La guerra como negocio

Por Hermann W. Bruch

Geovanny Galeas hace un relato interesante en su columna de La Prensa Gráfica. Nos cuenta de un encuentro en Cuba entre Joaquín Villalobos y Tirofijo, el tristemente famoso guerrillero, secuestrador, terrorista de las FARC supuestamente fallecido este año en la selva colombiana.

En un encuentro en Cuba, Joaquín le contesta a Tirofijo que si él tuviese cuarenta años de estar en la guerrilla pensaría que habría fracasado (o algo parecido). Cuando leí eso no pude menos que pensar que lo que Joaquín no entendió, quizá por su juventud o por su idealismo o ambos, es que lo que Tirofijo le quiso dar a entender era que había logrado comprender en todo ese tiempo que su gesta guerrillera se había convertido en una lucrativa empresa y como tal, él, Tirofijo, era un exitoso empresario. Podía no solo atestiguar de que su negocio había crecido a tasas importantes sino que él había logrado sacar un master y luego un doctorado en las artes de manejarlo, transformarlo, diversificarlo y globalizarlo.

A nadie en su sano juicio, excepto algunos ingenuos (?) izquierdistas se le puede ocurrir decir que el movimiento guerrillero colombiano (las FARC) es un movimiento de “luchadores de la libertad” en busca de establecer una democracia justa y equitativa en ese país convulsionado desde siempre, por culpa de políticos inescrupulosos que hicieron de la repartición del poder otro negocio de décadas.

Nosotros los salvadoreños, la única lección que debemos de sacar de todo esto es que, si no queremos reventar como Colombia o Venezuela, debemos buscar la forma de exigir a nuestros flamantes diputados de que ya es tiempo de dejar de jugar con fuego y permitir que se llevan a cabo las reformas en nuestro sistema político que permitan que el país se transforme en un Estado de Derecho de verdad, con INSTITUCI0NES de verdad y con un electorado educado, informado y respetuoso de la ley. De lo contrario corremos el peligro de ser tomados por los narcotraficantes que hoy por hoy se ven altamente amenazados en México.

Lograrlo establecer un verdadero Estado de Derecho con Instituciones fuertes sería un verdadero triunfo para nuestro país. En esta tarea juegan un papel importante los medios de comunicación (que no publicitarios) en quienes recae la enorme responsabilidad de informar con ética, con imparcialidad, con equidad, con seriedad. En lugar de convertirse en comparsas de partidos políticos, unos de izquierda y otros de derecha, debieran todos reconocer que el periodismo es una profesión que gravita fuertemente en el desarrollo de los pueblos lo que la hace responsable del éxito o fracaso de una sociedad en su búsqueda de la convivencia pacífica.

La publicación que hiciera la Asociación de Medios Publicitarios Salvadoreños lamentando las declaraciones del candidato de la oposición de considerarlos sus adversarios solo demuestra una cosa: no son medios de comunicación sino medios publicitarios y como tal no entienden otra cosa más que atraer presupuesto publicitario de quien lo tenga en abundancia, o sea el gobierno. A éste se deben y a éste le rinden pleitesía y esto es lo que el candidato de la izquierda resiente. No hay seriedad en la labor periodística de estos medios que no son más que catálogos de publicidad, como el nombre de su asociación lo describe. Como tales, su trabajo es bueno. Como medios de comunicación en el ejercicio del periodismo, su trabajo es pésimo.

Si como sociedad trabajamos en mejorar este aspecto, habremos transitado mucho en el camino del progreso y el desarrollo.

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