Cuando la religión y la política se mezclan la cosa se pone fea
Por Hermann W. Bruch

Los que hemos tenido la oportunidad de darle seguimiento a la campaña de primarias de los EE.UU. hemos sido testigos de los problemas que causan los pastores a sus supuestos fieles cuando se meten en cosas de política. Tal es el caso de Barak Obama y su desbocado y revoltoso pastor Jeremiah Wright y recientemente el de John Mc Cain que ha preferido distanciarse de las declaraciones de su pastor el Rev. John Hagee y de otro predicador, el Rev. Rod Parsley.

En nuestro país no podíamos quedarnos atrás y el predicador evangélico Hermano Toby ha querido demostrar su poderío dictándole a sus “súbditos” por quién NO deben votar y de paso saliendo en fotos con quienes manejan el partido por el que SÍ deben votar.

¿Y los ciudadanos qué? Muy bien gracias. ¿Dónde ha quedado el principio de separación de Iglesia y Estado? ¿Será que estamos retrocediendo a la época en que la Iglesia lo era todo – Gobierno, Estado, Policía Política y Juez? Por el bien de la humanidad esperemos que no, pero los indicios apuntan a que la amenaza es real y ominosa.

Gracias a Dios el pastor criollo, el de las motos de lujo BMW, los relojes ROLEX y las huestes de matones guardaespaldas, es tan cómico que no creo que la gente la preste mucha atención. No vayan a interpretarme con que yo esté apoyando al candidato del Frente Mauricio Funes, ni tampoco desestimando al candidato tricolor, Rodrigo Ávila. Mis análisis al respecto de ellos y de sus partidos son conocidos y sigo pensando que el candidato de ARENA anda metido en arenas movedizas y que Mauricio Funes anda metido en un charco resbaloso del cual le será difícil salir si no define temprana y enérgicamente su independencia de la cúpula ortodoxa.

Pero eso es harina de otro costal. La campaña recién comienza y falta que pase mucha agua debajo del puente. Mientras tanto, los ciudadanos y, especialmente los medios de comunicación, debemos estar muy atentos a que la religión no se meta en los asunto de la política pues nada bueno puede traernos. Recordemos que las guerras casi siempre han sido el resultado de fanatismos religiosos intolerante y si permitimos que estos fanatismos tomen control de los debates político-electorales, seguramente tendremos a nuestras puertas una amenaza mucho más temible que la de la guerra fratricida por la que ya pasamos los salvadoreños.

Por el bien de El Salvador, pastores a sus iglesias y políticos a sus campañas. Suficientes problemas tenemos con los económicos como para meternos en aguas turbulentas.

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