Algo anda muy, muy mal en nuestro país
Por Hermann W. Bruch

Los Blogs, además de ser un lugar para emitir opinión, son el lugar ideal para el desahogo. Eso es lo que estoy haciendo esta vez. Desahogándome.

Hemos entrado ala campaña electoral para el 2009 con bastante anticipación y eso, en sí mismo no es malo pues permite a los aspirantes a gobernarnos contarnos su plan de trabajo, de gobierno, su visión del país que quieren forjar, etc. A los ciudadanos nos permite enterarnos acerca de los candidatos, sus trayectorias, sus propuestas, su comportamiento para finalmente poder tomar una decisión inteligente. Esto al menos es lo que la lógica nos dice.

Pero al observar el comportamiento de unos y otros, de los partidos políticos en la contienda, de la forma cómo manejan los asuntos electorales, la falta de transparencia en los procesos, no deja de darnos susto a los ciudadanos.

El partido ARENA anda metiéndonos miedo con lo de que el Frente es comunista, que no han cambiado, que tienen doble discurso, que son allegados de Hugo Chávez y de Fidel Castro y toda una serie de argumentos infantiles y poco serios, aunque algunos pudieran tener algo de validez.

Los del Frente nos quieren hacer pensar que todo anda mal y que con ellos en el poder será todo color de rosa. Depositan todo su argumento en la candidatura de Mauricio Funes, un personaje que tiene mucha credibilidad, planteamientos bastante atendibles, pero que no viene de las filas del partido y por lo tanto no parece tener control de los que los caciques deciden.

Lo anterior es un simple y rápido análisis que dirán muchos, es de Perogrullo y nada novedoso. Totalmente de acuerdo, pero era necesario dejar constancia del mismo antes de seguir con mi desahogo. Y esto porque en el mundo de las campañas electorales, en el mundo de los políticos, nada es real, todo es virtual y, como dicen en inglés “wishful thinking” (ilusiones, sueños, fantasías).

La realidad de los salvadoreños es otra, especialmente para los de abajo y de la clase media. Nos abate, día a día, la corrupción, galopante, escandalosa, descarada. A todo nivel, grandes, chicos, poderosos, débiles, gobernantes, gobernados, empresarios, empleados, en fin, tal parece que es algo cultural, algo que ya se ha metido en nuestro tejido social como el polvo en una alfombra. Comenzar a librarnos de ella significa que nuestros líderes nos dieran un mejor ejemplo al mismo tiempo que en las escuelas y en la familia se nos volviera a inculcar como un valor intrínseco de seres sociales y civilizados, cosa muy difícil y complicada en una época en que el dinero se ha convertido en un dios.

El arte de gobernar se ha perdido en El Salvador. El populismo, el discurso bonito, pero falso, las promesas incumplidas, la mentira, la falta de transparencia y la falta de institucionalidad no son la forma de transitar hacia un desarrollo sostenible y mucho menos hacia el bienestar de las mayorías. Las desigualdades se aumentan mientras un electorado idiotizado sigue creyendo en pajaritas preñadas y en que alguien les tiene que solucionar sus problemas sin reparar que la solución siempre comienza dentro de uno mismo.

La realidad nuestra es que los delincuentes, sean estos de cuello blanco, buseros, mareros, diputados malandrines, predicadores charlatanes y pícaros, se han apoderado del control. El gobierno ya no tiene el control y si no, veamos el caso de los buseros y el subsidio que les entregó el presidente a costa del precio del combustible que ya de sí es extremadamente alto por motivos externos. Veamos cómo la alcaldesa o el alcalde (San Salvador o Santa Tecla y muchos otros similares) no pueden erradicar a los vendedores callejeros que a su vez son controlados por el lumpen.

En los hospitales no hay medicinas, no hay suturas, no hay jeringas, los equipos no funcionan, la gente se muere, pero los diputados se recetan un aumento salarial repugnante y violatorio de la ley. En Seguro Social la cosa está que arde. Corrupción por todos lados, sindicalistas de servicio, sindicalistas profesionales, se mimetizan en una sola mancha de podredumbre, mientras los cotizantes somos maltratados como si fuéramos animales. Las campañas publicitarias dicen que todo es paradisíaco en el ISSS y la gente idiotizada se lo cree todo pues la publicidad se ha convertido en el nuevo evangelio.

Nos quiere meter miedo con la llegada de otro partido al gobierno y yo me pregunto honestamente ¿y qué tan peor nos puede ir con los del otro bando? Seguramente que no van a mejorar las cosas y que cambiarán los beneficiados de la cercanía del poder, pero la gente común y corriente, la “silvestre” como la llama el presidente, a esa gente no le puede ir peor.

Miremos la clase de Corte suprema de justicia (las minúsculas son intencionales) cada día da más vergüenza. La sumisión de los magistrados al poder económico o político es asquerosa. Su desconexión con la realidad del país es abismal, ellos en sus palacios de “justicia” que son verdaderos palacetes de lujo en donde bien lo dice un articulista, ni ganas que les debe dar trabajar en la mora judicial si lo tienen todo bien cómodo y además, son inamovibles.

Las empresas de servicio, sean de telefonía o eléctricas están realmente fuera del imperio de la ley y, cuando la superintendencia trata de imponer algún tipo de orden, saltan con amenazas, se amparan en esa corte corrupta y sumisa, se burlan de los consumidores, y si no les gusta, amenazan con dejar de invertir, empeorar los servicios de sí muy defectuosos y eventualmente con irse del país.
A algunos inversionistas extranjeros les prometen unas cosas en acuerdos muchas veces secretos y luego les cambian las reglas del juego, provocando situaciones diplomáticas complicadas (caso de la GEO).

No cabe duda que somos un país caótico y que si seguimos así, la débil estabilidad que aparentemente tenemos (no creo que sea muy estable para los que viven en zonas marginales, controladas por las mafias del crimen organizado y las pandillas llamadas “maras”), repito esa frágil estabilidad puede terminarse y entonces sí que tendremos problemas. Pues esta vez no será una guerra entre dos bandos sino una batalla campal como la que ya viven algunos territorios en donde ni la policía puede entrar.

Creo que el momento ha llegado para que se produzca un pacto social, un acuerdo entre los grandes partidos, para buscar entendimientos mínimos que permitan caminar en la dirección de restaurar valores, probidad y gobernabilidad en nuestro pequeño territorio. No debiera ser nada difícil si hay voluntad entre las partes.

Mientras tanto, en ausencia de espacios en donde expresar libremente nuestra opinión (y que no me digan que hay libertad de expresión en nuestro país, cuando la gente es temerosa de decir lo que piensa por temor a las represalias), seguiremos utilizando el Blog como medio de denunciar los problemas, ofrecer soluciones y desahogarnos.

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