Las alianzas del mal
Por Hermann W. Bruch

El objetivo de una alianza es siempre el de buscar sinergias que permitan beneficios a ambas partes. Siempre habrá una de las partes que saldrá más beneficiada que la otra, pero al final de cuentas siempre hay un beneficio compartido.

En el caso de las alianzas políticas, no hay diferencia. De hecho, se supone que tales entendimientos son una ineludible realidad si se trata de viabilizar le gobernabilidad. Y es en este aspecto en el que el bien común pareciera estar debidamente privilegiado. Pero en política hay de todo y cuando la política está reglamentada por estructuras chuecas, ese bien común se ve tremendamente desdibujado, por no decir pisoteado.

Tal es el caso de nuestro país. Las estructuras que sostienen el sistema político son perversas. El Tribunal Supremo Electoral es una institución diseñada para la defraudación del elector. Las leyes electorales son de la misma calaña. Los partidos políticos, son engendros de corrupción y distorsión democrática. ¿Resultado? Un país caótico.

Estamos ante una crisis de proporciones insospechables. Muchas de las causas son de origen externo y muy poco podemos hacer para evitar el impacto, excepto replegarnos y buscar refugio en donde se pueda. Pero otras son de confección local, y éstas son las más malignas. Crisis número uno: el transporte. Crisis número dos: la salud. Crisis número tres, el costo de las medicinas. Crisis número cuatro: el agua. Crisis número cinco: la carestía de los alimentos. Crisis número seis, los vendedores ambulantes y la piratería. ¿Sigo? Mejor me quedo aquí para no parecer apocalíptico. Bull shit, dirían en inglés. Las cosas son, se señalen o no pues son reales.

Sin embrago voy a mencionar la crisis número SIETE. La campaña política, los contubernios, la mandonería, las malandrinadas y los entendimientos perversos, de espaldas al pueblo. En ambos lados del espectro político. No creo que sea necesario entrar a describir de qué estoy hablando pues si alguien está leyendo este artículo hasta este punto, bien sabe de qué se trata.

Lo importante de señalar es que, mientras los altos dirigentes de los partidos políticos, grandes y chicos, se divierten en sus reuniones secretas y en la búsqueda de alianzas electoreras, la situación del país sigue a la deriva y nadie parece tener idea dónde buscar soluciones, sino más bien son parte del problema. El caso del transporte público es patético. Estamos cayendo vertiginosamente en un precipicio y los candidatos de ambos partidos grandes parecieran ignorarlo, como si fueran unos idiotas que ven que el bus sin frenos se va calle abajo y en lugar de tratar de hacer algo por detenerlo, se dan la vuelta y se ponen a jugar damas chinas. Solo me queda una expresión para calificar esto: IMBÉCILES.

Y hasta aquí llego, o me quedo sin material para mis próximas REFLEXIONES.

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