existencia, de sus malos hábitos, de su falta de respeto y de sus creencias y costumbres. Y lo hacen con el volumen más alto, como si se tratara de una arenga política desde la plaza pública.

Estoy plenamente consciente de que tendré muchos detractores, pero como he sido educado bajo las premisas del respeto a los demás, me siento plenamente en mi derecho de protestar por este atropello. Y como soy fiel creyente de que uno debe dar la cara por lo que considera justo, estoy dejando pública constancia de mi protesta, sin ninguna esperanza de que algún día tenga eco, pues ya estoy resignado a que en El Salvador, el respeto a los demás es algo desconocido, sea por políticos, por gobernantes o por los pastores religiosos.

No veo la diferencia entre el centro de la capital y su descomunal desorden callejero y el que año tras año nos causan a los vecinos de la iglesia de Guadalupe en Antiguo Cuscatlán. Si queremos ser una sociedad que transita hacia la convivencia pacífica, nuestras autoridades, políticas y religiones, debieran predicar con el ejemplo.

Mientras tanto, felices fiestas a todos.

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