Una reflexión acerca del rol del periodismo: ¿ético o sumiso?
Por Hermann W. Bruch

No es mi intención escribir desde una perspectiva intelectual ni tampoco versada sobre una materia que, en el fondo, conozco mejor como usuario y consumidor que desde adentro. Es cierto que he estado en contacto con periodistas durante algunos años, cuando tendía el privilegio de tener una columna en un rotativo salvadoreño, espacios de opinión en dos canales de televisión y en esporádicas intervenciones en diferentes medios, escritos y electrónicos. Ese contacto y mi constante provocación de discusión y debate acerca de temas de interés nacional me ha llevado en ocasiones a discutir acerca del rol del buen periodista, el rol de los medios de comunicación y el rol de los dueños de estos medios.

Por estos días se discute bastante acerca de estos temas a la luz de la reunión de la SIP en Venezuela y de los constantes ataques del presidente Hugo Chávez a los medios de comunicación privados y su definición de éstos como “terrositas mediáticos”.

Pero lo que me ha motivado a escribir esta vez, no es las acusaciones de Chávez, ni los postulados de la SIP, sino un hecho mucho más mundano y quizá trivial, pero infinitamente descriptivo de lo que yo he dado en llamar el rol sumiso que la mayoría de los medios de comunicación adoptan al tratarse de asuntos que atañen a políticos, funcionarios del gobierno (cuando el gobierno es de derecha) y a los devenires de grandes empresarios y personalidades de la elite social.

El caso específico que involucra a un importante dirigente político, profesional de altos vuelos y miembro de prominente familia, el señor Rodolfo Parker, cuyo hijo está siendo enjuiciado por autoridades norteamericana junto a otros dos amigos, por haber provocado un incidente de acoso sexual dentro de uno de eso cruceros caribeños, ha sido intencionalmente mantenido en total reserva, por órdenes superiores, en la casi totalidad de los medios salvadoreños. Un par de excepciones sólo confirman esta generalización.

Lo peor del caso es que, si bien es cierto que antaño estas cosas siempre salían a la luz, pero de manera muy controlada y dentro de círculos cerrados y siempre en calidad de “chambres”, ahora es más complicado pues la Internet es imparable, incontrolable e inmanejable. Por consecuencia, el daño es mayor que si el hecho se ventilara normalmente dentro de los medios de comunicación, dándole la importancia del caso y tratándolo como lo que es: un hecho provocado por jóvenes impetuosos que, entusiasmados por la pachanga y el alcohol (ojalá que no otras sustancias) dejaron soltar sus pasiones varoniles y quisieron darse una pequeña fiestecita privada dentro de su camarote.

Acostumbrados estamos a que estas cosas suceden en otros lugares y de vez en cuando pasan a ocupar lugares importantes en las noticias de los medios. Recordemos algunos casos como el de de violación en la Universidad de Duke . Este problema no es solo de jóvenes salvadoreños sino también de jóvenes estadounidenses y es considerado como una grave situación dentro de las Universidades Norteamericanas. Y ya no digamos dentro del establecimiento militar norteamericano .
El asunto es que si los medios encubren estas cosas están indirectamente dándole su aval a estas acciones, sea por omisión o por acción intencional. Y los medios tienen un deber ético de informar y de dar a la noticia el tratamiento más imparcial posible. Si ésta genera comentarios de opinión, mucho que mejor pues de esta forma pasamos al campo de la orientación. Recordemos que los medios de comunicación cumplen una función importante en la generación de opinión pública y por lo tanto tienen un deber ético de fomentar el balance, el respeto y la ecuanimidad.

Mientras tanto, reitero que más daño le ha causado este auto infligido silencio al diputado Parker pues la noticia, circulada por medio de correos electrónicos, ha desatado una tempestad de especulaciones que en nada benefician su reputación ni la de su familia,

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